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La creatividad como motor de desarrollo

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En los últimos años han surgido distintos «apellidos» para definir los tipos de economías que se presentan. Ejemplos como circular, azul, verde, dan ciertas pistas para entender hacia dónde apunta. Pero, ¿la economía naranja?

El color remite a la creatividad, por ello, este fenómeno se sustenta en la imaginación y el talento como moneda de cambio, fusionando valores económicos y valores culturales. En este Mitos y Verdades, un punteo por las principales características de este concepto, con el fin de «sacarle el jugo» a todo lo que de él se desprende.

 

Existe un concepto acabado de la Economía Naranja.

<Falso>

Si bien es un término que ya tiene larga data, todavía resulta complejo poder encasillarlo plenamente dada la multiplicidad de actividades que pueden agruparse bajo su paraguas. Surge muy emparentado a la idea de la «Economía Creativa», del libro «The Creative Economy» escrito por John Howkins. Esta esfera comprende sectores como  arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, publicidad, software, TV y radio, y videojuegos. Sin embargo, en la búsqueda de establecer límites más precisos, el Banco Interamericano de Desarrollo, (BID) la define como “el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual». En síntesis, y más allá de los puntos de encuentro o desencuentro, ambas tienen el mismo trasfondo: la creatividad como recurso y de allí el color naranja que, se asocia a con ésta.

Está en un proceso de crecimiento en América latina.

<Verdadero>

Si bien el Reino Unido ha sido líder en el desarrollo de este tipo de economía, países de América latina vienen marcando un paso firme y con acciones concretas. Un ejemplo de ello es Colombia, país en el cual se está apostando de manera audaz y radical en la transformación de las ideas en bienes y servicios de alto valor agregado. Tal es así que el presidente de ese país, Iván Duque firmó el pasado 12 de septiembre, el Decreto 1669 de 2019 que oficializa y reglamenta beneficios tributarios previstos para la economía naranja en el Plan Nacional de Desarrollo y la Ley de Financiamiento. El objetivo final es potenciar allí la industria tecnológica y creativa, para la generación de empleo y crecimiento económico. En Argentina, según SINCA (Sistema de Información Cultural Argentino), las industrias creativas representan más del 3% del PBI.

 

El peso real de las industrias creativas reposa únicamente en su valor económico

o impacto social o cultural.

<Falso>

Es indiscutible el gran valor que aporta este tipo de economía tanto al desarrollo en términos monetarios como así también en las esferas sociales y culturales. No obstante, hay un aspecto que no está muy a la vista, pero -según los especialistas- allí es donde radica su gran fuerte. Tiene que ver con el hecho de que sirve de modelo para todos los demás sectores económicos, que están obligados a adaptarse. Un ejemplo que grafica esta situación, surge del paralelismo con el rol que cumplieron las grandes fábricas de los siglos XIX y XX, que forjaron economías, sistemas educativos y sociedades enteras. En este caso, las industrias creativas pueden determinar la naturaleza de la economía mundial en un futuro próximo, abasteciéndola de este modo, con conocimiento y dinamismo.

 

Resulta fácil cuantificar el verdadero impacto que la Economía naranja produce.

<Falso>

Algo que caracteriza a la cultura, es que nunca se queda quieta. Es en este punto entonces, donde los economistas y estadísticos continúan debatiendo acerca de cómo deben ser definidas y de cómo estimar su valor. Sumado a ello, existe un actor híbrido, que según sus propias definiciones no forma parte de la industria, pero que en términos objetivos o técnicos sí. En este grupo se integran -por ejemplo- los creadores, emprendedores, artistas o incluso activistas sociales quienes muchas veces optan por no definir sus actividades en términos económicos. Sin embargo, en donde sí se encuentra consenso es en el punto en que la actividad creativa comienza a formar parte de la industria creativa: a través de la propiedad intelectual.

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