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Las tendencias en salud y sostenibilidad empresarial.

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Las empresas tienen hoy la gran oportunidad de innovar, de repensar operaciones, productos y servicios que contribuyen al cuidado de la salud de la población. Forética presenta una hoja de ruta para continuar en ese camino.

La salud y la sostenibilidad empresarial, son dos asuntos que siempre han ido de la mano, y frente a la pandemia actual por el COVOD-19, esta relación se ha estrechado aun más.

Según ya advierten los especialistas, la manera en que las compañías gestionen esta crisis, podría ser un punto de inflexión en la forma en que los aspectos vinculados a la salud sean considerados en la estrategia global de negocio, de acá en más.

Para tratar este tema en profundidad, el Grupo de Acción de Salud y Sostenibilidad de Forética, publicó recientemente el Informe «Salud y Bienestar 2030. Integración en la estrategia empresarial». En el documento, esta organización española dedicada a fomentar la integración de los aspectos sociales, ambientales y de buen gobierno en la estrategia de las organizaciones hace hincapié en las vulnerabilidades socio-económicas que esta crisis sin precedentes, ha revelado en todos los países del mundo.

El panorama que describe Forética, indica que desde la Organización Internacional de Trabajo (OIT), estiman que «las medidas de paralización total o parcial de la economía de abril de 2020 afectaron a casi 2.700 millones de trabajadores, lo que equivale a un 81% de la fuerza de trabajo mundial» y que «se perderán 6,7% de las horas trabajadas, lo que equivale a 195 millones de trabajadores a tiempo completo».

Las seis tendencias

Ante el reto que el nuevo contexto mundial significa, «las empresas tienen la gran oportunidad de innovar, de repensar operaciones, productos y servicios que contribuyen al éxito del ODS 3, al éxito de construir una sociedad donde las personas, y en concreto su salud y bienestar estén en el centro, al mismo tiempo que lo harán al éxito de sus propias compañías» expresan en el informe.

En ese marco, proponen a las organizaciones comenzar a trabajar sobre seis tendencias principales. La primera de ella es la gestión de pandemias propiamente dicha. Si bien todas las empresas han tenido que adaptarse y ofrecer respuestas flexibles para hacer frente a este nuevo escenario, «quellas con una mayor presencia de los asuntos de salud y sostenibilidad en su estrategias y programas han demostrado mayor resiliencia y un mejor control de los impactos negativos». De este modo, la gestión empresarial de la salud a todos los niveles tiene un impacto positivo en la sostenibilidad de las organizaciones.

La siguiente tendencia tiene como protagonistas a los «YOLD». ¿De qué se trata? Es la unión de las palabras en inglés Young-Old, que significan joven y anciano respectivamente, con los que los japoneses califican a las personas entre 65 y 75 años. Dado que la década de los años 20 será la primera en que convivirán más personas mayores de 30 años que menores en el mundo, el informe The World in 2020 de The Economist, la bautiza como la «Década de los YOLD».

«Los YOLD llegarán al 11% de la población en 2020 en los países ricos, también, por otro lado, aumentando su capacidad de compra por encima de la media» afirman en el documento de Forética y sugieren incrementar el gasto en prevención de enfermedades causadas por envejecimiento, ya que actualmente solo entre el 2-3% del gasto medio de salud en los países se dirige hacia esa área.

¿Cuánto vale una tonelada de estrés? esa pregunta plantea el informe para introducir la tercera tendencia corporativa en torno a la salud. «Según la Agencia Europea de Salud y Seguridad, en Europa sólo un tercio de las empresas tienen un plan contra el estrés. El 37% de los trabajadores tiene tiempos de entrega muy ajustados y el 34% afirma trabajar demasiado rápido. La velocidad en el trabajo y las nuevas tecnologías han traído nuevos problemas de salud y bienestar mental que actualmente sufren el 38% de los europeos y supone un 3,4% del PIB europeo en costes directos e indirectos y que hay que gestionar con una mezcla de soluciones sencillas (como limitar los correos electrónicos fuera de hora, por ejemplo) y medidas estratégicas» expresan. Sumado a ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que globalmente, 700 millones de personas sufren enfermedades mentales, que junto con otras, han costado en la última década a la economía global aproximadamente 47 billones de dólares en tratamientos y pérdida de productividad.

