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DES-informar

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En la era actual, marcada por un inédito caudal de información, surgen herramientas que exigen un replanteo de las reglas de la comunicación. El lado B de medios como Facebook y WhatsApp, para vehiculizar campañas políticas o de desprestigio con contenidos falsos a gran velocidad y a bajo costo.

Ejercitos de trols, fake news (noticias falsas) y campañas sucias en períodos electorales están a la orden día y contra la democracia. El tema trasciende la responsabilidad de medios de comunicación, porque Internet y las nuevas tecnologías, permiten por un lado, la propagación veloz y gratuita de noticias falsas a través de las redes sociales o servicios de mensajería entre los ciudadanos, y por otro, herramientas más sofisticadas para la creación y enmascaramiento de esos contenidos. Con el objetivo de minimizar el daño, existen diferentes iniciativas de organizaciones de la sociedad civil, gobiernos y medios de comunicación en todo el mundo, que proponen desde plataformas digitales para verificar la veracidad de las noticias, hasta la capacitación de periodistas y ciudadanos para identificar la intencionalidad y falsedad de la información e impedir su propagación.

Según la encuesta de satisfacción política y opinión pública (#ESPOP), realizada de manera conjunta con el centro de estudios de Medios y Sociedad (MESO) de la Universidad de San Andrés, a partir de 1000 entrevistas realizadas entre septiembre y octubre de 2018, adultos de entre 18 y 64 años conectados a internet en 23 provincias y CABA, afirmaron preferir informarse por TV (37%), mientras que un 27% hacerlo a través de sitios online de noticias y un 17% en redes sociales. Dentro de este último segmento, el 76% de los encuestados dijo informarse a través de FB, el 49% por WhatsApp, el 26% en Instagram y el 23% por Youtube. Para Laura Zommer, directora Ejecutiva y Periodística de Chequeado.com, el problema de la desinformación es global y tan complejo, que excede a medios de comunicación y redes sociales, y abarca a todas las personas.

Muchas veces las noticias falsas tienen todavía más chances de ser compartidas que las verdaderas, en tanto, “según la neurociencia, tienen la característica de ser novedosas y apelar a las emociones, algo que no siempre tienen las noticias verdaderas. Eso hace que llamen más nuestra atención. Además, muchos de esos contenidos llegan de nuestros familiares, amigos o gente con quien tenemos una afinidad, que no necesariamente son una fuente autorizada para hablar de un tema. Cada vez existen más tribus donde funcionan burbujas de contenido o de información que no dialogan entre sí y se retroalimentan entre gente que piensan parecido y no necesariamente son contrastados”, dijo Zommer.

A esto se suma lo que se denomina consumo incidental de noticias, que también fue relevado por otro artículo realizado por SOMA, a partir de entrevistas con jóvenes de entre 18 y 29 años. Este fenómeno refiere a una manera puntual de consumir noticias a través de los dispositivos móviles y como un hecho accesorio a la actividad de pasar tiempo en las redes sociales. En este contexto las noticias son consumidas de manera fragmentada y fuera de contexto y, en muchos casos, “responden a los propios sesgos o prejuicios de quienes las consumen”.

Chequeado surgió en 2014 como una herramienta para contrarrestar la desinformación. Comenzaron con una sección que se llamó “Falso en las redes” cuando identificaron que muchas veces había temas de los que todo el mundo hablaba y era difícil identificar donde se había generado esa noticia. “Una de las características de la desinformación es la falta de transparencia, no siempre es claro a quién beneficia o perjudica esa noticia. En muchos casos podés determinar quien la viralizó, pero no siempre se puede saber quién la generó”.

En esta línea, y con el objetivo de llegar con las desmentidas a un mayor número de personas, desde julio están liderando Reverso, un proyecto colaborativo que cuenta con el apoyo de  AFP Factual, First Draft y Pop-Up Newsroom y más de 100 medios y empresas de tecnología que permitirá publicar las verificaciones en simultáneo durante el proceso electoral. La iniciativa recibirá apoyo económico de Facebook Journalism Project, Google News Initiative, Luminate y WhatsApp, quienes financian las capacitaciones que se harán en todo el país y al equipo de periodistas que trabajará en la redacción central de Reverso en la redacción, edición y producción audiovisual, comunicación y redes.

Los medios podrán participar de acuerdo a dos modalidades: como aliado productor de contenido o como aliado difusor colaborando la divulgación del contenido producido. La redacción funcionará de manera descentralizada en todo el país con una mesa central en la redacción de Chequeado. El equipo se dedicará a la selección y revisión permanente de artículos, audios, imágenes y videos de las redes sociales que Facebook, Instagram y Twitter; de mensajería privada, como WhatsApp; y de plataformas de crowdchecking, como Chequeo Colectivo, y video, como YouTube.

