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¿Es posible reducir la jornada laboral en la Argentina?

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Muchos países del mundo ya tuvieron experiencias positivas en la reducción de la jornada laboral y nuestro país tiene dos proyectos en el Congreso que apuntan a ello. 

Conscientes de que existen temas mucho más urgentes en la agenda del trabajo en Argentina, los especialistas coinciden en que se trata de un debate necesario que presenta diversas aristas de análisis y entre ellas, cabe cuestionarse cuál es el punto de llegada: ¿empresas más empoderadas para gestionar el tiempo de los trabajadores con medidas de flexibilización laboral o una mayor gobernanza y autonomía del tiempo de trabajo por parte de los trabajadores?

Más allá del conjunto de pros y contras que trae aparejada, la reducción de la jornada laboral no es un tema sencillo. Su implementación requiere una reforma en el mundo del trabajo amplia y profunda. Se trata de iniciar la conversación entendiendo las particularidades del mercado del trabajo argentino y su heterogeneidad, donde conviven trabajadores en diferentes condiciones y remuneraciones. En esta nota, todas las claves para entender un debate que, tarde o temprano, deberemos dar para avanzar hacia el trabajo del futuro.

La reducción de la jornada laboral es un debate que se está dando a nivel global. Países como Islandia, Nueva Zelanda o Japón, incluso algunas empresas en Estados Unidos, ya hicieron pruebas exitosas que dieron como resultado que la productividad, no solo se mantuvo, sino que, en algunos casos se incrementó.

A principios de año, el presidente español, Pedro Sánchez, anunció una prueba piloto para reducir la semana laboral a cuatro días y destinó una inversión de €50 millones para que entre 200 y 400 empresas pudieran implementarla sin afectar el salario de los trabajadores. 

Argentina también está dando algunos pasos en esa dirección y ya tiene dos proyectos de ley radicados en el Congreso. El primero fue presentado por la diputada del Frente de Todos y dirigente de la Asociación Bancaria, Claudia Ormaechea, y propone una jornada laboral de un máximo de seis horas por día, y un tope de 36 horas semanales.

Mientras que, el segundo proyecto, del secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y diputado nacional por el Frente de Todos, Hugo Yasky, y plantea una semana laboral de cuatro días, con la reducción de la semana laboral de 48 a 40 horas.

Lo cierto es que, aunque la reducción de la jornada laboral todavía está lejos de concretarse, y la Argentina tiene temas laborales más urgentes en su agenda, los especialistas coinciden en que se trata de un debate necesario. 

Me parece válido que se dé el debate con los empresarios, pero que además tiene que estar acompañado de otras discusiones sobre temas más urgentes como la creación de empleo genuino y de calidad.

En ese sentido, Juan Manuel Ottaviano, abogado laboralista e investigador, destacó que es interesante que exista una coincidencia entre las centrales sindicales sobre la necesidad de debatir y cuestionar la jornada laboral.

Y agregó: “Me parece válido que se dé el debate con los empresarios, pero que además tiene que estar acompañado de otras discusiones sobre temas más urgentes como la creación de empleo genuino y de calidad”.

Por un mejor balance entre la vida y el trabajo

Cuando se enumeran las ventajas de la reducción de la jornada laboral, uno de los temas que más resuenan es la posibilidad de que las personas puedan alcanzar un mejor balance entre la vida y el trabajo.

Una mayor flexibilidad en el ámbito laboral, y más tiempo libre para dedicar a la familia u otras actividades como el estudio, un hobby o simplemente el ocio es, sin dudas, un factor motivacional importante que redunda en la productividad: “las personas más satisfechas y motivadas rinden más”, sostiene Patricia Debeljuh, directora Centro Conciliación Familia y Empresa de IAE Business School.

Su organización realiza desde 2009 un estudio internacional, IFREI, que se propone analizar en qué medida la cultura corporativa de cada organización facilita a los colaboradores integrar sus responsabilidades laborales con las familiares, promoviendo una mejor calidad de vida.

Los resultados obtenidos demuestran que aquellas empresas que tienen una cultura que apoya la integración trabajo-familia, y que cuentan con políticas de flexibilidad (viernes flex, jornada reducida o horario flexible entre otras) tienen hasta 19 puntos más de productividad por empleado, que los que no las tienen. 

