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Y ahora… ¿los cisnes verdes?

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Desde el año 2008 y a partir de la crisis financiera mundial, en el mundo de los economistas se venia hablando del “Cisne Negro”, una metáfora popularizada por el por el filósofo e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb, para hacer referencia a eventos raros que tienen un impacto catastrófico en la economía.

Inspirados en ese concepto, este año, un grupo de investigadores lanzó la idea del Cisne Verde. ¿De qué se trata? Al igual que el cisne negro, representa un evento anómalo, que provoca un fuerte impacto negativo y puede desestabilizar el sistema financiero, pero provocada por el cambio climático.

¿Qué identifica un cisne en economía?

Que sea altamente improbable

Que tenga un elevado impacto

Que se racionaliza en retrospectiva, como si pudiera haber sido esperado

El documento donde se instaura esta nueva metáfora, fue publicado por el Bank for International Settlements (BIS), conocido como “el banco de los bancos centrales”, con sede en Basel, Suiza. Allí advierten que si se produce una crisis financiera como ocurrió en 2008, los bancos centrales ya no tendrían cómo “salvar al mundo”. Cabe recordar que, en ese momento, los bancos centrales jugaron un rol vital para contener una catástrofe económica bajando las tasas de interés a niveles históricamente mínimos. Más de una década después, -según explican en el informe- las tasas aún están bajas, lo que no les deja poco espacio de maniobra para estimular las economías y empujar el crecimiento económico.

¿Cuándo y por qué?

En una reciente nota otorgada al diario Infobae, Romain Svartzman, economista argentino que formó parte del equipo creador de la idea del Cisne Negro, explicó que existen dos tipos de riesgos climático. El primero se llama riesgo físico, y se refiere a los impactos del cambio climático debido a un aumento en la frecuencia y magnitud de los eventos climáticos como los huracanes, inundaciones y olas de calor. El segundo tipo de riesgo es de transición. Se refiere al hecho que, para evitar los impactos físicos del cambio climático y que el calentamiento global alcance los 1,5 o 2 grados Celsius, necesitamos una transición extremadamente veloz. En ese marco, cuando y por qué podríamos ser testigos de un cisne negro el economista expresa que “Un riesgo sistémico se podría generar si uno de estos dos tipos de shocks o la conjunción de ambos llevara a instituciones financieras a no tener el capital suficiente para absorberlos”.

Los cinco grandes riesgos

Para llevar la figura del cisne a hechos concretos, los autores de la publicación identifican cinco tipos de riesgos asociados al cambio climático que pueden contribuir a que se produzca una crisis financiera.

Uno de ellos es el riesgo crediticio, entendiendo que el cambio climático puede inducir un deterioro en la capacidad de los deudores para pagar sus compromisos. Además, la posible depreciación de los activos utilizados como garantía de los préstamos, también puede contribuir a aumentar esta situación.

El segundo, se circunscribe a los mercados. Si hay un cambio brusco en la percepción de rentabilidad de los inversores, pueden producirse ventas rápidas de activos, lo que podría desencadenar una crisis financiera. Otro peligro al que hacen referencia, es al de la liquidez, mediante el cual ser podría afectar a bancos y a las instituciones financieras no bancarias. El riesgo operativo, que se produce cuando, producto de un evento climático extremo, las oficinas, los sistemas informáticos, pueden verse afectados. Por último, el riesgo de cobertura, ya que podría desencadenarse una cantidad de reclamos mayor a la esperada, poniendo en jaque a las empresas aseguradoras.

 

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