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Cambio Climático, el gran reto estratégico para las empresas

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Las empresas son responsables de acelerar la transición hacia una economía baja en carbono, pero sus políticas de respuesta pueden tener un impacto financiero negativo para la compañía si la estrategia ambiental no está integrada al core del negocio.

Por: Sol Drincovich

El informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), de la ONU, es categórico al afirmar que hay un 50% de probabilidades de que el calentamiento global supere los 1,5°C (el límite inferior establecido en el Acuerdo de Paris) en los próximos cinco años, una posibilidad que era casi nula en 2015.

El documento también advierte que hasta tanto no terminen, o se reduzcan, las emisiones de gases de efecto invernadero, el clima será cada vez más extremo. “Este umbral de 1,5°C no es una cifra aleatoria, sino que indica el punto en el que los efectos del clima serán cada vez más perjudiciales no solo para las personas, sino para todo el planeta”, señala el secretario general de la OMM, Petteri Taalas. 

América latina y el Caribe, no están ajenas a este panorama global. Entre 2020 y 2022 se produjeron 175 desastres, de los cuales el 88% se debieron a causas meteorológicas, climatológicas o hidrológicas.

En ese sentido, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) explica que, para limitar el calentamiento a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, es indispensable lograr reducciones drásticas, rápidas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero, en todos los sectores. Y el sector privado tiene un rol clave para alcanzar este objetivo. 

Para eso será necesario establecer estrategias que permitan reducir sus emisiones y avanzar hacia una gestión del negocio más sustentable, un cambio de foco que sin dudas puede traer nuevas posibilidades de expansión para las empresas.

Argentina: temas urgentes en materia ambiental

Soledad Silva, coordinadora de Crisis Climática de Eco House,  una asociación civil que trabaja en la transición hacia la sostenibilidad, explica que uno de los temas más urgentes en Argentina a nivel ambiental es la protección de los ecosistemas, azotados por la deforestación, los incendios forestales, la quema de pastizales y desmontes.

Su desprotección no solo trae consecuencias socioambientales, sino que potencia los impactos del cambio climático. Los humedales, por ejemplo, ayudan a amortiguar inundaciones al retener el agua de las lluvias o de las crecientes, y absorben grandes cantidades de gases de efecto invernadero. 

“En Argentina, así como en el mundo, la crisis climática y ecológica demandan transformaciones de los sistemas productivos y energéticos de forma urgente. La protección de los ecosistemas requiere educación ambiental, una implementación robusta de la ley de bosques nativos, la destinación de los recursos necesarios a las áreas protegidas, generar un ordenamiento territorial y regulación de las actividades extractivistas”, explica Silva.

Por su parte, Ariel Muzi, director de Metropallets, una empresa que compra pallets en desuso, los reacondiciona y los vende como un nuevo producto sustentable, señala que encontrar soluciones de provisión de energía renovable es uno de los temas más urgentes, aunque ese desafío plantea un nuevo problema: ¿Quién dispone los recursos?

“Los que contaminaron y se hicieron ricos, o los que ahora están en vías de desarrollo, pero que no pueden invertir y sufren climáticamente por razones ajenas a ellos. La respuesta es obvia. Sólo resta que la humanidad entienda que, con un capitalismo feroz, ningún gobierno se verá seducido a invertir en nada que no sea más de lo mismo: petróleo. Mientras tanto, quedan algunas monedas para I+D en energías renovables”, enfatiza.

Mientras que, Teresa Cañete, directora de CARBON NEUTRAL, hace una llamado de atención sobre dos temas centrales: la necesidad de preservar la biodiversidad, que está en peligro por la deforestación, la caza furtiva y la contaminación, y sobre la urgencia de impulsar energías renovables que, a pesar del potencial argentino para generarlas, todavía depende en gran medida de los combustibles fósiles. 

“Es necesario fomentar su inversión para reducir la huella de carbono del país. Argentina es una gran pantalla fotosintética, por la cantidad de hectáreas de monte y bosque que tenemos, podemos capturar muchísimo carbono. Entonces quienes desarrollen proyectos de captura certificados podrán vender bonos a empresas o países que los están demandando para compensar sus emisiones”, dice Cañete.

Muchos de estos temas están actualmente en la agenda gubernamental, contemplados por ejemplo en el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático que tiene 57 líneas de acción y más de 240 metas, o el Programa Argentina Productiva 2030, que propone transformar la estructura productiva y tecnológica del país, suma Silva.

