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La Responsabilidad Social “sin apellido”

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Por Lic. Pablo Lazzari, Coordinador General del Instituto Superior en Educación e Innovación en Responsabilidad Social, EduFors.

Un concepto que lleva a la reflexión permanente de nuestros actos, pero que, a la vez, nos interpela para pasar a la acción. Ponerse en el lugar del otro y ser parte de la solución.

La evolución misma de los hechos y las experiencias de las diferentes ramas de estudio que conforman los saberes, han venido desandando un camino en el cual se hizo notoria, por ejemplo, la interrelación de diversos actores, anteriormente quizás poco visibilizada.

En este marco es que entendemos el debate de la Responsabilidad Social (RS) como materia transversal que puede recorrer variadas disciplinas, dado que su tratamiento debe implicar inexorablemente, el abordaje de cuestiones sociales, económicas y ambientales que hacen al andamiaje de cualquier sociedad y de las actividades que en su seno se realicen.

De allí es que no hablamos exclusivamente de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), dado que si así fuera, nos estaríamos circunscribiendo a un determinado actor y sus correspondientes vínculos, en este caso, el de la empresa. Posición que nos haría excluir otras acciones socialmente responsables manifestadas en otros ámbitos que no sea el empresario.

Nos posicionamos entonces desde EDUFORS -y así lo transmitimos desde nuestras aulas- en una RS como decimos “sin apellido” porque ello nos permitirá ensamblar y coadyuvar acciones para generar círculos virtuosos donde coexistan crecimiento económico, competitividad, sustentabilidad y cohesión social más allá de la actividad que se trate.

Para nosotros, en cualquier sociedad, se presentan e interactúan diversos actores con sus características y también con sus necesidades materiales e inmateriales, que al mismo tiempo van de la mano con las respectivas actividades, roles y posicionamientos para hacer efectiva la conclusión misma de dichos anhelos.

Así, se deduce entonces, que cada actor -en forma aislada o no- genera acciones para el logro o satisfacción del abanico de necesidades que aspira, y, en consecuencia, en ese camino está generando una serie de impactos que, voluntarios o no, se ven recepcionados en otros actores o sobre otras cuestiones (medio ambiente, economía, naturaleza). De allí la posibilidad de interpelarnos en torno a qué tipo de impactos generamos con nuestras acciones y qué o quiénes se encuentran involucrados directa o indirectamente en ello. En definitiva, reflexionar en términos “socialmente responsables”.

Es innegable que el tratamiento de estas cuestiones derive en involucrarnos con la ética en nuestras acciones, y la consideración “del otro” como sujeto activo de nuestro accionar, y así identificar algunas acciones que refieran por ejemplo, al cuidado del medio ambiente; buen gobierno corporativo; cero tolerancia a la discriminación; privilegiar la transparencia en las acciones; rechazo a cualquier forma de maltrato; revisión de prácticas económicas inducidas desde la explotación o bajo formas precarias de contratación; respeto por los derechos humanos básicos y las posibilidades de desarrollo; “No” al doble discurso ético; rechazo al trabajo infantil.  

Cuestiones todas ellas, que deben ir acompañadas mucho más que de acciones de marketing, o de aquellas comprendidas en un marco de obligatoriedad de cualquier tipo (llamadas “perfectas”), para que en un estadio superador, puedan traducirse en acciones concretas y efectivas que generen impactos positivos en materia social y ambiental, creando valor a cada paso y estableciendo vínculos con los actores con los que la “Organización” en cuestión trate.  

El eje estaría entonces en las acciones de fortalecimiento en la participación de los diferentes sectores que componen la sociedad, dado que pensar en acciones socialmente responsables de forma integral implica considerar a quienes quizás, desde lo local, conforman primeramente el núcleo de relaciones con la organización y las posibles conexiones con alguna actividad que ésta desarrolle. Los sindicatos; ONG’s; Estado municipal, provincial o nacional; cooperativas; Universidades y demás organizaciones barriales puede conformar un abanico más que interesante. Para nosotros el “Ecosistema de la RS”.

Desde nuestra visión, la RS parte del compromiso con el otro, que reconociéndolo como “igual”, implica una mirada profunda que invita a colocarse en “su lugar”. Pensar en plural, en conjunto. Ello nos hará posicionarnos en aquel estadio superior para empoderarnos de “obligaciones imperfectas” vinculadas al medio ambiente; al buen gobierno organizacional; a la transparencia de los actos; a la alineación del discurso ético con nuestras acciones reales.

Un verdadero círculo virtuoso que nos lleva a una reflexión permanente de nuestras obras y que no es otra cosa que el reconocimiento del impacto de nuestros actos, de la responsabilidad que tenemos como gestores de acciones y efectos correspondientes sobre los otros. En definitiva, una toma de conciencia e involucramiento que, lejos de alejarnos de los problemas y verlos como ajenos, nos hace empoderarnos y ser parte de la solución.

Un verdadero círculo virtuoso que se retroalimenta inexorablemente, porque de ello se trata la RS, de una retroalimentación de información social que generan nuestras acciones, llevando a una mirada diferente los procesos productivos y que sin relegar la mirada económica de los mismos, su consideración prevea el impacto de cada actividad sobre el entorno ambiental y social, para que en definitiva ganemos todos.

 

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