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Editorial

Read Carefully

Por Alessandra Minnicelli, Directora Académica de EduFors. 

Saliendo del enfoque estrictamente jurídico, donde el deber de «Minimizar el daño» tiene larga data, mi pretensión es que podamos abordarlo desde el modo en que se inserta en la esfera de la Responsabilidad Social (RS) y señalar su posible fundamento como forma de operar o trabajar su evitabilidad, si es que ello es posible. Hacerlo, no obstante, sin necesidad de buscar herramientas para “oponer la contraria“, como está ocurriendo hoy con las plataformas que comentamos en esta edición, ya que esa es sólo una forma de poner en crisis una noticia falsa.

La otra forma es interrogarnos acerca de si existe hoy una ruptura unilateral del compromiso con el otro, con informar y difundir con veracidad y sin otro interés que el de comunicar una noticia. Esta forma sería como una cláusula social no expresa que nos compromete a todos. Cuando ocurre una fake news, hay sin duda una necesidad de aprender a pensar.

Como explica Jean Piaget “El principal objetivo de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho. El segundo objetivo de la educación es formar mentes críticas, con capacidad de verificación, que no acepten sin más todo lo que se les da”.

El hecho de que pensemos espontáneamente, no nos previene para sucumbir a las estratagemas de demagogos; no nos garantiza la racionalidad consistente de nuestro comportamiento. De verdad, hay una larga lista de formas documentadas en la cual nuestro razonamiento comúnmente se extravía[1].

Entonces, como se trata de adquirir buenas habilidades de pensamiento, van algunos “tips orientadores” que si quieren pueden usar como alertas:

Organizar pensamientos y articularlos concisa y coherentemente distinguiendo entre inferencias lógicamente válidas e inválidas; suspender juicios en ausencia de evidencia suficiente que sostenga una decisión y comprender quién origina la información; Tener sentido del valor y costo de la información; poder aprender independientemente y escuchar cuidadosamente las ideas de otras personas; comprender la diferencia entre ganar un debate a través de un argumento y que éste sea correcto; reconocer que la mayor parte de los problemas del mundo real tienen más de una solución y requieren creatividad y enfoques no usuales; asumir que el entendimiento es siempre limitado. y saber diferenciar entre conclusiones, suposiciones e hipótesis; poder representar diferentes puntos de vista sin distorsión, exageración o caricaturización.

Y por último, reconocer la falibilidad de nuestras opiniones, la manera en que nos predisponemos hacia ellas y el peligro que representa ponderar  la evidencia de acuerdo a a nuestras preferencias y contextos.

Hay muchas más, pero en síntesis, concluyo con la idea de que pensar es una habilidad que se aprende a través del ejercicio.


 

[1] Nickerson, Perkins & Smith, 1985; Nisbett & Ross, 1980; Tversky & Kahneman, 1974).

 

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