La emergencia climática, que ya era tal antes del desencadenamiento de la pandemia, continúa siendo una prioridad en la agenda corporativa por su estrecho vínculo con la salud de la población. La OMS ha declarado el cambio climático como el mayor peligro para la salud mundial en el siglo XXI reconoce que además de afectar la calidad del aire que respiramos, también afecta a la cantidad y calidad del agua dulce o de la comida. «La mayor incidencia de condiciones climáticas extremas, afectan también a la salud. Más todavía a los niños que crecen en un medio más insalubre con mayores temperaturas que expanden los mosquitos de la malaria y el dengue a nuevas latitudes, más enfermedades infecciosas y peor calidad del aire» aclaran.

Ligada a la anterior, la tendencia que aparece en quinto lugar pone el foco en la contaminación del aire, que -tal como expresa el informe de Forética- está costando más de cinco billones de dólares por el descenso de productividad a la economía global cada año. «Según la OCDE en 2060 se alcanzarán 3,7 billones de días de trabajo perdidos por la mala calidad del aire (frente a los 1,2 billones actuales)» aclaran y agregan que «la posibilidad de generar soluciones, como la detección de la contaminación en tiempo real y su gestión en las ciudades, la incorporación de una movilidad y logística limpia o la reducción de los contaminantes de los productos, mostrará el compromiso empresarial».

Llegando al final de la lista, incluyen aquellas actividades que hacen a un estilo de vida saludable y que a la vez, representan una oportunidad para las empresas para alinearse con la demanda de consumidores. «Los estilos de vida cambian y se vuelven más sostenibles. Así lo refleja BlackRock en su informe de Megatendencias 2020.  Los jóvenes consumidores prefieren productos más saludables y frescos en su alimentación, compartir movilidad para ahorra costes al viajar y contaminar menos (car sharing) o invertir con criterios ambientales y sociales» ejemplifican los autores del informe.

Enfoque en tres dimensiones

Independientemente de su tamaño o sector, la situación actual exige a las empresas analizar las oportunidades y riesgos y poner en marcha las acciones correspondientes para minimizar sus impactos negativos y potenciar los positivos. La triple dimensión de la sostenibilidad puede aplicarse en este caso, en relación a la salud, y esa tarea enunciativa la han realizado también desde Forética.

Así, mencionan que contribuir a la mejora de la calidad ambiental permitirá a las empresas, «no sólo adaptarse a los nuevos escenarios climáticos y ser más resilientes, sino también garantizar un impacto positivo sobre la salud humana, que revierte de manera directa en la propia productividad y desarrollo socioeconómico».

En cuanto a lo social, destacan las innumerables ventajas y beneficios en términos de salud que se han generado a raíz de la transformación digitail. En ese marco, mencionan que las empresas y otras organizaciones «deberán considerar el fomento de hábitos de vida y consumo más sostenibles, el diseño de lugares y dinámicas de trabajo respetuosas y saludables, el impacto sobre las cadenas de valor que pueden tener dichos cambios o el desarrollo de productos y servicios acordes a las nuevas necesidades de la población».

La dimensiónd de la gobernanza completa este triángulo virtuoso.  «En el contexto de gobernanza global de la sostenibilidad establecida por los ODS, la salud no solo es un objetivo en sí mismo, sino que presenta un potente rol como elemento vertebrador de la consecución de otras metas y objetivos» explican. Así, -señalan- el alineamiento estratégico y compromiso claro por parte de administraciones y empresas es clave. Además, cada vez son más los requerimientos de transparencia en este sentido, hecho que anticipa la potencial capacidad de creación de mayor valor por parte de empresas más implicadas con la salud y el bienestar.

 

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