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Cadenas Globales de Valor

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Por: Pablo Damián Lazzari. Posgrado Economía. UNDAV. Edufors

El análisis de las Cadenas Globales de Valor (CGV) revela un entramado complejo de procesos y relaciones que definen un nuevo panorama económico mundial. El autor invita a reflexionar sobre la necesidad de un Estado planificador con foco en la acumulación de capacidades tecnológicas para adaptarse a los desafíos actuales y futuros sin comprometer su soberanía.

Abordar el tema de las Cadenas Globales de Valor (CGV) implica de por sí una serie de aspectos tales como “examinar los actuales procesos de globalización como un hecho novedoso, a partir del examen de la forma en que funcionan determinadas redes sectoriales de empresas con las actividades que las conectan a escala global, configurando formas de gobernanza específicas que explican el posicionamiento y las posibilidades de incorporarse a las mismas por parte de empresas y sectores esencialmente de los países periféricos” (Gereffi, G. en Fernández, Víctor & Trevignani, Manuel-2015, 2005).

Es así que teniendo en cuenta el impacto que suscitó su avance, y en consecuencia, el crecimiento exponencial del comercio internacional, como así, de las inversiones transnacionales, esto nos lleva a considerar una “nueva forma de división internacional del trabajo” (Porta, Santarcángelo, & Schteingart, 2015), y con ella los aspectos de deslocalización y externalización de tareas que caracterizan a este nuevo modo de producción.

El denominador común de este panorama no hace más que apuntar al papel de la ciencia y la tecnología como bienes públicos, donde el Estado como agente generador de  políticas públicas se apodere y empodere de una acción capaz de potenciar la I+D y los derechos de propiedad intelectual para contrarrestar el poder de fuerzas productivas foráneas que socaban una política industrial soberana.

Considerando ello, podríamos decir que este escenario trae consigo también una nueva dimensión si se quiere “geográfica” como así también una reconfiguración de los procesos productivos, que promovidos por más fragmentación generan nuevos vínculos y actores en el circuito. Cuestión que supone indefectiblemente una novel estructuración tanto para clientes como para proveedores, y donde los adelantos tecnológicos no son extraños a este impacto. 

De esta forma hablar de CGV invita a pensar en estrategias empresariales de “deslocalización” (offshoring) y externalización (outsourcing) insertas en un nuevo modelo de configuración productiva mundial que vienen a replantear aquellos paradigmas de industrialización por sustitución de importaciones amenazada ya por acuerdos comerciales, reducciones de barreras arancelarias y para arancelarias, mayores niveles de protección de la inversión extranjera y monopolios comerciales.

Surge en este contexto el papel de las empresas multinacionales, y con él la fuerte concentración de capital que no sólo las caracteriza sino que además, hace que su poder sobre los Estados pueda golpear aspectos centrales en torno al “buen vivir” de su comunidad y el goce efectivo de sus derechos básicos, ya sea por su incidencia (indirecta) en las políticas públicas o por una legislación que las ampare. Cuestiones de poder que, tal decíamos, pueden atravesar el desenvolvimiento de la sociedad toda, hasta en algún punto cooptando su normal desarrollo en términos de plena disposición de los bienes materiales e inmateriales que hacen a cubrir sus básicas necesidades. 

Un Estado planificador con foco en un cambio estructural involucrado en la acumulación de capacidades de mayor densidad tecnológica se hace hoy más que nunca necesario.

Un poder multinacional y corporativo que, apropiándose del know-how productivo, del diseño de productos, la I+D, el marketing y la comercialización en pos de mayor apropiación deslocaliza y exterioriza ensambles en países de la periferia con bajos niveles de renta que en tanto dejan que sus instituciones o normas regulatorias locales así lo permitan, afectando en consecuencia el funcionamiento social en términos de trabajo, capacidades y desarrollo autóctono.  

Vemos así corporaciones influyentes que garantizan el control de la cadena y su reputación, acompañadas por ramas intensivas de capital, tecnología especializada y activos específicos en I+D en función al comercio intra firmas, como asimismo en los vínculos entre  proveedores y clientes extranjeros con afectación de ventajas comparativas estáticas en las economías aún en desarrollo (Porta, Santarcángelo, & Schteingart, 2015), retrasando la transición de estas últimas hacía ventajas más dinámicas dirigidas a políticas industriales con mayor valor agregado y sustentadas al mismo tiempo por una enseñanza en ese sentido.

