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Entrevista con Francois Vallaeys

Con la creación de URSULA, un nuevo espacio regional François Vallaeys propone repensar el rol de la universidad. Ética, conocimiento compartido, responsabilidad social y mucha acción, marcan la agenda de trabajo para estas instituciones.

Su nombre es uno de los imprescindibles a la hora de hablar de Responsabilidad Social Universitaria. A través de un carisma inconfundible, el filósofo francés, radicado en Perú, François Vallaeys, transmite en cada una de sus conferencias y clases en diversas universidades, todo su conocimiento y experiencia, pero algo mucho más importante también. Sus planteos y teorías sobre la ética, la educación, el rol de las organizaciones, entre tantos otros, logran interpelar por igual a toda su audiencia, proponiendo no sólo cuestionamientos en el plano teórico, sino siempre dejando a mano, claras herramientas para transformar todo eso en acción.

Eso lo llevó a crear URSULA, la Unión de Responsabilidad Social Universitaria de Latino América  como espacio de confluencia de diferentes actores para no sólo discutir el rol de la universidad, sino diseñar una agenda común ofreciendo estrategias innovadoras y metodologías para llevarla a cabo. Hoy, a cuatro años, esta iniciativa ya nuclea a más de 150 universidades que fueron convocadas a participar del 1° Foro Regional URSULA: Responsabilidad Social, Universidad y Desarrollo Sostenible, realizado a mediados de abril en la Universidad de Mendoza, con el apoyo de la Iniciativa de Innovación Social de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y Universidad del Pacífico, Perú.

En su breve paso por Buenos Aires, antes del evento -y en un español que domina a la perfección- Vallaeys se tomó un tiempo para dialogar con Alessandra Minnicelli, presidenta de la Fundación Observatorio de Responsabilidad Social y de Fonres.

Uno de los objetivos que se plantean desde URSULA es redefinir el modelo político y de gestión de las universidades de la región. ¿De qué modelo hablamos?

Se trata de un modelo conservacionista con mucho peso y que su perversidad consiste en que contempla el rol social, pero lo atribuye a un órgano de la universidad, que es la Extensión. De allí, que se entienda la RSU, como algo que «Siempre lo han hecho». El tema es que la extensión es la última rueda del coche, le tocan pocos recursos, el voluntariado, la «buena corazonada» pero no pasa a formar parte curricular y -sobre todo- podemos ser muy buenos en la extensión y muy malos en la gestión. Lo que hace que el estudiante está permanentemente leyendo un doble discurso. Esa desintegración la vivimos todos los días porque todos somos contradictorios que pregonamos el bien y hacemos lo que está pasando en el mundo de hoy, que – como dice Edgar Morin- es un «Titanic Planetario».

¿Cuál es la urgencia de alcanzar una nueva forma de entender la universidad?

Redefinir el rol social de la universidad, es un tema urgente. Y para eso debemos realmente estar todos detrás e interesando a muchísimas otras personas, ya sean estudiantes, docentes, investigadores, autoridades. Sentimos que hay un desfase entre las urgencias del mundo de hoy y ese proceder del Siglo XIX o XX. Es algo mono disciplinario: el profesor que se para en el salón de clase, frente a los estudiantes que están en un monocultivo de cebollas, todos escuchando, como si fueran un escuadrón militar. América latina tiene una vida universitaria muy fuerte desde el sector público y también desde el privado, entonces hay miles de estudiantes y profesores que están ahí para estudiar, conocer y construir conocimiento. Es un capital social enorme.

Es por eso, que tenemos en URSULA un mapa de 12 metas socialmente responsables para la universidad que enfoca gestión, formación, investigación y participación social y que trabaja los temas de ética, inclusión clima laboral en la gestión. Obviamente, apuntamos a campus sostenible, porque no podemos pregonar lo que no practicamos en casa. En formación defendemos el aprendizaje servicio, las mallas curriculares consensuadas con actores externos y la inclusión allí de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), porque vemos un gran desconocimiento sobre éstos. Mis alumnos, que son directivos, gerentes, personas que tienen poder, no los conocen. Tampoco conocen el comercio justo, la economía circular, la economía de funcionalidad, no saben nada de economía regenerativa, etc. Las personas que toman decisiones que hablan de transición digital, pero nadie habla de la transición ecológica. Entonces -como dije- estamos en el Titánic Planetario, y en lugar de mirar los icebergs y decir que tenemos que cambiar de rumbo, estamos festejando en el salón VIP con la orquesta, mientras el barco se sigue hundiendo.

