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Reparar Objetos. Reparar el ambiente.

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Con iniciativas como la del Club de Reparadores, la tiranía del descarte comienza a perder la batalla. Encuentros itinerantes que rescatan la olvidada -pero clave en términos de sostenibilidad- idea de «arreglar» en vez de «comprar».

El modelo de consumo actual es insostenible y eso ya se está observando en todo el planeta. Una utilización excesiva de materia prima, que pocas veces procede del reciclaje de productos anteriores, un aumento de los gases de efecto invernadero generados por la producción y grandes cantidades de desechos que tampoco se suelen reutilizar, dan como resultado una postal alarmante, no sólo para los habitantes actuales del planeta sino para las próximas generaciones también.

Sumado a ello, en esta sociedad de consumo, los objetos que forman parte de nuestra vida diaria, adquirieron un rol que excede la función para la cual fueron creados. Son símbolo de estatus, de pertenencia y forman parte de la imágen que se quiere dar. Reflejo de ello son las miles de personas que corren una carrera invisible entre sí para adquirir la última versión de un celular, el modelo más reciente de una tablet o para estar al día con las tendencias de la moda.

Si bien la alarma ambiental ya está sonando y adquiriendo más espacio en la agenda internacional, la cultura de lo descartable todavía está instalada, y no sólo porque vivimos bajo la dictadura de la obsolescencia programada, sino porque el mismo paradigma de diseño de los productos, impide o dificulta las vías alternativas para evitar su descarte o inutilización.

Conscientes de esta situación, hace cuatro años, Melina Scioli, Julieta Morosoli y Marina Pla, decidieron poner en marcha el Club de Reparadores, un movimiento que busca promover esta práctica como estrategia para el consumo responsable.

«A raíz de entender lo difícil que es el reciclaje y los desafíos que éste plantea para funcionar como vía para el final de la vida útil de los objetos, tomamos conciencia del valor que tiene la reparación en términos ambientales: alargando el tiempo de uso de los productos, reduciendo los residuos y haciendo un uso más eficiente de los recursos. Desde nuestra organización decimos que reparar es más eficiente que reciclar».

¿Cómo funciona el club? Se trata de un evento itinerante al que convocan a participar a personas de todas las edades y ocupaciones. Unos llegan con elementos para reparar y otros, aportan algún tipo de conocimiento para esa tarea. «La propuesta consiste en invitar a gente que se sume de manera voluntaria y que tenga ganas de venir a colaborar. Armamos mesas de trabajo por rubro para intercambiar saberes, compartir herramientas, fomentando así la colaboración entre pares» describe Pla.

Cambios necesarios

La co fundadora de este proyecto explica que uno de los motivos por el cual las personas se inclinan por comprar un producto nuevo en vez de repararlo, radica en la forma que éstos fueron diseñados. «Cada vez más, los objetos tecnológicos con los que interactuamos son como una caja negra blindada, no tenemos idea de como funcionan. Como consumidores estamos mucho más lejos de lo que estaba -por ejemplo- la generación de nuestros abuelos de sus radios».

Afortunadamente, además de iniciativas como las del Club de Reparadores, distintas organizaciones y  colectivos de consumidores en diversos países, están exigiendo nuevas legislaciones a los estados y un compromiso real a los fabricantes para que sus productos sean reparables.

En este contexto, se inserta el movimiento Right to repair (“Derecho a reparar”) el cual ya se está instalando en Europa. Allí, se votó una nueva norma que

entraría en vigor en el 2021 y que obligará a los fabricantes a proveer repuestos y componentes para sus aparatos para que técnicos profesionales independientes puedan repararlos, no sólo los fabricantes, tal como sucede actualmente.

Según explica Pla, la cultura de «usar y tirar» es aún mucho más alarmante en otros países con economías más desarrolladas, que lo que sucede en Argentina. Si bien resalta que las situaciones económicas adversas como las que se viven en nuestro país, juegan un papel importante a la hora de optar por comprar un producto nuevo o ingeniarse para poder seguir utilizándolo, «el problema del consumo y del descarte en muchos otros países es más obsceno de lo que vivimos acá» relata y agrega: «Creo que como consumidores tenemos que aprender a asumir roles más críticos, más activos y de mayor responsabilidad en relación a los productos que compramos».

Pero no toda la responsabilidad recae sobre el consumidor. Como otro eslabón clave de esta cadena, las empresas también deben cambiar su forma de producción, desde la etapa de gestación hasta el final de su vida útil, visión que se enmarca en las Leyes de Responsabilidad Extendida del productor. «Una marca no puede diseñar un producto sin pensar en el final de  su vida útil. Eso en nuestro país está pendiente», remarca Pla.

Llegar a esas instancias, según explica, no es una tarea fácil. «Muchos de estos cambios son desafiantes, porque implican repensar modelos dentro de las empresas y tienden a ser muy difíciles de llevar a la práctica. En el marco de la RSE creo que hay muchas empresas que intentan `más o menos´ cumplir o mostrar que están haciendo algo, pero a la luz de los informes recientes del IPCC e IPBES  y en el marco de la gravedad del deterioro del clima y  los ecosistemas, la sensación es  que están haciendo demasiado poco o demasiado tarde» enfatiza.

Un triángulo virtuoso

Además del aspecto ambiental, el Club de Reparadores se propone impactar en los social y en lo económico. Una de las acciones que realizan en cuanto a lo económico se orienta a promover el trabajo de los reparadores barriales como así también impulsar los comercios que venden herramientas e insumos para la reparación. Así, antes de cada evento, relevan a estos actores locales, los invitan a participar, conforman un mapa con sus datos y de este modo colaboran en la visibilización de sus servicios. Actualmente además, están desarrollando una guía digital que planean lanzar el año que viene, donde se encontrarán todos los trabajadores del rubro en cada zona.

Como tercera arista de este triángulo virtuoso, no pasa desapercibido el valor social que aportan los encuentros en las comunidades. A través de un acercamiento entre los vecinos, refuerzan los lazos de colaboración, revalorizan a las personas y sus saberes, construyendo resiliencia social. «Las instancias del club son para generar conciencia pero también son instancias de encuentro comunitario, que sentimos que son espacios super valiosos de crear» resume Pla.

Tal es así, que desde el Club de Reparadores se proponen alcanzar con su mensaje la mayor cantidad de personas posibles. Para eso, una de las vías de amplificación se materializa a través de los eventos independientes o Club de Reparadores X. Los interesados en ser anfitriones de estos encuentros en su comunidad, sólo tiene que postularse a través de la web y si son aceptados, desde la organización compartirán con ellos su experiencia para que puedan llevarlo adelante de la mejor manera.

Otras de las iniciativas se da en el marco de la educación. El año pasado lanzaron el programa «Ligas menores» en escuelas secundarias de la capital federal. A través de esta propuesta desarrollaron talleres teóricos y prácticos sobre economía circular para los alumnos y se encuentran trabajando en capacitaciones docentes, para que en futuras oportunidades estos temas se sigan tratando en las aulas.

 

Fotos: Instagram: clubdereparadores

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