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Mocha Celis: la lucha por la igualdad laboral en tiempos de retrocesos

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La inclusión laboral trans sigue siendo una deuda pendiente en Argentina. Aunque hubo avances históricos, la vulnerabilidad del colectivo persiste frente a la discriminación y los retrocesos en políticas públicas. Desde Mocha Celis, con más de una década de trayectoria, se impulsa la construcción de espacios laborales diversos y seguros que garanticen dignidad e igualdad de oportunidades.

La inclusión laboral trans se consolidó en los últimos años como un tema central dentro de la agenda de derechos en Argentina. La sanción de la Ley de Cupo Laboral Travesti-Trans marcó un hito histórico, pero hoy enfrenta un panorama complejo: recortes en el Estado, incumplimientos normativos, limitaciones presupuestarias y proyectos oficiales que buscan su derogación.

El acceso al empleo no se reduce a un ingreso económico; representa la posibilidad de construir una vida con dignidad. Para la mayoría de la población travesti-trans, ese derecho básico sigue siendo una deuda pendiente. Ante este escenario, las organizaciones sociales desempeñan un papel decisivo al abrir caminos hacia la igualdad.

Desde ese lugar, Gaba Benítez, coordinadora del Programa de Inclusión Laboral y Diversidad de la Asociación Civil Mocha Celis, reflexiona sobre los obstáculos y las oportunidades que atraviesa hoy el colectivo travesti-trans en relación al mundo del trabajo. “La Mocha Celis” -como la llaman- con más de una década de trayectoria, se dedica a generar espacios educativos, laborales y de participación social que promueven la igualdad de derechos.

La conversación mantenida con Alessandra Minnicelli para el programa “40 Minutos de RSE” (Canal 22web, jueves 22hs. y ResponsabilidadSocial.tv Jueves 22.30hs) recupera también la memoria de Marta “Mocha” Celis, cuyo nombre identifica a la organización en homenaje a su activismo y resistencia. Junto a referentes como Lohana Berkins y Diana Sacayán, su historia ilumina el recorrido colectivo de luchas que hizo posible las conquistas actuales y que hoy siguen siendo defendidas frente a nuevos desafíos.

 

¿Quién fue Marta “Mocha” Celis? 

Fue una travesti del norte de nuestro país, una compañera que ejerció el trabajo sexual en el barrio de Flores. En ese momento existían edictos policiales que habilitaban a las fuerzas de seguridad a detener a personas trans por ejercer la prostitución o por llevar ropa del sexo opuesto. Esto llevó a que muchas personas trans pasaran mucho tiempo encarceladas injustamente.

Cuenta la leyenda travesti que Mocha no sabía leer ni escribir y que en la cárcel, en comunidad con otras compañeras, le enseñaron para que pudiera defender sus derechos. En honor a ella, a su activismo y a esa forma comunitaria y colectiva de pensar la educación, llevamos su nombre.

Además, ella era compañera de Lohana Berkins, referente para todo nuestro movimiento de diversidades y madrina del bachillerato, el proyecto fundacional de nuestra asociación civil. De hecho, la Ley Nº 27.636 lleva no solo el nombre de Diana Sacayán, sino también el de Lohana Berkins, una referente para toda nuestra comunidad en la ampliación de derechos: no solo la Ley de cupo, sino también la Ley de Identidad de Género, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Campaña por el aborto legal.

 

Mencionan que las personas trans y no binarias viven un “círculo de discriminación”.  ¿Cómo es esa dinámica?

La población travesti-trans hace mucho tiempo viene siendo una de las comunidades más vulnerables. No solo hay un tema económico o de clase, sino también una discriminación por la identidad, por ser quienes son.

Hay diferentes barreras que hacen que -por ejemplo- el promedio de vida de las personas trans siga siendo de 40 años. Podemos hablar de exclusión temprana de los hogares, cuando las personas trans empiezan a expresar o modificar su género. También hay exclusión de las instituciones educativas, que muchas veces no están preparadas para recibir o acompañar a una infancia trans, como así también de padres y madres que excluyen o presionan para que esas infancias no compartan el aula con sus hijos e hijas.

Ojalá en algún momento no sea necesario un cupo ni escuelas para personas trans, y que todos los espacios puedan estar abiertos, tengan una perspectiva que incluya a todas las personas.

Más allá de que hoy tenemos una ley, para la comunidad travesti-trans la Ley de Identidad de Género, sancionada en 2012, fue un antes y un después. Las compañeras y compañeros nos cuentan que a partir de esa ley comienza su democracia, porque pueden pensarse como sujetas y sujetos de derecho, plenamente reconocidos por el Estado.

El no reconocimiento institucional hace que queden excluidas del sistema de salud y del acceso a un empleo formal. Esto empieza a modificarse a través de organizaciones de la sociedad civil o, en este caso, la ley de cupo laboral, que más allá de no haberse cumplido en su totalidad y de estar hoy atacada, marcó un antes y un después.