En la teoría está muy instalada la Responsabilidad Social (RS), pero vos hablás de una falta de decisión en la acción, integrando a todos los actores. ¿Crees que existe un vínculo con los cambios de la gestión política regional, donde muchos países han pasado de tener un modelo social nacional a un modelo conservador? ¿Daña esto de alguna manera a la RS?

Si, por supuesto. Pero el salto es para adelante, en el sentido de que lo que más le falta a esta visión social de América latina (AL) sobre sí misma, es pasar a un enfoque de ecología política. Y cuando hablamos de ecología, no hablamos de naturaleza, sino de la habitabilidad del planeta para nosotros, de dignidad, de bienestar. No podemos separar.

Nuestro pensamiento occidentalizado, globalizado es el de la separación, los individuos soberanos, caen del cielo, son sustancias en sí mismas. Seguimos creyendo eso y no tenemos ni siquiera los conceptos y los paradigmas para sentirnos parte inseparable del otro, «Tu y yo», «Ubuntu», «Yo soy lo que tu eres».

Creo que los sectores sociales progresistas de AL deben converger hacia este pensamiento ecológico político, reponiendo la economía sobre sus pies. Nuestra región tiene la selva, la diversidad, la agroecología, una historia común: el colonialismo, el post colonialismo, el anticolonialismo. Es una historia que recorre desde México hasta Ushuaia. Entonces, ¿por qué no hacemos una unión latinoamericana? Y si los políticos no quieren hacerla, pongámosla nosotros en agenda.

 ¿Cuáles son a tu criterio los efectos globales que tienen las malas prácticas en Responsabilidad Social?  

Cuando uno habla de RS le dicen: «ah si, generosidad social, solidaridad social,  la buena corazonada, el buen acto, la contribución, el compromiso, los valores».

La RS es colectiva por definición, no hay RS individual porque eso es una contradicción a término. Y ¿de qué somos responsables colectivamente? de nuestros impactos ambientales y sociales. Lo dice la ISO 26.000 y todas las demás herramientas. Eso ya está asentado. Pero el problema consiste en entender qué es un impacto. No es lo que yo hago para el otro, sino lo que mis rutinas de vida sin querer contribuyen -junto con tus rutinas- en hacer emerger sistémicamente. Por ejemplo, yo he venido en avión, entonces, cada minuto de mi palabra ha gastado toneladas de CO2 para la atmosfera desgraciadamente.

Significa así, tener una visión sistémica del co-bussines de cada actividad colectiva, lo que fuerza la empresa, el club, el Estado, cual fuera la organización. Y para ello, deben hacer un autodiagnóstico permanente crítico sobre toda su cadena de valor. Cuando hacemos esa reflexión descartamos la buena contribución y la foto de la buena acción y empezamos a ser más serios. Eso nos conduce a la innovación social. Los jóvenes empiezan a ver las cosas así, ya que son más del conocimiento compartido, de inteligencia colectiva, quieren esa innovación. Si tenemos bien claro ese concepto de responsabilidad por impactos, el camino está dibujado.

Los contenidos que transmitís en tus cátedras, ¿van realmente permeando en la formación universitaria de los jóvenes para luego tener hombres éticos al frente de la dirigencia política, sindical, universitaria?

Es muy difícil decirlo, ya que estamos en los inicios para decidir si va a ganar la ola de innovación o el conservadurismo y la zona de confort. Lo que sí estoy notando en los jóvenes es que hay primero, un abandono completo del formalismo y eso no es un detalle, porque cuando nos organizamos de forma diferente, cuando el diseño de nuestra relación es más circular y menos piramidal muchas cosas se pueden dar. Además, la revolución tremenda que fue internet, nos ha ayudado mucho en AL. El conocimiento ya no está en el cerebro del profesor está a disposición de todos y es a la vez un derecho y un bien común. AL tiene muchos problemas que resolver y necesitamos ese conocimiento.

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