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Mayor ambición

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Conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático (COP24)

Intensos debates y momentos de tensión marcaron esta edición de la COP24. Como resultado: un sabor amargo por no estar a la altura de la crisis climática real.

«No podemos fallar», fueron las palabras  del Secretario General de la ONU, António Guterres durante la ceremonia de apertura de la 24 Conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático, (COP24) realizada en la ciudad polaca de Katowice.

Este encuentro que se realiza cada año, se llevó adelante desde el domingo 2 hasta el 14 de diciembre, y congregó a miles de líderes mundiales, expertos y activistas para diseñar un plan conjunto y concreto para cumplir con el histórico Acuerdo de París firmado tres años atrás. En esa oportunidad, los paises acordaron hacer todo lo posible para mantener el aumento de la temperatura global muy por debajo de 2°C en comparación con los niveles preindustriales, y lo más cerca posible de 1,5 ° C. No obstante estos compromisos, resulta preocupante ver que la tendencia actual es exactamente la contraria: la temperatura ya aumentó 1 ºC respecto a la era preindustrial y las emisiones de gases de efecto invernadero se dispararon un 2,7% en 2018. Este calentamiento del planeta ya es visible en muchas regiones del planeta que se enfrentan a condiciones extremas como sequías, inundaciones y olas de calor.

Para los más críticos, el pacto alcanzado no es lo suficientemente ambicioso para frenar los peligrosos efectos del calentamiento global.

Si bien a raíz de las largas negociaciones que se dieron durante trece días, se ha logrado pactar el denominado «libro de reglas» que sellan las medidas que permitirán aplicar el Acuerdo, no todos expresan una sensación de conformidad con los consensos alcanzados. Para los más críticos, el pacto no es lo suficientemente ambicioso para frenar los peligrosos efectos del calentamiento global.

El acuerdo, foco de controversia

Alcanzar el texto final del acuerdo en Katowice, no fue fácil y de hecho, llevó más tiempo de lo planeado. El dato que fue blanco de debate y falta de consenso, es el que aporta el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), en donde se menciona que el mundo sólo puede permitirse un aumento global de 1,5 ºC hasta fines de siglo, para evitar poner en peligro el futuro de la humanidad. Liderados por Estados Unidos, un grupo de países cuestionó esta información lo que hizo tambalear la cumbre en general, ya que allí se sustenta toda la acción política que se solicita implementar a los firmantes. «La ciencia ha demostrado claramente que necesitamos una mayor ambición para derrotar el cambio climático», insistía el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en un mensaje claro lanzado a estos países.

Como resultado y punto de equilibrio, la COP24 se limitó a «invitar a las partes a hacer uso de las informaciones contenidas en el informe». En otras palabras, el documento final no compromete a los países a asumir una mayor ambición frente al cambio climático, pese a la urgencia subrayada por los científicos. En respuesta, líderes de diferentes ámbitos se expresaron en respuesta. «Hubo una falta de respuesta sorprendente al informe» del IPCC. «¡Los países no pueden reunirse para decir que no pueden hacer nada más!», enfatizó Jennifer Morgan, de Greenpeace International.

La ciencia ha demostrado claramente que necesitamos una mayor ambición para derrotar el cambio climático.

Lo que sí se estableció, es que el Acuerdo de París esté plenamente operativo en 2020 con unas reglas de juego claramente definidas. Esto a su vez, dará continuidad al Protocolo de Kioto que ha regido la lucha contra el cambio climático a nivel mundial desde 2005. Otro aspecto que tomó relevancia en esta edición de la COP, es la cuestión de la transparencia, ya que el documento final incluye un conjunto de reglas comunes a todos los países para que informen regularmente a la comunidad internacional de sus acciones climáticas. Como han mencionado los especialistas, la confianza entre naciones, es un elemento importante que sólo puede construirse si existen medidas de transparencia tangibles.

Además, se acordó un estándar para medir las emisiones de gases de efecto invernadero y si los países más pobres consideran que no pueden cumplir con los parámetros establecidos, pueden explicar por qué y presentar un plan para desarrollar su capacidad al respecto.

Sobre el financiamiento de los países desarrollados para apoyar la acción contra el cambio climático en los países en desarrollo, el documento detalla una manera de decidir objetivos nuevos y más ambiciosos a partir de 2025 y arrancando del compromiso actual de movilizar 100 mil millones de dólares por año desde 2020.

La definición de cómo se evaluará colectivamente la efectividad de la acción climática en 2023 y cómo se monitoreará e informará el progreso en el desarrollo y la transferencia de tecnología, fue otro de los logros destacados por los organizadores.

En contrapartida, el cuello de botella del acuerdo, se dio al tratar los “mecanismos de mercado” que permiten a los países cumplir con una parte de sus objetivos de mitigación internos.

Esto se hace, por ejemplo, a través de “mercados de carbono” o “comercio de carbono”, que permiten a los países comerciar con sus derechos de emisión. El Acuerdo de París reconoce la necesidad de que haya normas globales sobre el asunto para salvaguardar la integridad de los esfuerzos de todos los países y garantizar que cada tonelada de emisiones liberadas a la atmósfera se tenga en cuenta. Como no se alcanzó un consenso en este tema, se decidió dejar esta disución para la COP25 a realizarse el año que viene.

El próximo encuentro será un buen momento para elevar la ambición, adoptar medidas que transformen de la economía real, y movilizar a los ciudadanos de una forma sin precedentes.

Por último, el acuerdo reconoce que deben destinarse más recursos para la financiación de acciones climáticas, especialmente a mitigación y reducción de efectos del cambio climático, en línea con lo acordado en París, pero no establece nuevas obligaciones para los países desarrollados.

Presencia argentina

En representación por Argentina participó una comitiva liderada por el Secretario de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman.

El funcionario participí del encuentro sobre el Diálogo de Talanoa, preparatorio para la aplicación en 2020 del Acuerdo de Paírs y allí declaró que ese compromiso «está para cumplirlo, no para negociarlo».

Junto al secretario de Cambio Climático, Carlos Gentile, participaron además, de una mesa redonda con ministros y funcionarios asistentes a la conferencia para tratar estrategias de largo plazo, un tema que fue clave durante las reuniones del Grupo de Sustentabilidad Climática del G20. Estas estrategias involucran acciones de importancia en la transición hacia economías resilientes y bajas en emisiones. Allí, Bergman señaló que “las estrategias de largo plazo permiten reunir las agendas del clima y del desarrollo para crear una visión nueva en los países, dándole vida al Acuerdo de París, en el sentido de trabajar en acciones de lucha contra el cambio climático en el marco del desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza”.

 


Anfitrión fallido

Según lo planeado, la COP25, iba realizarse a finales de 2019 en Brasil. Sin embargo, a raiz de la postura escéptica que tiene su recientemente electo presidente Jair Bolsonaro, este gobierno decidió retirar la oferta, por lo que en reemplazo, Chile fue elegido como sede. Previamente a ello, se celebrará una cumbre climática en septiembre en Nueva York convocada por el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres. El encuentro del año venidero será un buen momento para “elevar la ambición, adoptar medidas que transformen de la economía real, y movilizar a los ciudadanos de una forma sin precedentes” anticipó Guterres.


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