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El auge del cuarto sector

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«Al ritmo actual, el mundo no cumplirá con los Objetivos de Desarrollo Sostenible», indica un reciente informe. Frente a esta realidad, surge un actor que puede ayudar a alcanzarlos: las empresas con propósito.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), auspiciados por las Naciones Unidas, son una clara llamada a la acción ya que a través de sus 17 grandes engloban temáticas 169 metas orientados a proteger el planeta y garantizar la prosperidad y el bienestar de todos sus habitantes, ahora y en el futuro. No obstante, a pesar de que se están produciendo avances significativos en diversos frentes, los datos que se recogen de distintos organismos, demuestran que «en la mayoría de las áreas no se aprecia mejoría alguna y que, en aquellas en las que sí la hay, los avances no se están dando a la velocidad y escala necesarias para alcanzar los objetivos marcados para 2030». Es decir que, aunque los gobiernos y ONG de 194 países se han comprometido a trabajar en el cumplimiento de esta agenda, en persepctiva, todo indica que el esfuerzo de estos actores no será suficiente, lo cual traerá consecuencias terribles para la humanidad y para el planeta.

¿En dónde se sustenta esta situación? Según el informe «Las empresas con propósito y el auge del cuarto sector en iberoamérica», realizado por la Secretaría General Iberoamericana y el Centre of the Governance for change, este «fracaso» -según lo califican- radica en varias carencias. «Faltan políticas públicas que afronten el reto social y medioambiental de manera integral y ambiciosa, así como un compromiso más profundo por parte de la ciudadanía. Falta también innovación tecnológica que nos permita realizar tareas como extraer el de CO2 de la atmósfera y, por supuesto, falta inversión». Según aclaran en el documento, «la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estima que serán necesarios más de 2,5 billones de dólares de financiación de aquí al 2030 si se quieren cumplir los 17 ODS». Estos montos se ven aun más lejanos, en un contexto actual de estancamiento del crecimiento económico, el aumento de las desigualdades y la degradación medioambiental que evidencia la actualidad.

En este marco, el informe plantea que «se hace necesario repensar el funcionamiento de los mercados y dotarlos de un nuevo propósito como única vía para corregir la fallida trayectoria actual». La tansformación que proponen, debe partir del modelo clásico —ya obsoleto— de organización económica y social, constituido en torno a tres sectores: gobiernos, sector privado y ONG. De este modo, pretenden derribar una premisa implicita que guió los últimos años, según la cual, el sector privado no puede tener otro objetivo que la maximización de los beneficios. El estudio, sin embargo, desmiente este supuesto y resalta la aparición de un nuevo cuarto sector económico, formado por empresas con propósito social y medioambiental, que está consolidándose tanto a nivel mundial como en Iberoamérica, donde vive el 10 % de la población mundial. Los datos que ofrecen, refuerzan esta mirada, ya que -según aclaran- «este cuarto sector representa ya el 6% del PIB total de los siete países analizados (Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Portugal y España), que conforman el 87 % de la economía de la región. Asimismo, se trata de un sector que emplea a casi 10 millones de personas al año».

La búsqueda del propósito

Iberoamérica está siendo escenario del surgimiento de una nueva generación de empresas cuyo propósito va mucho más allá del mero beneficio económico. Si bien se las puede encontrar bajo diversas formas jurídicas y se enmarcan dentro de distintas corrientes (como el emprendimiento social, la economía circular, la banca responsable o el comercio justo), todas comparten un mismo objetivo: atajar los problemas medioambientales y sociales valiéndose de la fuerza del mercado.

¿Qué las caracteriza? En las páginas del informe explican que, «al igual que las empresas tradicionales, obtienen el grueso de sus ingresos a través de actividades comerciales que les permiten ser autosuficientes, crecer y producir un impacto a gran escala. No obstante, y como ocurre con las organizaciones sin ánimo de lucro y los gobiernos, su objetivo principal es generar un impacto positivo en el mundo gracias a sus productos, servicios, prácticas y/o beneficios; al tiempo que reducen al mínimo sus externalidades negativas». Como resultado de la incorporación de estos valores y prioridades, se puede encontrar un sector privado que ya comenzó a transformar sus modelos productivos y organizativos para alcanzar los estándares de sostenibilidad y justicia social que clientes, empleados, inversores y legisladores demandan. Estas características entonces, las convierten en uno de los mejores aliados con que cuentan las sociedades para alcanzar los 17 ODS en 2030.

Otra particularidad tiene que ver con la manera en que éstas organizaciones las relaciones internas entre sus colaboradores. «Las empresas con propósito se componen de individuos que se reconocen como iguales y deciden trabajar juntos de forma colaborativa y justa. En consecuencia, sus estructuras de gobernanza y propiedad tienden a ser más inclusivas y democráticas: ofrecen voz y voto a sus empleados, clientes y proveedores (en lugar de escuchar únicamente a los inversores) y distribuyen de forma más equilibrada sus beneficios entre los distintos actores».

