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La cumbre paralela

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En simultáneo a la COP25, se realizó en Madrid la Cumbre Social por el Clima. Convocada por organizaciones sociales de diversas partes del mundo, se propuso poner en la agenda de la emergencia climática, las temáticas y sectores sociales que el sistema económico insiste en invisibilizar.

Mientras los ojos del mundo se posaban en la Conferencia por el Cambio Climático organizada por Naciones Unidas, (COP25) en Madrid, en paralelo y en esa misma ciudad, se llevaba a cabo otra reunión. La emergencia climática que atraviesa nuestro planeta fue lo que motivó ambos encuentros, sin embargo, bajo dos ópticas de análisis diametralmente opuestas.

Del 7 al 13 de diciembre pasado, la Cumbre Social por el Clima se configuró como un espacio de contestación a la COP25, donde se dio voz a las demandas de las comunidades del Sur Global. «Creemos en la justicia climática como el eje vertebral de la lucha social de nuestro tiempo» afirman los organizadores, sentando así un punto de partida para los debates de los que participaron más de 15.000 personas y 300 movimientos sociales de todos los continentes.

En este diálogo, los activistas de Ecologistas en Acción e integrantes de la comisión organizadora del encuentro, Tom Kucharz y Marta García Pallarés, se detienen a explicar el actual modelo de crecimiento económico ilimitado y su nexo con las crisis sociales que afrontan los sectores más vulnerables del planeta. Además, denuncian el papel explotador de las regiones enriquecidas del mundo y su protagonismo en la generación de “zonas de sacrificio” en países empobrecidos, a través del extractivismo energético, material y cultural, que según advierten, destruyen las comunidades y los bienes comunes.

¿Qué es la Cumbre Social por el Clima y como nació? 

Marta García Pallares (M): La cumbre ha significado un espacio de contestación social y alternativo a la COP25 oficial para denunciar la inactividad política a la hora de generar respuestas reales para enfrentar la emergencia climática. [Ver: COP25: De la ambición a la decepción]

Ha nacido de una forma bastante natural en respuesta a las decisiones unilaterales del presidente chileno, Sebastián Piñera, de trasladar la cumbre que debía realizarse en Santiago de Chile a Madrid y del gobierno español de acogerlo, pese a la represión que había habido a raíz de las protestas sociales en Chile.

Tom Kucharz (T): Con el traslado se logró quitar el foco internacional que estaba sobre la situación en Chile. En ningún momento ni Naciones Unidas ni el gobierno español condenaron la violencia del Estado o exigieron justicia. Por eso, en un manifiesto firmado por 800 organizaciones de distintos países del mundo, dejamos en claro que lo sucedido nos pareció inaceptable. Para el gobierno chileno fue una doble bonificación que nadie lo reprobara por sus acciones -y encima- podían seguir presidiendo la cumbre y concretar un lavado de su mala imagen.

¿Cuáles fueron las principales diferencias con la COP que se estaba realizando en paralelo? 

M: Al ser trasladada a Madrid, esta cumbre pudo garantizar a las organizaciones de la sociedad civil sudamericanas, que no se les arrebatara la posibilidad de mostrar sus luchas, sus realidades y sus reivindicaciones. Se establecieron diferentes ejes temáticos en torno a límites planetarios, los poderes económicos y políticos institucionales, se dio representación a los pueblos indígenas. Además, se propusieron alternativas que quedan afuera de los grandes mecanismos de mercado y otros de carácter social, que apuestan a un modelo diferente al extractivista y capitalista actual. Se mostró una realidad más cercana a las luchas sociales.

Uno de los conceptos más escuchados durante la Cumbre Social por el Clima, fue el de «Justicia Climática». ¿Cómo la definen?

T: Cuando los movimientos sociales hablan de justicia climática, hablan de la necesidad de un cambio del sistema económico, político y cultural en el que estamos viviendo. La gran diferencia con la COP25 es que -por muchos años- los gobiernos llevan negociando allí, la política multilateral de lucha contra el cambio climático, pero no pretenden cambiar las políticas causantes de esa emergencia climática.

Esta Cumbre Social, da voz a comunidades que luchan en primera línea contra la realización de mega proyectos, la extracción de combustibles fósiles y minerales, la privatización de servicios públicos, y defienden los derechos laborales. También se incluye la mirada de organizaciones feministas que plantean la necesidad de acabar con el patriarcado como pilar fundamental para el funcionamiento del sistema económico que genera la crisis climática. Los movimientos ecologistas que estuvieron presente, tenían muy claro que las actuales políticas ambientales son insuficientes para responder a las exigencias de la ciencia. Y ahí esta el gran paradigma.

¿Cuáles son esos dos paradigmas que se contraponen?