Además, en las compañías que no otorgan estos beneficios, la intención de irse se multiplica hasta un 300%, y genera una menor productividad y compromiso con la empresa.

“Todo lo que implique una reducción de jornada es una medida que favorece la integración entre el trabajo y la familia, porque al disponer de más tiempo, las personas pueden ocuparse más de su rol familiar. Uno de los principales conflictos y tensiones que hay a la hora de equilibrar los dos ámbitos es la falta de tiempo, con lo cual, favorecer una reducción, conseguir liberar la agenda de responsabilidades laborales y tener más tiempo para la crianza de un bebé, atender a un adulto mayor o acompañar a los hijos a un deporte, es muy importante”, señaló.

A favor de las empresas, podría decirse que las personas suelen ser más productivas en las primeras horas de la jornada laboral y que “el cansancio acumulado resta efectividad y también puede incrementar la posibilidad de errores involuntarios o incluso accidentes laborales”, sumó Mariano De Rose, director Ejecutivo de Finanzas y Operaciones de R/GA LATAM.

Además, otro de los argumentos a favor de la reducción de la semana o de la jornada laboral es que podría ayudar a una mejor distribución del trabajo. En ese sentido, sería un avance no sólo en términos de trabajo remunerado, sino también en relación a las tareas domésticas y de cuidado de niños y adultos mayores, que son realizadas en mayor proporción por mujeres que por hombres. 

“Tener una reducción de la jornada laboral podría contribuir para seguir avanzando en una distribución más equitativa del trabajo, tanto del remunerado, ya que mayor cantidad de personas podrían incorporarse al mercado laboral, como del no remunerado, en tanto los hombres podrían tener más tiempo para colaborar con tareas que, en muchas familias, recaen más sobre las mujeres”, agregó De Rose.

La experiencia de países que han dado este salto demostró que las empresas mejoraron su productividad, así como el compromiso de sus colaboradores, y también redujeron su tasa de ausentismo por estrés y otras patologías.

Para Alejandro Servide, director de Professional & RPO en Randstad Argentina, nuestro país debería dar primero otros debates más profundos sobre la reforma laboral, el alcance de los convenios colectivos de trabajo, la formación de habilidades, el nivel de empleo y la atracción de inversiones para motorizar la demanda laboral. No obstante, reconoció que esta discusión es importante para definir el futuro del trabajo. 

En ese sentido, destacó que la reducción de la jornada laboral, manteniendo el mismo salario, sería una buena alternativa para aumentar las posibilidades de ingreso de los jóvenes al mundo del trabajo por un lado y, por otro, permitir un esquema más flexible para las personas que por diferentes motivos necesiten un empleo con jornada reducida.

“La experiencia de países que han dado este salto demostró que las empresas mejoraron su productividad, así como el compromiso de sus colaboradores, y también redujeron su tasa de ausentismo por estrés y otras patologías”, señaló Servide.

A nivel global, el problema del mundo del trabajo no es que el empleo escasea, sino que la fuerza de trabajo está mal distribuida, opinó Ottaviano. Por eso, una jornada de trabajo más equilibrada, sería una manera de evitar estas desigualdades.

“Pero también es una política de igualdad de género en el trabajo, porque si está acompañada de una mayor infraestructura de cuidados y de una política de co-responsabilidad en las familias en cuanto a las tareas de cuidado, esto implica que el mayor tiempo libre permitirá la incorporación de una mayor cantidad de mujeres al mercado laboral. En ese sentido, la reducción de la jornada laboral no es una política que se pueda desenvolver sola, tiene que estar acompañada de otras medidas de protección social”.

Por último, un mejor equilibrio entre la vida personal y el tiempo dedicado al trabajo, influye de manera positiva en la reducción del impacto ambiental. Por un lado, puede redundar en una disminución del uso de transporte público y privado, mientras que el tiempo libre, incrementa el turismo verde y la utilización de espacios públicos como plazas y parques, agrega Ottaviano.

Teletrabajo: ¿una aproximación a la reducción de la jornada?

