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La tarea es impedir la demolición del Estado de Derecho

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Por Alessandra Minnicelli.

Desde muchos organismos de Derechos Humanos (DDHH) e iniciativas, distintas personas de a pie aportan día a día para impedir la demolición del Estado de Derecho y la defensa de la Democracia junto a otros sectores que estén dispuestos a construir la unidad necesaria para conquistar los derechos de todos y para todos.

En momentos políticos como los que vive hoy nuestro país y gran parte de América latina, donde la anulación de la identidad nacional, de la independencia económica y de la soberanía política son una constante, el recurso utilizado es la persecución de quienes defienden un modelo social nacional  y  el encarcelamiento de quienes han llevado adelante desde la función publica politicas diferenciadas sobre ese eje, con miras al desarrollo productivo y quienes han pregonado pensar con cabeza propia y defender nuestros recursos.

En un documento de trabajo en la ex Esma, me referí a la Sociedad Genuflexa que daba la espalda a una realidad que significó la desaparición y muerte de muchos hijos y nietos… La Patria “sangraba” y el lawfare del momento era tachar a los opositores de «terroristas», al que pensaba distinto de «subversivo».

De ese lawfare, participaron los militares, los civiles –conservadores y capitalistas de hoy- y buena parte de la Iglesia como así tambien la Sociedad Genuflexa. Una sociedad con mucha pereza para pensar y darse cuenta de lo cierto por sobre el espejismo que lograron instalar. El mayor valor en juego era la vida de tantos hijos y tantos padres que nos quitaron por pensar distinto, por pensar que otro futuro era posible.

Vino la rebelión de las Madres, vino el Nunca Más, se buscó tapar la infamia, y tapar el lawfare. Más tarde y sólo por unos años, recuperamos el Estado de Derecho, la palabra Patria, la Justicia por tantas vidas acalladas, borramos la palabra terrorista o subversivo. Vinieron años de reconocimiento y ejercicio de derechos, bienestar y tranquilidad. Vino un tiempo de políticas de reafirmación del patrimonio, de la soberanía nacional, la consolidación y el crecimiento de la industria, del mercado interno, el quiebre de las asimetrías regionales y las desigualdades.

Me referí a los nuevos desaparecidos de hoy. No se los llama terroristas, se los llama de forma extendida y arbitraria corruptos.  Y bajo ese “rótulo” se montó un lawfare,  más amplio y abarcativo, (sin militares, sin iglesia) pero con los cuatro poderes del Estado. Sí cuatro: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Mediatico. Todos funcionando a pleno. En complacencia y en sintonía, al servicio de destruir y exterminar el modelo social nacional, sin matar, pero buscando invisibilizar a muchos de sus protagonistas y haciendo que la confusión y la genuflexion de la sociedad sea nuevamente la protagonista. 

Hoy en nuestro pais hay encarcelamiento y persecusión de los que piensan distinto. Hoy la lucha es de las esposas, y esposos, hijos, nietos y bisnietos de los presos politicos, de los perseguidos que hoy están “depositados» en carceles miserables y estigmatizados, humillados ante la sociedad con mentiras e infamia. Con el cuento de la corrupcion que judicialmente no puede acreditar ni un sólo delito económico. Y al contrario cuando profundiza encuentra como responsable al poder economico de turno que hoy gobierna el pais. Este poder que se empeña desde lo discursivo por colonizar mentes peresozas en una sociedad genuflexa, incapaz de razonar y darse cuenta que vinieron por todos nosotros.         

Hoy los DDHH están en peligro porque el Estado de Derecho y la Democracia lo están, porque nos están enfrentando a unos contra otros y hemos caído en la trampa de creer que los buenos estan libres, cuando en realidad todos estamos presos: presos de nuestra ignorancia; de nuestra incapacidad para reaccionar; de nuestra pereza para pensar; de nuestra propia hipocrecia. Presos de nuestra genuflexion.


Editorial publicada en Revista Fonres RSE (Diciembre 2018), www.fonres.com


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