Por último y con el fin de garantizar que estos principios y buenas intenciones, muchas de ellas adoptan fórmulas de propiedad y estatutos legales que fijan su compromiso con la sostenibilidad y los derechos humanos. Asimismo, cuentan con mecanismos de supervisión interna y someten sus resultados a auditorías externas que avalan su total transparencia.

El estudio

Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, México y Portugal fueron los países en donde se realizó este estudio, que tuvo como objetivo analizar el estado actual de las empresas con propósito. Este conjunto de países, respresenta más del 87% del PIB total de la región y entre los datos recabados se destaca que en ellos existen al menos 170.000 empresas con propósito, las cuales generan en torno al 6% del PIB iberoamericano y emplean a casi 10 millones de personas.

Otro fenómeno que explican, refiere al papel cada más relevante que adquieren los gobiernos, conscientes de la necesidad de apoyar a este tipo de empresas. Así, «en los últimos años, once países iberoamericanos han adoptado o sometido a debate nuevas leyes y marcos legales destinados a tipificar y apoyar a aquellas entidades que combinan la actividad comercial con el impacto medioambiental y social, generalmente conceptualizadas como empresas sociales o empresas de beneficio e interés colectivo (BIC). En algunos países, el reconocimiento jurídico ha ido acompañado, a su vez, de incentivos fiscales y ayudas en los procesos de contratación pública», explican.

A pesar de estos avances, los especialistas advierten que las empresas con propósito carecen todavía de un ecosistema adecuado que les permita crecer haciendo efectiva su triple voluntad de impacto. ¿Qué se requiere para alcanzarlo? Si se quiere alcanzar los ODS en 2030 -expresan- es necesario «ir mucho más allá de las reformas graduales propias de la responsabilidad social corporativa (RSC) y transformar el modo en que opera el sector privado; impulsando un sistema económico nuevo en el que las empresas puedan y deban generar beneficios sociales, ambientales y económicos, al tiempo que reducen al mínimo sus externalidades negativas». Desde diversos sectores sociales, éstas ya son demandas que se hacen escuchar. «Tres cuartas partes de los ciudadanos iberoamericanos consideran que las empresas deben ser responsables con el medioambiente, y el 71 % está dispuesto a pagar más por productos de marcas sostenibles; un porcentaje que aumentó en 21 puntos entre 2011 y 2015» detallan los autores.

Por otro lado, «en países como Argentina, Brasil y España, la mayoría de la población opina que es muy importante que las empresas empiecen a guiarse por los ODS, y entre el 76% y el 90% está más dispuesto a consumir bienes y contratar servicios de una empresa que haya integrado la Agenda 2030 en su estrategia». Este cambio de paradigma está especialmente asentado en los millennials (aquellos nacidos entre 1981 y 1996) quienes expresan mayor compromiso que a su generación anterior, al elegir un producto o aceptar un puesto de trabajo. En cuanto a la mirada desde la oferta, «el 70% de los ejecutivos latinoamericanos cree que toda empresa necesita una estrategia basada en la sostenibilidad para ser competitiva, y el 40 % afirma que las actividades respetuosas con el medioambiente han hecho crecer sus beneficios en los últimos años» describen.

¿Por qué les cuesta crecer y consolidarse?

Aunque son muchos los factores los que se describen en el documento, los autores resaltan la importancia de uno: la falta de un ecosistema propicio. ¿Qué sucede? «Una vez incubadas y constituidas, las empresas con propósito se ven abocadas a competir en un sector privado que no ha sido diseñado para ellas, sino para las grandes empresas con ánimo de lucro tradicionales que, desde tiempos de Friedman (1970), priorizan el beneficio de sus accionistas frente al beneficio de la sociedad». Entre los problemas que esto acarrea se encuentran, por ejemplo, la ausencia de un marco jurídico específico que contemple su naturaleza híbrida. Asimismo, «estas entidades tienen dificultades para atraer el talento adecuado, ya que la mayoría de universidades y escuelas de negocio siguen formando a sus estudiantes en el viejo paradigma económico» relatan. Como resultado, «a estas empresas les cuesta superar la fase de start-up, escalar sus negocios y tener el impacto que Iberoamérica necesita» afirman.

En líneas generales el panorama que presenta el documento augura un futuro prometedor, pero subrayan que este sector aun se encuentra en una fase embrionaria y que -todavía- queda mucho por hacer. «La consolidación del cuarto sector será una labor larga y compleja, que requerirá de un esfuerzo multisectorial y que deberá desarrollarse de manera progresiva» determinan.

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