Cobra así importancia un centralismo corporativo y redes inter empresariales con foco en países periféricos que dentro de una economía mundial promueven efectos “desigualadores” desde centros estratégicos mundiales (Fernández & Trevignani, 2015) exclusivamente a su propio beneficio, situación que de alguna forma también viene a representar aquello que Diamand indicaba sobre “una ruptura total con el precepto normativo de la teoría ortodoxa referente al libre comercio y la división del trabajo internacional” (Diamand, 1996), y que pone en evidencia una mirada inerte y hasta a veces cómplice de un Estado subsumido en el atraso, la incapacidad y la dependencia (Cholvis, 1974).

Este escenario trae consigo una reconfiguración de los procesos productivos, que promovidos por más fragmentación generan nuevos vínculos y actores en el circuito. Cuestión que supone una novel estructuración tanto para clientes como para proveedores, donde los adelantos tecnológicos no son extraños a este impacto.

Por supuesto que también aquí la mundialización financiera juega un papel importante, mediante la intensidad de las interconexiones comerciales entre las economías afectadas, como asimismo el contexto de ideas de liberalización y desregulación económica que se quiere imponer a favor de la competencia de exportadores mundiales de posición dominante, y su consecuente implicancia en países productores mayoritariamente de materias primas. Todo ello subsumido en un mapa de innovaciones financieras e ideas de un mercado como adalid de la “razón” que traccionan también como actores fundamentales del endeudamiento exterior como herramienta fundamental (Chesnais, 2001) y capaces de someter a Pueblos enteros no sólo a una cadena de créditos y deudas insostenibles, sino también a disposiciones regidas por tribunales extranjeros en caso de que dichas deudas no puedan ser cumplidas (Cholvis J. , 2017).

Vimos ya con la crisis de 2008 y el declive del sector industrial de las economías avanzadas, junto al modelo global y desregulado de crecimiento, su inflexión en el marco de incertidumbres económicas y ampliación de desigualdades que en conjunto, forjaron nuevas demandas reindustrializadoras que dieron lugar a variada generación de políticas industriales con eje en el sudeste asiático y China, con mega acuerdos comerciales, donde recursos humanos, innovación y economía digital surgieron para sustentarlas, impulsando a su paso plataformas digitales, robot e inteligencia artificial, sea tanto en áreas automotrices, hogares inteligentes, salud, consumo e industrias de manufactura avanzada con eje en altos gastos en tecnología  (Castillo, 2017).

Por ello, el denominador común de este panorama no hace más que apuntar al papel de la ciencia y la tecnología como bienes públicos, donde el Estado como agente generador de  políticas públicas en este sentido se apodere y empodere de una acción capaz de potenciar la I+D y los derechos de propiedad intelectual (Abeles, Cimoli, & Laverello, 2017) para contrarrestar el poder concentrador de fuerzas productivas foráneas que socaban una política industrial soberana y consecuente con el desarrollo de ventajas competitivas a nivel mundial. 

De esta forma, un Estado planificador con foco en un cambio estructural involucrado en la acumulación de capacidades de mayor densidad tecnológica se hace hoy más que nunca necesario, como asimismo de instituciones que pregonen y profundicen ello para adaptarse así a los cambios de estos nuevos desafíos y los procesos productivos existentes y futuros, sin que para ello deba resignar de manera alguna su soberanía y el lugar que le corresponde en el desarrollo social e industrial de su Pueblo.

Bibliografía

Abeles, M., Cimoli, M., & Laverello, P. (2017). Manufactura y cambio estructural.

Castillo, M. (2017). El estado de la manufactura avanzada. Competencias entre las plataformas de internet industrial.

Chesnais, F. (2001). La mundialización financiera.

Cholvis, F. (1974). La Dependencia Exterior.

Cholvis, J. (2017). Doctrinas Normas y figuras jurídicas para el despojo del patrimonio nacional. Perspectivas.

Diamand, M. (1996). Fundamentos para la selección temática: La teoría económica y las especificidades de la economía argentina. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Fernández, V. R., & Trevignani, M. F. (2015). Cadenas Globales de Valor y Desarrollo: Perspectivas desde el Sur Global.

Gereffi, G. en Fernández, Víctor & Trevignani, Manuel-2015. (2005). The Governance of Global Value Chains. Review of International Political Enonomy.

Porta, F., Santarcángelo, J., & Schteingart, D. (2015). Cadenas Globales de Valor y Desarrollo Eonómico: el debate teórico y las evidencias empíricas.

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