No obstante, aclara que avanzar dependerá de los recursos que puedan hacer efectiva su implementación, monitoreo y evaluación, además del “progreso en el desarrollo de leyes, propuestas y programas se condiga con acciones y recursos que los vuelvan realidad, así como un lugar en la agenda pública”.

Además, es fundamental implementar los planes ya elaborados y garantizar su continuidad, a pesar de los acontecimientos políticos, así como transformar la sociedad y la matriz productiva, sumando el compromiso de todos los sectores y promoviendo una mayor conciencia y educación ambiental.

¿Cuál es el rol de las empresas para mitigar el cambio climático?

Las empresas ya no pueden eludir su responsabilidad en el impacto que su gestión genera en el planeta, no solo porque los consumidores están demandando compañías más sustentables, sino porque el cambio climático se esta convirtiendo en un riesgo y una amenaza para su negocio.

Cada vez son más las empresas que deciden alinear su estrategia de negocios a una tendencia que privilegia lo circular, las redes de trabajo, lo regional, lo resiliente y lo sostenible, adaptándose también a las regulaciones en torno a la acción climática y los compromisos de cero emisiones.

Un estudio de la consultora Manpower señala que dos de cada tres organizaciones informan que los valores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) son cruciales para su organización, mientras que seis de cada 10 empresas vinculan los objetivos ESG a su propósito.

La misma encuesta revela que más de la mitad de las organizaciones está evaluando sus cadenas de valor extendida, como terceros y subcontratistas para reducir riesgos. El 40% de las empresas afirmó que planea hacerlo en los próximos dos años.

Para Silva las empresas están aumentando su compromiso con la sostenibilidad y los ODS (Objetivos de Desarrollo Sustentable), y cada vez son más las exigencias por parte de inversores, consumidores, como las normativas que obligan al sector privado a sumarse a esta transición.

“Los niveles de compromiso varían. Muchas empresas están recién comenzando en su camino, con acciones base como la separación de residuos en sus oficinas, y otras asumieron compromisos de carbono neutralidad y políticas de gestión ambiental mucho más avanzadas. Estas últimas incluso se comprometen legalmente con la sostenibilidad, como las empresas B que deben incluir en sus estatutos la obligación de tener en cuenta el impacto que tienen sus decisiones en los trabajadores, los clientes, los proveedores, la comunidad y el ambiente, e informar anualmente a sus accionistas y el mercado”, explica Silva.

Actualmente hay 900 empresas B en Latinoamérica, que facturan u$s63 billones. De ese total, 128 están en Argentina.

Para alcanzar la certificación se realiza un análisis de la compañía en base cinco áreas clave: Gobernanza, Trabajadores, Clientes, Comunidad y Medio Ambiente.

En función de ese análisis, las compañías asumen el compromiso de mejorar determinados aspectos y aprovechar oportunidades para generar acciones de triple impacto: social, ambiental y económico.

En línea con esta tendencia, muchas empresas están midiendo y reduciendo sus impactos ambientales, calculando su huella de carbono, reduciendo el consumo de agua y energía, separando sus residuos o adoptando tecnologías más eficientes, entre otras acciones, explica Cañete.

Y el siguiente paso es la adopción de prácticas más avanzadas y la integración de las metas ESG como una parte integral de la estrategia empresarial, añade la ejecutiva.

“Las empresas cumplen un rol fundamental en acelerar la transición a una economía de cero carbono, ya que son una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Algunas de las acciones más importantes que están implementando son la reducción de emisiones de GEI; liderazgo y compromiso en la carbono neutralidad; e innovación y desarrollo en tecnologías más eficientes”.

A su turno, Constanza Ferrer, gerenta de Sustentabilidad, de Telecom Argentina, suma que hay un mayor compromiso con cuestiones sociales y ambientales, no solo por parte de las organizaciones, sino también por las personas. 

“Los clientes quieren conocer el impacto que tienen sus elecciones al momento de definir un consumo y, además, el atributo de la sustentabilidad es un valor destacado en la construcción de la marca empleadora y la atracción de talentos”, explica.

Pero a nivel internacional, los fondos de inversión también están cambiando su forma de evaluar las empresas, y ESG se ha convertido en un requisito casi obligatorio para obtener financiamiento. 

“Hoy en día, la financiación está directamente relacionada con los requisitos de triple impacto, que consideran la sostenibilidad y la fortaleza del emisor en términos de ESG, para acceder a recursos crediticios novedosos como los llamados bonos verdes. Esto nos motiva a revisar nuestras políticas ambientales, sociales y de gobernanza para estar a la vanguardia de las mejores prácticas”.

