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Tecnología para acortar la brecha de género

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Transitando la Cuarta Revolución Industrial e inmersos en la pandemia por Covid-19, la tecnología se posiciona como un aliado fundamental para el cumplimiento de los ODS. ¿El desafío? acortar las brechas de género.

Además de ser un derecho humano fundamental, la igualdad de género es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Se ha demostrado una y otra vez que empoderar a las mujeres y niñas tiene un efecto multiplicador y ayuda a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel mundial.

En las últimas décadas se han conseguido grandes logros y se han ampliado los derechos de las mujeres en las últimas décadas, no obstante, el escenario actual aun no es del todo favorable. Si bien hay más mujeres que nunca en el mercado laboral, todavía hay grandes desigualdades en algunas regiones, y sistemáticamente a las mujeres se les niegan los mismos derechos laborales que tienen los hombres. La violencia y la explotación sexual, la división desigual del trabajo no remunerado -tanto doméstico como en el cuidado de otras personas- y la discriminación en la toma de decisiones en el ámbito público son grandes obstáculos que aún persisten. El cambio climático y los desastres continúan teniendo un efecto desproporcionado en las mujeres y los niños, al igual que el conflicto y la migración.

Así, «Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas», tal como plantea el Objetivo de Desarrollo Sostenible Nº5, se torna fundamental y en este marco la tecnología puede resultar clave para alcanzarlo.

Tecnología para la igualdad.

Las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC) son poderosos instrumentos que -bien utilizados- pueden traducirse en herramientas de equidad e igualdad para las mujeres. Tal es así, que en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995, se reconocieron estos beneficios y se definió a los medios de comunicación y las nuevas tecnologías como instrumentos cruciales para lograr mayor igualdad, democracia y justicia social.

Según afirman desde el Banco Interamericano de Desarrollo en su informe «¿Desigualdades en el mundo digital?: Brechas de género en el uso de las TIC», las brechas entre hombres y mujeres en el acceso a las TIC se encuentran a nivel mundial y son un reflejo de desigualdades de género existentes. En comparación con otras regiones en desarrollo, en América Latina y el Caribe, las brechas de género en el acceso a las TIC son pequeñas. Así, «en el periodo comprendido entre 2017 y 2018, el porcentaje de acceso a internet en la región fue del 63% para hombres y el 57% para mujeres, mientras que el acceso y uso del teléfono móvil fue del 83% para hombres y el 80% para mujeres».

Sin embargo, tal como aclaran los especialistas, los avances tecnológicos en sí mismos no eliminan los problemas estructurales de desigualdad y de exclusión con los que viven las mujeres, sino que políticas públicas, acciones del sector privado se entrelacen a través de los mecanismos adecuados para generar un entorno favorable a la equidad.

Transitando la denominada «Cuarta revolución industrial» la tecnología puede ser una fuerza positiva sólo si se logra no trasladar allí los sesgos y limitaciones que existen actualmente en torno a hombres y mujeres. Para ellos es imprescindible una supervisión humana responsable que asegure que aquellas nociones que profundizan la brecha de género penetren en la tecnología.

En este nuevo contexto donde se sumó la irrupción de la pandemia del Covid-19, se puso en evidencia la gran desigualdad digital entre hombres y mujeres, que según pasan los días, ya anuncia una profundización una vez que pase la emergencia. Sin dudas, el futuro se avecina con grandes desafíos, para -como es el lema de la Agenda 2030 de Naciones Unidas- no dejar a nadie atrás, en este caso, las mujeres.


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