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100% GRACIAS

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Bajo un modelo de negocios disruptivo, esta empresa social, se define como un puente entre quienes tienen una necesidad y quienes desean contribuir a erradicar la pobreza en la Argentina.

Donde se cruzan el mundo corporativo y el de las organizaciones sociales, ahí se encuentra «Gracias«, no sólo por el modelo de negocios que utilizan, sino también por la historia recorrida por su fundador para crearla.

Se trata de una empresa que ofrece productos de consumo masivo, pero bajo un modelo de negocios muy particular. El formato disruptivo que eligieron propone que, por cada vez que alguien adquiere alguno de sus productos -y una vez cubiertos costos operativos básicos- donan el cien por cien de las ganancias al desarrollo de proyectos sociales ubicados en distintos lugares del país. En esta primera etapa, comercializan agua mineralizada baja en sodio y el objetivo que se proponen, se traduce en proveer acceso a este recurso, a quienes más lo necesitan. En resumen, y tal como la define  Manuel Romero, co-fundador y actual Director General de la entidad, se trata de «tender un puente entre aquellas personas que tienen una necesidad y aquellos que quieren contribuir».

La elección del foco de acción inicial no es al azar. Según los datos que proporcionan desde Gracias, la situación es crítica tanto a nivel nacional como internacional. En el mundo 1.300 millones de personas son pobres y carecen de acceso a agua potable, alimentos suficientes o electricidad. Además, tres de cada diez personas en el planeta, no pueden disponer de agua segura y cada 90 segundos, un chico muere por enfermedades relacionadas con esta problemática, lo que representa la segunda causa de muerte infantil a nivel global. El panorama no es más alentador puertas adentro de Argentina. Al respecto, informan que «la pobreza alcanza al 51,7% de los niños y adolescentes. De ese porcentaje, el 27,2% tiene necesidades básicas insatisfechas. 7 millones de personas, es decir, el 17% de la población, no tiene acceso a agua segura».

En la búsqueda

Romero, cuenta que la idea de crear esta organización -con sus particulares características- nació de una motivación personal y fruto del desafío interno de búsqueda y transformación que sentía. Luego de una extensa carrera profesional en el sector privado y paralelamente llevando adelante una iniciativa solidaria con organizaciones civiles, se propuso que estos dos ámbitos se cruzaran. La manera para materializarlo la halló en un viaje que lo llevó por países como la India u otros en África, donde se desarrolló como voluntario y ejecutivo en algunas entidades. «Recorrí diferentes lugares, diferentes comunidades y una de las disyuntivas que tenía, era encontrar un modelo en donde pueda conectar estos dos mundos y pueda unificarlos. Ahí fue que conocí este modelo de negocio, que me llevó casi un año y medio poder desarrollar e implementar en nuestro país» explica Romero.

Pero ese recorrido no fue fácil y tampoco lo sigue siendo hoy en una coyuntura económica adversa. «En un mundo de consumo masivo, agresivo y complicado» como lo describe Romero, las principales dificultades a las que se enfrentan los emprendimientos tienen que ver inicialmente con la búsqueda de fondos, continuado por aspectos vinculados a la estructura, logística y el modo que encuentran para hacer escalable su proyecto y expandirse. «Fueron muchos obstáculos desde la concepción a la realidad actual. Se atraviesan un montón de desafíos. Haber traído estructura desde el mundo corporativo para lanzar una startup desde cero, nos ayudó a transitar mucho mejor preparados el camino que conlleva seguir creciendo» relata.

Empresas con propósito

Gracias no está sola en este nuevo paradigma que está redefine el sentido de éxito en la economía. Como ella, otros emprendimientos se conforman como empresas sociales. ¿Cuáles son sus características? Se trata de una nueva genética organizacional en la que el propósito se encuentra en el centro del modelo de negocio. Las empresas pueden tener rentabilidad y al mismo tiempo hacer cosas buenas por el planeta y las personas. Esto quiere decir, que ya no es necesario escoger entre uno u otro. Según explican desde Sistema B, entidad que nuclea y certifica a nivel mundial a este tipo de organizaciones, «su objetivo es combinar el negocio con aportes sociales y el cuidado del hábitat en el ámbito en el que se desarrolla».

Ciertos fenómenos como el cambio en las expectativas de los ciudadanos, consolidan este escenario y así lo están viviendo desde Gracias. «Lo que más nos sorprendió es la comercialización del producto en el área corporativa y lo rápido que se entendió el modelo de negocio. Lo bueno es que no sólo las empresas, sino también los consumidores, entienden que hay alternativas más responsables. Y eso es lo interesante, poder ofrecerles productos diferenciales a través de los cuales su aporte va directamente al impacto social» dice Romero y agrega: «Además siendo Argentina uno de los países mas solidarios del mundo, sabía que estaba apto para recibir una propuesta así, y creo que no nos equivocamos».

Los proyectos que llevan adelante lo hacen en alianza con dos ONGs especializadas en la temática del agua. Hasta el momento, instalaron un módulo sanitario con implementación de filtro de Agua en el Barrio los Hornos de Moreno, en la provincia de Buenos Aires y se encuentran en desarrollo otros dos más. Uno de ellos se va a concretar en el Centro Comunitario Morillo de Salta a principios de agosto, alcanzando a doscientas personas. El otro, culminará a fines de septiembre en la Escuela Agraria «Tomás Amadeo» Nº 1, ubicada en Bolívar, Provincia Buenos Aires. Debido al alto nivel de arsénico que contiene el agua corriente en esa zona, actualmente se provee de agua a los 140 alumnos mediante la compra semanal de bidones. Con el filtro que les proveerán, se espera reducir el impacto económico para la entidad, como así también las complicaciones logísticas que su manejo implica.

La mejor empresa para el mundo
Las compañías tienen el potencial de abrir caminos de transformación y ser parte de la construcción de una nueva conciencia social, con mejoras en la calidad de vida, un menor impacto sobre el clima y el planeta, todo ello en el marco de un crecimiento económico compartido. En ese sentido avanzan las denominadas Empresas B. Sistema B informa que, hasta mediados del 2018, había más de 2.650 de estas entidades certificadas en el mundo. Su expansión y consolidación fue bastante rápida si se tiene en cuenta que fueron creadas en Estados Unidos en el año 2007. En Argentina, este número alcanza a 98. No obstante, para poder explotar el potencial de este ecosistema a nivel local -según algunos referentes- todavía es necesario desarrollar otros aspectos. «Desde el lado del Estado, las normativas, asuntos impositivos, estamos bastante retrasados» menciona Manuel Romero, co-fundador de la empresa social Gracias. «Lamentablemente todavía no se pudo sancionar la Ley de Sociedades BIC (Beneficio e Interés Colectivo), en nuestro país. Debiera suceder de inmediato para acompañar este cambio» reflexiona. El proyecto de Ley que menciona, cuenta con media sanción por parte de la Cámara de Diputados y su objetivo principal es identificar, reconocer y potenciar las empresas de triple impacto. De aprobarse, el Estado y el mercado comenzarían a identificarlas como tal. En este sentido, la norma no crea un nuevo tipo societario, sino un régimen jurídico aplicable a cualquier tipo de sociedad actual o futura y no otorga beneficios impositivos.
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