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El padre de la «Revolución Verde»

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Norman E. Borlaug

Considerado como «el hombre que más vidas ha salvado en la historia», innovó en el campo de las semillas en su lucha contra el hambre. Para muchos un héroe de su época. Controvertido para otros.

Convencido de que «no habrá paz en el mundo con los estómagos vacíos», el genetista estadounidense Norman Borlaug, innovó en el campo de las semillas híbridas y defendió la investigación como único medio para reforzar la producción de alimentos.

Supo combinar su meta científica con su lado humanista, al lograr el aumento de la producción de trigo para alimentar a la gente hambrienta del mundo y así proporcionar, según sus palabras, «un éxito temporal en la guerra del hombre contra el hambre, la privación, las enfermedades y los problemas sociales subsiguientes, que conducen demasiado a menudo a conflictos entre los hombres y entre las naciones». 

«La Revolución verde», el proceso que se le adjudica haber comenzado, registra sus inicios en la década de 1940 cuando Borlaug se une a un nuevo programa de la Fundación Rockefeller y el gobierno mexicano, que consistía en asistir a los agricultores pobres de ese país, para combatir los mohos que destruían constantemente las cosechas de trigo. Después años de trabajo obtuvo una variedad de trigo enano de alta producción, resistente a varias enfermedades y plagas y que producía  de dos a tres veces más que las variedades tradicionales. Este incremento en las cosechas tuvo tal alto impacto en la economía mexicana, que logró invertir su posición en el mercado, dejando de ser importador, para ser exportador de este cereal.  Su descubrimiento fue implementado en los lugares más necesitados del planeta. Así, enviado a la India por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (más conocida como FAO) entre 1960 y 1965 logró multiplicar por diez las cosechas de trigo de este país, mediante cruces de variedades orientales y occidentales. Países como Bangladesh, Pakistán y Turquía se unieron a la lista y comenzaron a aplicar sus métodos. Todos ellos llegaron a duplicar o triplicar su producción.

En el año 1970 fue reconocido con el de la Paz y según por sus trabajos en pos del bienestar de los pueblos. Al recibirlo dijo: «El componente esencial de la justicia social es adecuar el alimento a la humanidad. Si se desea paz hay que cultivar la justicia, pero al mismo tiempo hay que cultivar los campos para que produzcan más trigo».

Con el paso del tiempo y a raiz de los cambios de paradigmas suscitados en esta área, la posición de Borlaug generó controversia y rechazo por parte de grupos ecologistas, que están en contra de la producción de alimentos transgénicos. La ONG ambientalista Greenpeace, por ejemplo, lo ha calificado de  «tecnofanático» y lo responsabilizó de los males que afligen a los países en desarrollo. Su respuesta a esas acusaciones era:  «Lo dicen porque tienen la panza llena; la oposición ecologista a los transgénicos es elitista y conservadora. Las críticas vienen, como siempre, de los sectores más privilegiados: los que viven en la comodidad de las sociedades occidentales, los que no han conocido de cerca las hambrunas. Yo fui ecologista antes que la mayor parte de ellos. Pero tienen más emoción que datos». La biotecnología, según él, era la forma de aumentar la producción de alimentos sin invadir más terrenos para hacer cultivos, evitando los riesgos de erosión, de inundaciones catastróficas y de mermas de biodiversidad. En sus declaraciones hacía hincapié en que el rechazo a esta práctica radica esencialmente en el desconocimiento y así lo dejó claro en la Conferencia de Río de1992: «los más grandes males que acechan a nuestra tierra son la ignorancia y la opresión, y no la ciencia, la tecnología o la industria, cuyos instrumentos, cuando se manejan adecuadamente, son herramientas indispensables para salvar la superpoblación del hambre y las enfermedades mundiales».

Borlaug falleció a los 95 años de edad, en 2009. Destacadas personalidades de distintos rincones del planeta, entre ellos presidentes y líderes de organismos como Naciones Unidas, expresaron su agradecimiento y admiración, coincidiendo en sus testimonios que fue un hombre que ofreció su intelecto, persistencia y visión científica en pos de la paz y el progreso de los pueblos más relegados.


Un innovador heterodoxo que desafió el dogma de su época.


2 cosechas sucesivas al año fue lo que logró conseguir con su sistema y reducir a la mitad el tiempo necesario para obtener una nueva variedad.


1000 millones de vidas humanas se le adjudica haber salvado a raíz de sus investigaciones.

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