Proyecto Desconfío es otra propuesta argentina que surgió para dar batalla a la desinformación. Se trata de la evolución de “Fake News Argentina” otra iniciativa de la Organización de la Sociedad Civil, Datos Concepción, que trabaja en temas tales como la apertura de datos públicos, periodismo de datos, capacitaciones en uso de datos para empresas, organizaciones y gobiernos. La organización trabaja desde hace poco más de un año en el estudio del funcionamiento de las noticias falsas, tanto en las elecciones argentinas y como en Latam. Por un lado, buscan intervenir en la dinámica de circulación de información falsa y de la desinformación en redes sociales a partir de la capacitación de periodistas, instituciones educativas y usuarios finales. Por otra parte desarrollan un proyecto de investigación académica junto a la Universidad de Concepción del Uruguay, que tendrá un reporte parcial en octubre. “Estamos tratando de entender mejor el problema y cómo va mutando. Se trata de un fenómeno muy dinámico que exige estar muy actualizado porque las estrategias cambian todo el tiempo, los ejércitos de trolls cambian sus técnicas y las tecnologías implicadas también se modifican”, explicó Adrián Pino periodista, Coordinador de Proyectos de innovación de Datos Concepción.

Un periodismo socialmente responsable

La tecnología, la ubicuidad que permiten los dispositivos móviles, Internet y las redes sociales, cambiaron la forma en la que nos informamos. Esta nueva manera de consumir noticias y los riesgos acarrea la desinformación, exigen ciudadanos con nueva habilidades. En este cambio, el rol del periodista “adquiere un valor crucial porque tiene la responsabilidad de decirle a la gente que eso que le gustaría creer, en realidad no es así. Se instala la responsabilidad de chequear y de no compartir ningún contenido con un alto grado de certeza. Esa responsabilidad es más fuerte en periodistas, líderes de opinión y políticos, pero también en cada persona, en el grupo de WhatsApp donde se discute un tema de salud, por ejemplo. Hay nuevos desafíos para los que tenemos que encontrar herramientas que nos inmunicen. Un consejo sencillo es que, si apela directamente a tus emociones, desconfiá”, enfatizó Zommer.

Para Pino, la potencia de la tecnología y la velocidad en la que se disemina la información, sobre todo en redes sociales, requiere de un alto grado de comprensión del fenómeno para lo que es necesario encarar proyectos de investigación. “Eso está faltando en Argentina. Hay fuegos artificiales respecto de las fake news, pero nadie está investigando seriamente el fenómeno. En última instancia, lo que está en juego es la democracia, la calidad de información que reciben los ciudadanos para tomar decisiones, pero también las empresas. Una empresa que tiene información de baja calidad, toma decisiones equivocadas y los negocios funcionan a escala global, con intervención extranjera, con campañas de manipulación y mucho dinero puesto en juego para desinformar”.

En Datos Concepción trabajan en un proyecto educativo que estará operativo a fin de año, para capacitar a docentes que puedan, a su vez, llevar el tema a las aulas a través de materiales didácticos.

La desinformación es impulsada por gente que busca ganar dinero o poder, y circula, no solo porque los creadores de esas campañas son muy efectivos para conseguirlo, sino porque hay mucho desconocimiento en la ciudadanía. “Una manera de que la desinformación no siga extendiéndose, tiene que ver con que la gente pueda desarrollar algunas habilidades que los sistemas educativos de Argentina y el mundo no están enseñando adecuadamente. Enseñar a los niños y adolescentes que no hay una única visión de distintos asuntos, sino diversas perspectivas. Qué hay que hacerse las preguntas incómodas y no las fáciles”, enfatizó Zommer.

Las operaciones de prensa y propaganda son un fenómeno histórico, lo que es nuevo, según señalan los especialistas, es la tecnología disponible y la manera en la que se consumen los contenidos que permite que haya millones de personas que contribuyan a que ese problema se haga más grande. “En contextos polarizados, la gente prioriza llevar agua a su molino, probar que su punto es verdad, porque es cercano a lo que piensa, no porque sea real, y lo comparte. Ese es un problema. Un tema importante es empezar a jerarquizar el lugar de los moderados en las redes sociales, en lugar de el que más grita”, agregó Zommer.

En Chequeado también tienen un programa educativo enfocado en  periodistas y adolescentes, donde trabajan temas como el pensamiento crítico, el conocimiento de los propios sesgos y el rol del moderado, en tanto posición más compleja, con diferentes capas análisis y matices. “Algunos dicen que estas son habilidades del futuro, y yo creo que son habilidades del presente que todavía no estamos abordando. No necesitamos que un pequeño grupo tenga capacidades de análisis crítico, necesitamos que esto sea masivo, que tenga el mismo alcance que el celular”.

Por último, los especialistas coincidieron en que tanto los medios como las grandes plataformas tecnológicas deberían ser los principales interesados en cuidar y preservar su credibilidad, en tanto son el vehículo que utilizan quienes difunden contenidos falsos.


Glosario

Posverdad: distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales,​ en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

Trol: un trol describe a una persona con identidad desconocida que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat o comentarios de un blog, para provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios.

Bot: programa informático que efectúa automáticamente tareas repetitivas a través de Internet, cuya realización por parte de una persona sería imposible. En las redes sociales, los bots se utilizan para simular la interacción humana, hinchando artificialmente el número de visitas o seguidores, o automatizando respuestas para posicionar mensajes o influir en debates.

Fake News: toda aquella información fabricada y publicada deliberadamente para engañar e inducir a terceros a creer falsedades o poner en duda hechos verificables.

Consumo incidental de noticias: sucede como resultado menor de una actividad principal, que es estar en redes sociales.

Desinformación: información errónea que se da, generalmente de manera intencionada.

 

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