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Niños en un mundo digital

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El mundo es un lugar cada vez más conectado y digitalizado. Pero, ¿para todos por igual? Un panorama actual que presenta grandes brechas, pero exige acciones inmediatas para que la era digital no sea para unos pocos.

Es una fuerza imparable e irreversible. La digitalización ya abarca todos los aspectos de la vida cotidiana y ha cambiado el mundo y la manera de vincularnos con el. La tecnología -y especialmente la que tiene que ver con la información y las comunicaciones- se ha convertido en un factor diferencial a la hora de analizar las esferas económicas o sociales.

Si se aprovecha de la manera adecuada y es accesible a escala universal, puede cambiar la situación de las personas que han quedado atrás –ya sea debido a la pobreza, la raza, el origen étnico, el género, la discapacidad, el desplazamiento o el aislamiento geográfico– al conectarlas a un mundo de oportunidades y dotarlas de las aptitudes que necesitan para tener éxito en un mundo digital. En este marco y debido a su rol protagónico para los próximos años, no pasa desapercibido para los Estados, las empresas y la comunidad en general, el impacto que tienen estos fenómenos sobre un sector en particular: los niños.

En este escenario y en torno a los distintos debates que se dan a su alrededor, se enfoca el informe realizado por UNICEF titulado: «El Estado Mundial de la Infancia: niños en un mundo digital». Desde sus páginas examina se presentan diversas perspectivas de líderes de la industria y de activistas digitales, y se incluyen las opiniones de niños y jóvenes, recopiladas a través de talleres para adolescentes realizados en 26 países, a través de las cuales se puede observar las formas en que la tecnología digital ha cambiado la manera de transitar la infancia, las oportunidades que surgen y lo que el futuro les puede deparar.

Un mañana incierto

Al igual que frente a otros tantos fenómenos que se dieron a lo largo de la historia, los efectos que tendrá la digitalización en el futuro de los niños, aún no están perfectamente claros en la actualidad.  «De hecho, algunas de estas conclusiones son objeto de un creciente debate público entre los legisladores y los padres y madres por igual» expresan en el documento. El panorama que predicen, estará marcado por desafíos que se intensifican a medida que el alcance y el ámbito de la digitalización se expandan y sus numerosas oportunidades continúen siendo explotadas comercialmente y de otra manera. «Cada vez habrá más dispositivos digitales, plataformas en línea y aplicaciones disponibles para el uso de los niños. El internet de las cosas, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático llegaron para quedarse, creando nuevas oportunidades y también nuevos desafíos», declaran.

Un marco ordenador y guía para esta tarea, lo ofrece la Agenda 2030 para
el Desarrollo Sostenible, de Naciones Unidas. Allí -tal como explican desde UNICEF- las TIC e internet «pueden facilitar de manera sólida esta labor, ayudando a cumplir la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de no dejar a nadie atrás».

Entonces, la tarea que aúna a gobiernos, empresas, académicos y a la comunidad en general,  consiste en determinar cuáles son las brechas y tratar de cerrarlas. ¿A qué se refieren? «Al acceso a los recursos en línea de calidad, en el conocimiento sobre la manera en que los niños usan internet, en el conocimiento que tienen sobre cómo protegerse en línea y en la elaboración de políticas y la actualización de marcos normativos que no han logrado seguir el ritmo del cambio».

Cambiar las reglas del juego

Entre diversos fenómenos, el informe examina las divisiones digitales que impiden que millones de niños exploren, a través de internet, nuevas oportunidades para aprender y para participar en la economía digital en el futuro. «La conectividad puede cambiar las reglas del juego para algunos de los niños más marginados del mundo, ayudándoles a desarrollar su potencial y a romper los ciclos intergeneracionales de la pobreza. Las tecnologías digitales brindan oportunidades de aprendizaje y educación a los niños, especialmente en regiones remotas y durante las crisis humanitarias» explican los autores.

Según UNICEF los niños y adolescentes menores de 18 años representan aproximadamente uno de cada tres usuarios de internet en todo el mundo y estudios revelan que los niños están accediendo a edades cada vez más tempranas. Los jóvenes (de 15 a 24 años) por su parte, son el grupo de edad más conectado. En todo el mundo, el 71% están en línea, en comparación con el 48% de la población total.

Otro aspecto en el que se detienen a lo largo del documento, tiene que ver con las brechas digitales, que reflejan las divisiones socioeconómicas entre ricos y pobres, hombres y mujeres, ciudades y zonas rurales, y entre quienes han recibido una educación y quienes carecen de instrucción. De allí surge que el 81% de los habitantes de los países desarrollados usan internet, más del doble de la proporción en los países en desarrollo (40%), que a su vez es más del doble de la proporción en los países menos adelantados (15%).