Acciones para mitigar el cambio climático

En mayor o menor medida, cada vez más empresas de todos los tamaños están integrando una mirada de sustentabilidad a la estrategia del negocio, a través de diferentes acciones.

En Telecom llevan publicando un Reporte de Sustentabilidad de forma ininterrumpida desde hace 16 años, con el objetivo de proporcionar a sus grupos de interés una visión general equilibrada de las actividades que desarrollan para crear y mantener valor. 

Por primera vez, este año, unificaron la información económico-financiera y de gestión sostenible de la compañía en una única publicación, su Memoria Anual Integrada 2022. 

Ferrer explica que, en respuesta a las urgencias de la agenda de sustentabilidad, alinearon el negocio con el plan de acción climática global y, en ese marco, desarrollan iniciativas que contribuyan a reducir la huella de carbono en sus operaciones. 

Algunos de los ejes que trabajan son: eficiencia energética, la gestión responsable de los residuos, la modernización de infraestructuras, la optimización de procesos, el apagado de equipos y prácticas de economía circular. 

“Un ejemplo tangible es la estrategia de “cloudificación” hacia nubes públicas de servidores que minimizan el impacto en el consumo eléctrico, implementación de sitios con energía híbrida y el eco-diseño de equipos”, explica Ferrer. 

Además, promueven alternativas para minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que generan sus operaciones y están iniciando el camino hacia la neutralidad de carbono en insumos y productos. Parte de esa estrategia incluye trabajar con proveedores que cumplen con estándares ambientales, sociales y de gobernanza.

Mientras que, dentro del eje social, trabajan por la inclusión digital y la educación en tecnología a través de programas gratuitos que promueven el desarrollo de habilidades digitales y colaboran con la comunidad educativa para fomentar la ciberciudadanía y el uso pedagógico de la tecnología.

En el caso de CARBON NEUTRAL+, la climate tech certificada como empresa B, apunta a contribuir a la mitigación del cambio climático, acompañando a las empresas a gestionar su huella de carbono, a través de una plataforma que les permite medirla, reducirla y compensar. 

El primer paso es medir la huella de carbono en una calculadora gratuita en la plataforma y, una vez conocido el resultado, empresas y organizaciones pueden reducirla con certificados de energía renovable, o compensarla con bonos de carbono bajo el estándar VCS (Verified Carbon Standard).

Las empresas pueden elegir más de un proyecto para neutralizar sus emisiones entre el portfolio ofrecido dentro de la plataforma, de manera muy sencilla y similar a como se realizan compras en cualquier marketplace.

Algunas opciones disponibles son, por ejemplo, la posibilidad de comprar un bono de carbono para contribuir con el Parque eólico CORSIA, pagando $6,223.80 (IVA incluido) por tCO2e. El proyecto contempla la instalación de una central eólica ubicada en el departamento de Escalante, Provincia de Chubut, en el sur de Argentina.

Las empresas también pueden colaborar con la conservación de la Selva Amazónica en Brasil por $5,240.40 (IVA incluido) por tCO2e. El proyecto REDD+ para detener la deforestación en parcelas privadas que suman 135.105 hectáreas al borde de la frontera de la deforestación en Brasil. El proyecto genera múltiples beneficios climáticos, sociales y de biodiversidad.

“Además, promovemos un impacto socioambiental positivo, que llamamos Plus de Impacto. Con la compra de certificados de energía renovable o bonos de carbono, parte de los fondos se destinan a proyectos de reforestación de árboles nativos o energía renovable en comunidades vulnerables con organizaciones locales”, suma Cañete.

Por su parte, Muzi define Metropallets como “una pequeña empresa con grandes aspiraciones de impacto”. La compañía, también certficada como empresa B, tiene un modelo de negocios basado 100% en la economía circular. 

Para eso eligieron el pallet, un producto que utilizan todas las industrias y puede renovar su ciclo de vida hasta 150 veces. “Adquirimos el pallet en desuso, los restauramos y lo reinsertamos de vuelta a la industria. Para las reparaciones usamos un 90 % de madera usada, por lo tanto, el proceso se vuelve muy sustentable”.

Además, tienen dos programas de impacto comunitario: Guardianes del Planeta, donde voluntarios de la empresa donan composteras comunitarias a escuelas y plazas públicas y, a través de Soy Árbol, todos los meses entregan árboles a la comunidad.

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