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El periodismo ha muerto.

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ENTREVISTA A DANIEL TOGNETTI.

Sin pelos en la lengua y desde el núcleo mismo del periodismo, Daniel Tognetti analiza esa actividad. Intereses económicos, poder político, fake news, son sólo algunos de los rasgos que, día a día, profundizan la credibilidad de los medios de comunicación.

 

Luego de décadas en los canales de televisión de más audiencia y con una larga trayectoria periodística en su haber, Daniel Tognetti se encuentra hoy en una etapa profesional «más independiente y autogestiva», aspectos que según explica, le brindan autonomía en la palabra y en el pensamiento.  En este diálogo con Alessandra Minnicelli para el programa «40 Minutos de RSE», Tognetti se sumerge en el mundo del periodismo y de los medios para exponer la trama de intereses que manchan a la actividad, que muchos conocen, pero sobre la que muy pocos se animan a hablar. 

El periodismo está muerto, es una actividad del pasado. Hay una profunda crisis en los medios de comunicación.

¿Cómo estás viviendo la experiencia de emprender de manera independiente el periodismo? 

Tengo 51 años, empecé a trabajar en los medios de comunicación cuando tenía 19. Trabajé ininterrumpidamente desde estructuras grandes cuando la televisión abierta era la reina absoluta y ahora estoy en una etapa un poco más independiente y autogestiva. Llegué ahí porque me di cuenta que era necesario para tener autonomía en la palabra y en el pensamiento. Cuando comencé esta carrera, lo hacía honestamente en términos políticos, para intervenir en la realidad y tratar de modificarla. Me parece que -si se quiere- es el acto más noble que puede asumir un ser humano. 

Creo que estamos en un momento donde la comunicación convencional está muy condicionada por los posicionamientos de los gobiernos, por los auspiciantes. Pero por otro lado se presenta la oportunidad de los medios digitales. Me parece que si queremos resultados nuevos tenemos que hacer cosas nuevas. 

 

Desde este compromiso transformador ¿sentís que debes suplir ciertas carencias de comunicación e información de algunos sectores del gobierno?

Los comunicadores no tienen que asumir el rol de funcionarios en la comunicación pública o gubernamental. Los que integran el ecosistema de los medios tienen otra función, deberían ser como bazos canalizadores de diferentes humores e interpretadores de lo que está sucediendo en la sociedad, en el espacio político. No creo en los comunicadores que salen a defender a un gobierno. 

El Estado tiene muchas herramientas para poder arbitrar, participar e intervenir, pero para eso tiene que tener la voluntad de poder hacerlo.

¿Crees que tu audiencia te demanda que le tamices y le des herramientas de análisis y reflexión? 

Nuestro programa «Siempre es hoy» (AM530) logró construir una audiencia muy sofisticada porque es exigente, politizada, curiosa y tiene posicionamiento sobre los temas. En este contexto, creo que el rol de comunicador pasa por interpretar lo que está pasando, no justificarlo. 

Por ejemplo, en las bases del Frente de Todos están los que yo llamo los «militantes de a pie» que para mí son los mejores, los inorgánicos. Son los defienden una idea, no un gobierno. Hoy esa persona está muy crítica y esas críticas tienen que estar canalizadas en algún lado, tener una expresión. Por eso, cuando escucho que algunos me dicen «Vos le hacés el juego a la derecha», yo respondo que no, un programa de radio es inocuo. Nosotros no firmamos decretos, no establecemos políticas públicas, el rol que tiene un periodista es muy limitado. ¿Formamos opinión? si, está claro, pero es inocuo con respecto al tamaño que tiene un funcionario. No debemos de asumir esa responsabilidad. 

 

¿Cómo ves la distancia que existe hoy entre el derecho a informarse y la ética que debe tener la actividad periodística? 

Yo creo que el periodismo está muerto, es una actividad del pasado. Hay una profunda crisis en los medios de comunicación, en cualquier índice el periodismo aparece como una de las profesiones menos creíbles. Las fake news no son un elemento nuevo. Casos como las extorsiones en vivo que se daban en el programa televisivo Animales Sueltos nunca las había visto, antes había sutilezas, tenías que ver algo, interpretarlo, estar muy informado, era como una especie de código secreto que algunos podían decodificar, ahora es una cosa grosera. 

 

Y armaban causas, adelantaban fallos e informaban antes que las partes lo supieran… El lawfare se construyó así. 

Exactamente, el lawfare es un triángulo equilátero dónde están los servicios, los medios y la justicia. En los servicios se produjo algunos cambios más bien administrativos. En el marco de la justicia no se hizo nada, nada es nada.  Y no hacer nada es retroceder. Había una narrativa mucho más clara sobre el rol de la justicia y la persecución en la época de Macri que ahora. Cuando estaba él, la mayoría del actual oficialismo, sabía que Milagro Sala era una perseguida política, hoy eso no está tan claro. 

El rol de comunicador pasa por interpretar lo que está pasando, no justificarlo. 

Volviendo a los medios, si no hay autorregulación, ética y no hay respeto al derecho a la información ¿Por qué se sostiene la pauta?  

Yo no sé si utilizaría ese criterio. Está claro que todos los gobiernos utilizan la pauta en función de sus intereses y este gobierno lo hace en Clarín convirtiéndolo casi en un medio paraestatal por la cantidad de dinero que recibe. A mí me parece que los medios comunicación tienen que tener financiamiento estatal y que los actos de gobierno se tienen que publicitar en los más grandes y con llegada, no estoy en contra de eso.

Pero, Clarín no se financia con la pauta, dejemos de ver a Clarín como un grupo de medios, es un grupo económico de telecomunicación. Es el poder en la Argentina. 

 

¿Creés que el común de la ciudadanía lo ve así así o solo un pequeño sector? 

Dentro del trabajo pedagógico que hizo el macrismo con nosotros -y lo digo sin ironía- es descubrir que los valores republicanos liberales, del equilibrio de poder, solamente existen en la imaginación de un sector de la sociedad. Macri encarceló a los dueños del principal canal opositor, a los dueños de una radio que tenía una línea crítica al gobierno y no hubo ninguna reacción social en contra. Evidentemente la libertad de prensa concebida en términos republicanos y liberales no es un valor tan arraigado al interior de la sociedad. Hay que tener la voluntad de modificar ese status quo

La comunicación convencional está muy condicionada por los posicionamientos de los gobiernos, por los auspiciantes, pero por otro lado se presenta la oportunidad de los medios digitales.

Tuvimos una Ley de Medios que se plasmó legislativamente y después no se aplicó. Si eso no hubiera pasado, no se hubiese precipitado el abuso o manipulación que se dio durante el gobierno de Macri para vendernos que la libertad de expresión está por sobre el derecho a la información con veracidad. Nos fuimos a los dos extremos ¿Cómo hacemos para encausar esto?

No es tan difícil, no es fácil. Los que están en contra del gobierno ya está están dispuestos a movilizarse por cualquier cosa. Yo tomaría decisiones muy fuertes con respecto al monopolio de las telecomunicaciones: apertura de competencia, nuevos jugadores y demás. El Estado tiene un montón de herramientas para poder arbitrar, participar e intervenir, pero para eso tiene que tener la voluntad de poder hacerlo. Antes de cualquier decisión política está la voluntad y eso también encierra riesgos. 

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