Pero las brechas digitales no sólo se materializan a través de quienes están conectados de quienes están desconectados, aclaran, sino que hay más a tener en cuenta. «Son más profundas, y se refieren a la manera en que las personas, incluidos los niños, usan las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), así como la calidad de la experiencia en línea. Ambos factores pueden variar mucho, lo que refleja cuestiones que incluyen el nivel de las aptitudes y la instrucción de los usuarios, los tipos de dispositivos que utilizan, los ingresos familiares y la disponibilidad de contenido en su propio idioma» explican.

«La conectividad digital no es sólo la nueva necesidad de nuestro tiempo, ofrece el potencial de romper los ciclos intergeneracionales de desventaja» afirman desde UNICEF y -si se tienen en cuenta los datos presentados-, las ventajas de unos sobre otros, son bastante notorias. En África, por ejemplo, «3 de cada 5 jóvenes (de 15 a 24 años) están fuera de línea; en Europa, la proporción es solo 1 de cada 25» indican y frente a ello suman otro abordaje que acrecienta aún más la distancia. «En un mundo donde el 56% de los sitios web están en inglés, muchos niños no encuentran un contenido que puedan entender o que sea pertinente para sus vidas. Muchos también carecen de las aptitudes necesarias, así como del acceso a dispositivos como computadoras portátiles, que les permitirían aprovechar al máximo las oportunidades en línea. Si estas brechas digitales no se resuelven, las divisiones socioeconómicas existentes se harán más profundas» advierten.

El aporte de las empresas 

Un apartado del documento se dedica a estudiar el papel del sector privado, especialmente las industrias de tecnología y telecomunicaciones. Allí, destacan la «responsabilidad especial y capacidad única» que éstos tienen para influir en las consecuencias que tiene la tecnología digital sobre los niños. ¿De dónde surge y dónde radica este deber? En principio nace de la importancia clave en que han tenido en el estallido de la revolución digital y en el lugar destacado que ya ocupan en la cotidianeidad de las personas en general y de los niños en particular. «Como proveedores de acceso a internet, como productores y proveedores de contenido y de otros bienes digitales, y como proveedores de bienes y servicios en línea, las empresas digitales están cada vez más integradas en la vida de los niños. Como guardianes que controlan el flujo de información a través de las redes, también tienen acceso a grandes cantidades de información y datos de los niños. Estas funciones proporcionan a las empresas un poder e influencia considerables, y con esto se incrementan sus responsabilidades» expresan.

De allí que desde UNICEF incitan a «aprovechar su  poder e influencia para promocionar normas éticas de la industria en materia de datos y privacidad, así como otras prácticas que beneficien y protejan a los niños en línea». Para alcanzar este objetivo, proponen una serie de medidas que promuevan prácticas empresariales comprometidas.

La primera de ellas, consiste en «Evitar que las redes y los servicios difundan material de abuso infantil», con el fin de evitar que sus redes y servicios sean utilizados por delincuentes para recopilar y distribuir imágenes de abuso sexual infantil. Para ello -exponen- es necesario  monitorear continuamente las principales amenazas que pesan sobre los niños, y trabajar con las fuerzas del orden y otras partes interesadas, para encontrar soluciones innovadoras a las actividades delictivas en línea, no sólo para mantenerlos seguros en línea sino también en la vida real.

El segundo aporte que pueden realizar las empresas se materializa en «Promover el acceso no discriminatorio». Esto quiere decir que pueden hacer más para proporcionar acceso a internet a los niños, en particular a los que se encuentran en zonas desatendidas. También deben mantener principios compartidos, como la neutralidad de la red, sobre todo en los casos en que ofrecen a los niños una gran variedad de fuentes e información.

«Desarrollar normas éticas para las empresas y las tecnologías» es la tercer propuesta que se presenta en el informe. Para ello, deben trabajar con legisladores y defensores de los derechos del niño para desarrollar normas éticas mínimas para sus servicios, y adoptar el principio de “seguridad desde el diseño”, incorporando características de seguridad, privacidad y protección en sus productos, explican.

Pero no todo se centra en los más pequeños. En este caso, las familias son necesariamente partícipes para completar un ambiente sano y seguro para ellos. Bajo esa mirada, el documento aconseja  a las compañías ofrecer a los padres una gama más completa de herramientas fáciles de usar, como protecciones con contraseña, listas de bloqueo y permiso, verificación de edad y uso de filtros, que les permitan crear un espacio en línea seguro para sus hijos.

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