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Producción y Consumo Responsables: ODS 12

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Ya no queda tiempo. Urge cambiar las modalidades de consumo y producción, para evitar daños irreversibles al ambiente y eso es lo que plantea el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Nº12. De la mano de la tecnología, esto no suena a utopía.

En los próximos dos decenios -según informan desde Naciones Unidas– se espera que más personas se sumen a la clase media en todo el mundo. Esto es bueno para la prosperidad individual, pero no así para la salud del planeta, ya que aumentará al mismo tiempo la demanda de recursos naturales, ya limitados. 

En este contexto, urge cambiar las modalidades de consumo y producción, para evitar daños irreversibles al ambiente y eso es lo que plantea el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Nº12: «garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles». 

¿Por donde comenzar? Las alternativas son muchas, pero todas comparten un elemento que las atraviesa: la tecnología. Sin dudas -y a diferencia de otros ODS- la ciencia, la tecnología y la innovación aplicadas hacia un consumo más consciente, pueden modificar el rumbo de la salud ambiental del planeta. Por más sencillos que parezcan algunos cambios en la vida cotidiana de las personas pueden tener un gran impacto en el conjunto de la sociedad. 

Las empresas en acción

Por su parte, las empresas tienen en sus manos la responsabilidad de encontrar nuevas soluciones que ofrezcan modalidades de consumo y producción sostenibles. Para ello es preciso que identifiquen y gestionen los efectos ambientales y sociales de los productos y servicios que ofrecen, tanto de los ciclos de vida de los productos como de la forma en que estos se ven afectados por su utilización en los estilos de vida. 

La identificación en la cadena de valor de los “puntos críticos” donde las intervenciones tienen mayor potencial para mejorar los efectos ambientales y sociales del sistema en su conjunto es un primer paso fundamental. Las empresas pueden también utilizar su poder innovador para diseñar soluciones que puedan inspirar y motivar a las personas a llevar estilos de vida más sostenibles, reduciendo los efectos y aumentando el bienestar. 

La ciencia, la tecnología y la innovación aplicadas hacia un consumo más consciente, pueden modificar el rumbo de la salud ambiental del planeta.

La tecnología marca el rumbo

El consumo responsable se entiende como una nueva manera de consumir bienes y servicios teniendo en cuenta, además de las factores de precio y calidad otras características cruciales que impactan a nivel social, ambiental y económico. Entra ellas, se destacan algunos aspectos como laborales, el el entorno de producción o las consecuencias que pueda acarrear su proceso de manufactura en el ambiente. 

Así la tecnología se traduce en una plataforma para lanzar al mercado productos y servicios respetuosos con el ambiente y -de este modo- promover un mejor estilo de vida y de consumo. 

Uno de los ámbitos donde la necesidad de actuar con mayor celeridad aplicando la tecnología al servicio de los ODS es en el consumo del agua y las emisiones de CO2. Para ello, según explican los especialistas. 

Una de las industrias que hay que poner bajo la lupa es la alimenticia. La producción de alimentos es la principal fuente de gases de efecto invernadero, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), el 40% de los alimentos producidos nunca llegan a consumirse, y el 17% de la comida que compramos acaba en la basura, lo que da como resultado que el 10% de las emisiones de CO2 se deban al desperdicio de alimentos. 

En la actualidad se encuentran variadas tecnologías al alcance de gran porción de la población y que actúan contra el cambio climático. Por ejemplo, desde hace varios años ya que la energía fotovoltaica es la más barata en 60 países. Recientes avances en fotoconversión de CO2 nos permiten usar la luz del sol no solo para producir energía, sino utilizar este gas para producir combustibles que se pueden usar directamente en motores de combustión interna.

Otro ejemplo alentador es de una minirrefinería solar creada por un equipo de investigadores suizos que mediante catalizadores es capaz de descomponer el CO2 y la humedad de la atmósfera para producir gas de síntesis con el que produce combustibles que pueden utilizarse directamente en la infraestructura actual. 

La tecnología es la llave que abre la puerta hacia una nueva basada en la recuperación y la reutilización.

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