Es fundamental pensar cómo la violencia patriarcal y cisnormativa excluye a las diversidades del ámbito cultural. Esta sociedad está pensada en términos binarios, como si solo pudiera ser habitada por varones o mujeres según concepciones hegemónicas. La diversidad, y en particular las personas travesti-trans-no binarias, vienen a romper con ese binarismo y a enriquecer las posibilidades de habitar el mundo. 

Por eso también me gusta la palabra “oportunidades”: tenemos la oportunidad, como sociedad civil, empresas y gobiernos, de sumar y hablarles a todas las personas que viven en un territorio y no solo a un sector.

 

¿Cuáles son los ejes de trabajo del Programa de Inclusión Laboral y Diversidad?

La asociación civil tiene un abordaje territorial y comunitario que debe ser integral. Si las personas tienen hambre, no tienen un lugar donde vivir o un ingreso económico, es muy difícil que terminen el secundario.

Por eso fuimos creando diferentes programas que acompañan estas necesidades, brindando herramientas para que las personas generen autonomía y mejoren su calidad de vida. Ese es nuestro objetivo principal.

Además, busca generar un nexo entre las personas travesti-trans-no binarias que buscan empleo y las empresas u organizaciones estatales que necesitan sumar talento. También ofrecemos formaciones y brindamos herramientas para la comunidad (alfabetización digital, idiomas y otros) como así también a los equipos para que mejoren su cultura organizacional y construyan espacios laborales más diversos e inclusivos, que respeten otras formas de habitar el mundo.

Corrernos de la lógica individualista del “sálvese quien pueda” y volver a algo comunitario y colectivo, pensar en justicia social y mejores oportunidades para todas las personas, es fundamental para construir un futuro mejor.

Hoy tenemos una base de talento de 900 personas travesti-trans-no binarias en búsqueda de empleo formal. Nos importa que la persona ingrese y pueda sostener el empleo. La permanencia es fundamental para que los procesos en las empresas sean efectivos y para que las personas tengan la mejor experiencia y se sientan cómodas y acompañadas.

 

¿Qué crees que le falta a las empresas para convertirse en ese espacio seguro? 

Hay gran variedad de empresas y están en diferentes momentos en términos de cultura organizacional y procesos. La clave está en reflexionar sobre las barreras estructurales que tiene la comunidad.

Acompañamos a las empresas a identificar puestos accesibles para todas las personas y ver qué conocimientos son indispensables y cuáles se pueden obtener al interior de las empresas. 

En la Mocha estamos convencidas de que sumar talento travesti-trans y no binario tiene un impacto positivo en los equipos: son más innovadores, creativos, pueden interpretar mejor a quién le hablan las unidades de negocio.

El mayor desafío que tenemos es la capacidad de escucha de las empresas y qué tanto siguen nuestras recomendaciones. El año pasado hicimos 80 inserciones laborales en empresas privadas, lo que nos enorgullece porque demuestra que, con predisposición y trabajo, se puede lograr inclusión laboral.

Ojalá en algún momento no sea necesario un cupo ni escuelas para personas trans, y que todos los espacios puedan estar abiertos, tengan una perspectiva que incluya a todas las personas donde puedan estar seguras. Esa realidad hoy no existe. 

Existimos y vamos a seguir existiendo.

 

¿Qué acciones están tomando en este contexto tan hostil que atraviesa su colectivo? 

En estos dos años identificamos un retroceso: no se cumple el porcentaje establecido en la Ley de Cupo Trans y hubo desvinculaciones ilegales. Los cupos están protegidos, como el de discapacidad. 

Esto tiene una crueldad: personas que toda su vida ejercieron el trabajo sexual y por primera vez accedieron a derechos laborales, aunque con condiciones a veces críticas, al ser desvinculada, vuelven a la prostitución. Eso tiene un impacto muy negativo.

Nosotros acompañamos a las personas desvinculadas, pensando su reinserción en el empleo formal, porque no hay voluntad política de retomarlas. La lucha está siempre para defender derechos y hacer cumplir la ley y la Constitución.

 

¿Cuáles son los siguientes temas en agenda para la Asociación? 

Desde “La Mocha” seguimos atendiendo muy de cerca las demandas sociales que atraviesan no solo a nuestro colectivo sino a toda la sociedad. Estuvimos por la Ley de financiamiento universitario, por la emergencia económica pediátrica (Garrahan), por el Hospital Bonaparte: son espacios donde las diversidades también habitamos y defendemos, uniendo luchas.

En particular, el último decreto que pone en debate el acceso a la salud de infancias y adolescencias trans, planteando con desinformación que se las somete a operaciones o tratamientos hormonales. Desde siempre se habla con las adolescencias sobre valorar y respetar su cuerpo, acompañándolas en su expresión de género. Eso es fundamental para la salud mental. Hoy intentamos que ese decreto no avance en el Congreso.

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