T: La Cumbre Social se plantea alternativas que realmente respondan a la necesidad de no dejar que la temperatura global aumente de 1,5ºC, mientras que en la cumbre oficial (COP) se negocia en base a ofrecimientos por parte de los gobiernos, de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que no son suficientes para cumplir con el Acuerdo de Paris, ni siquiera para no superar el aumento de 2ºC. Esto nos llevaría a un aumento de la temperatura global, de aquí a 2100, por encima de 3,7ºC, lo que para gran parte del mundo supone la muerte. Nosotros hemos puesto los Derechos Humanos, el derecho a la vida y su resguardo en el centro del debate. Eso requiere un cambio del sistema económico capitalista, replantearnos como hacemos política y cómo organizamos la economía en nuestros territorios. En el otro lado, básicamente han planteado falsas soluciones que simplemente agravarán la crisis ambiental.

Al hablar de replanteos estructurales y teniendo en cuenta los grandes intereses económicos que hay por detrás, ¿se pueden esperar cambios en el corto o mediano plazo tal como demandan los científicos?

M: Los cambios son de las estructuras que perpetúan este sistema. En ese sentido hay que dar una respuesta inmediata y contundente para lo cual se necesita mucha ambición política que genere mecanismos para poner freno a las grandes corporaciones que no tienen responsabilidades vinculantes.

Si esto no sucede, realmente me parece muy complicado. Por eso, la gran esperanza está en la sociedad civil. Este año hemos sido testigos de una gran movilización social sin precedentes y esa es la clave para que se cree un movimiento lo suficientemente grande y en dos direcciones: de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.

T: En los últimos 25 años, vimos fracasar 25 cumbres. Si tenemos en cuenta que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen alcanzando récords históricos y van a seguir aumentando, hay que ser muy críticos con esta falta de ambición y voluntad política. Tenemos que recodar que el Acuerdo de Paris ya fue débil desde el inicio y lo que está proponiendo la comunidad científica exige cambios, para los que -una vez más- lo Estados no están a la altura.

¿Lo van a estar en el mediano plazo? Creo que no. Se están dilatando los tiempos y se suma la falta de dinero. En la Cumbre de Copenhague, realizada en 2009, se acordó que en 2015 se establecería un fondo de 100 mil millones de dólares al año para ayudar a los países menos responsables del cambio climático, que son a su vez son los más afectados. Sin embargo, hoy lo recaudado sólo alcanza alrededor de 6 mil millones de dólares. Eso muestra la hipocresía de esos gobiernos que, por un lado, no están dispuestos a presentar compromisos más ambiciosos, y por otro, no están dispuestos a pagar su deuda climática histórica con el mundo. Se trata de Estados Unidos, países europeos, además de Japón, Rusia y China.

En los últimos años se dio en Sudamérica una oleada de gobiernos neoliberales que optan por los beneficios económicos por sobre la justicia climática y los Derechos Humanos. ¿Cómo evalúan este fenómeno?  

T: Vimos que en América latina hubo un cambio del ciclo político mediante el cual consiguieron iniciar políticas antiliberales, de redistribución de los ingresos públicos y se generaron políticas sociales de lucha contra la pobreza muy importantes. Sin embargo, en los últimos años este ciclo político ha sufrido un revés importante. No sólo por Argentina, sino también por cambios que estamos viendo en el Ecuador o Brasil. Este último destaca por muchas razones. Primero porque gobierna la extrema derecha con un discurso que directamente niega el cambio climático, pero también que persigue la lucha ecologista. Las políticas de Jair Bolsonaro de quitar ayudas al Ministerio de Medioambiente para investigación y lucha contra el cambio climático y la deforestación, de intentar quitar la demarcación de los pueblos indígenas, como así también los cambios regulatorios, son pasos gigantes hacia atrás. La valentía con la que en algunos momentos países latinoamericanos lideraron una alternativa en las negociaciones climáticas en Naciones Unidas, ya no están presentes.

¿Cuáles fueron las principales conclusiones de la Cumbre Social?

M: Una de ellas es entender la movilización social como un mecanismo de presión clave para generar respuestas para el futuro. Como sociedad civil, estamos organizados, coordinados y preparados para generar respuestas para las injusticias.

T: Además de ello, hemos vuelto a ver que las cumbres oficiales son una especie de teatro organizado por los poderes económicos y políticos, mientras que la sociedad civil toma muy enserio su responsabilidad en esta lucha. Otra conclusión, es que uno de los caminos es la desobediencia civil.  No sólo serán necesarias la educación y la pedagogía sino también acciones que denuncien claramente a los responsables de la emergencia climática. Por último, destacamos que -una vez más- la cumbre se llevó adelante en Europa y eso perjudica la participación de la sociedad civil latinoamericana y asiática. Eso también eso es un problema.

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