A primera vista podría pensarse que las experiencias laborales de trabajo remoto transitadas a raíz del aislamiento impuesto a raíz de la pandemia, son una aproximación al problema, en tanto permitieron probar una modalidad de trabajo con menos control y por objetivos, y sin grandes cambios en la productividad de los trabajadores.

Según Ottaviano, la pandemia puso en el centro el debate la gestión del tiempo de trabajo, de descanso y cuestionó las tareas de cuidado en el hogar. Sin embargo, agrega, cabe cuestionarse cuál es la salida de este debate: ¿empresas más empoderadas para gestionar el tiempo de los trabajadores con medidas de flexibilización laboral o una mayor gobernanza y autonomía del tiempo de trabajo por parte de los trabajadores?

La reducción de la semana laboral podría ayudar a una mejor distribución del trabajo. Sería un avance no sólo en términos de trabajo remunerado, sino también en relación a las tareas domésticas y de cuidado de niños y adultos mayores, que son realizadas en mayor proporción por mujeres.

Además, para Debeljuh, las condiciones que sostuvieron el teletrabajo no fueron las mejores, porque en muchos casos no pudieron garantizarse ni el espacio, ni los elementos necesarios. Por otra parte, muchas veces se dio un incremento de la carga horaria y se desdibujó el límite que separa el trabajo de la vida personal y el horario laboral tuvo que combinarse con las tareas de cuidado en el hogar.

No obstante, Servide rescató algunos aspectos positivos de esta experiencia. En esa línea, opinó que “el gran experimento social del home office masivo” generó una deslocalización del trabajo y permitió la contratación de personas sin importar donde se encuentre localizadas. 

También brinda a los empleados una mayor flexibilidad para viajar, mudarse y tomar decisiones que tienen que ver con la búsqueda de una mayor calidad de vida. “Muchos especialistas coinciden que liberarnos de la oficina nos da más tiempo para concentrarnos en la productividad del trabajo”.

¿Es posible avanzar en la reducción de la jornada laboral?

La reducción de la jornada laboral no es un tema sencillo. Su implementación requiere una reforma en el mundo del trabajo amplia y profunda. En ese sentido, Servide opinó que, aunque puede ser una buena alternativa para genera nuevos puestos de trabajo, además deberían tomarse una serie de medidas para reducir los índices de desempleo y evitar incrementar el costo laboral para las empresas.

Sobre este tema, Debeljuh advirtió que el trabajo part time en Argentina tiene un costo muy elevado para los empleadores que deben pagar cargas sociales por persona y no en función de la cantidad de horas trabajadas.

A su turno, De Rose señaló que para que una medida de este tipo redunde genuinamente en la creación de empleo, debería aumentar el producto bruto, caso contrario, solo se estaría distribuyendo entre un mayor número de personas lo que el país genera.

“Está claro que trabajando más horas va a aumentar la producción y lo mismo podría suceder trabajando menos, aunque no a niveles tan significativos como los que se alcanzarían optimizando procesos, invirtiendo en bienes de capital y, fundamentalmente, capacitando a nuestro talento”, enfatizó. 

Y agregó que, de implementarse una ley, lo más importante será que no tenga un impacto negativo en el salario de los trabajadores. Sin otras medidas que complementen la reducción de la jornada, “a la larga las propias dinámicas de la economía harán que el ingreso del trabajador esté sujeto al valor generado por su trabajo, independientemente de las horas que le lleve hacerlo”, puntualizó.

En la misma línea, Ottaviano opinó que no existe una relación entre países desarrollados y en vías de desarrollo y la extensión de la jornada laboral. Por el contrario, hay países como China que tienen una jornada laboral muy extensa con niveles de productividad altísimos, y países industrializados con jornadas laborales cortas y baja productividad.

“El problema en Argentina es que existe un desafío de aumentar la productividad y eso implica una mayor inversión estatal y privada en infraestructura, en tecnología y en tratar de acompañar este desarrollo con mejores condiciones laborales”.

Lo cierto es que la reducción de la jornada laboral no es una discusión que solo deba darse en el primer mundo, sino que es necesario encararla también a nivel local, entendiendo las particularidades del mercado del trabajo argentino y su heterogeneidad, donde conviven trabajadores en diferentes condiciones y remuneraciones.

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