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Entrevista con Roberto Valent

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El coordinador Residente de  Naciones Unidas en Argentina analiza los impactos de la pandemia del COVID-19 que tendrá en la Agenda 2030 de Desarrollo y el rol de las empresas en este nuevo contexto. 

Por Victoria Jasler

Las Naciones Unidas están presentes en Argentina desde 1948, y en ese periodo han acompañado a los ciudadanos en las crisis de toda índole que se debieron atravesar. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 que desvela hoy a todo el mundo, es una situación inédita, no solo por la emergencia sanitaria que representa, sino porque aun no se terminan de vislumbrar los efectos que tendrá en lo social y en lo económico.

En este diálogo exclusivo, Roberto Valent, Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Argentina, abre un paréntesis en sus tareas para explicar las acciones que se están llevando adelante desde el organismo a nivel global como así también en nuestro país. Pero más aun, se toma el tiempo para reflexionar sobre el contexto actual y ofrece algunas definiciones que nos ayudan a delinear las principales características de ese mundo -aun incierto- que nos espera al otro lado de la emergencia. 

En el nuevo escenario mundial, surgido como consecuencia de la pandemia del COVID-19 y al contrario de lo que algunos especialistas vienen señalando, Valent afirma que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible diseñada por Naciones Unidas, está más vigente que nunca. Así, este llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo, compuesto por los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no deja de ser la hoja de ruta para los gobiernos y organizaciones a escala global.

«Consideramos que esta emergencia reafirma la necesidad de impulsar de manera decidida, coordinada y efectiva la Agenda, porque es la que nos permite hacer frente a la pandemia» remarca. Además, en un contexto donde se empieza a revisar el vínculo entre Estado y mercado, Valent menciona el rol que se espera que cumplan las empresas conjuntamente con los gobiernos, para no caer en lo que él denominó como «La segunda pandemia»: el desempleo.

Si bien remarca el desfinanciamiento en los sistemas de salud -a nivel global- que hoy se ven reflejados en la profundización de los impactos negativos, destaca la labor llevada adelante en nuestro país. «Argentina ha dado verdaderamente el ejemplo a nivel regional y probablemente también a nivel global sobre como llevar adelante y enfrentar esta pandemia. El camino va a ser largo claramente», afirma.

¿Cuál es la función que está cumpliendo la Oficina de Naciones Unidas en Argentina frente a la pandemia del COVID-19?

La función de la oficina de Coordinación es la de asegurar la coherencia del trabajo conjunto de las veintidós agencias, fondos y programas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Argentina para el logro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible.

En el marco de la pandemia, casi todas las agencias tienen una responsabilidad normativa, pero también dictada por la contingencia, es decir, actualmente están apoyando las diversas aristas de la respuesta nacional frente al COVID-19. Así, trabajamos desde lo sustantivo a lo técnico, sobre la generación de evidencia y protocolos, brindamos apoyo institucional a los diversos ministerios y ofrecemos soporte para la compra de insumos.

El Secretario General de ONU, Antonio Guterres, ha lanzado un informe que describe el impacto socioeconómico de este virus y ha anunciado el lanzamiento del Fondo de Respuesta y Recuperación COVID-19, que ayudaría a financiar tres objetivos.

El primero de ellos, es lo referido a la emergencia en salud. Se planea asistir a los países en la instrumentación de planes de acción nacional, adquisición de equipo e insumos esenciales, al igual que en el pago de los salarios a los trabajadores de salud, en la proclamación de disposiciones de restricción de movimiento y contacto, y en la provisión de acceso universal a tratamiento de la enfermedad causada por el coronavirus y a la vacuna, cuando ésta esté disponible. No todos los países se lo pueden permitir y aquellos más pobres van a enfrentar esta problemática con muchos menos recursos que otros.

Otro aspecto del fondo, se focaliza en el impacto social y la respuesta económica para la recuperación. Todo lo relacionado al fortalecimiento de mecanismos de protección social mediante medidas inmediatas que pueden incluir la ampliación de transferencias de efectivo, de la seguridad alimentaria y de provisiones específicas para las mujeres y los niños.

La tercera arista, que es muy importante, consiste en ayudar a los países a lograr una recuperación con capacidades fortalecidas para el monitoreo y los servicios de salud. Esto es la reconstrucción de los servicios públicos y fortalecerlos, porque claramente el COVID-19 demuestra que este servicio público -conjuntamente a los de protección social- tuvieron que reactivarse y fortalecerse sobre la marcha. Se proyecta que este fondo debería recaudar unos mil millones de dólares para los primeros nueve meses y que serán revisados según evolucionen las necesidades.

Hablamos de los impactos multidimensionales de esta pandemia. Para la Argentina, ¿cuáles serían en orden de prioridad?

El fortalecimiento del sistema de salud es la prioridad principal mirando hacia adelante. No sólo se están fortaleciendo los hospitales, sino que se están construyendo nuevos, se están adquiriendo insumos y equipamientos, se están reactivando las capacidades industriales de producción de insumos, de protección personal.

Pero, otra gran prioridad es el fortalecimiento de los sistemas de protección social. Claramente hay que proteger y blindar a los seres humanos para sostener sus medios de vida. Se les pide quedarse aislados y aisladas, pero se les tiene que dar la posibilidad de comer. Continuar con el accionar económico y productivo es también fundamental. Los aislamientos van a funcionar hasta cierto punto, porque este virus no se va a resolver de un día para el otro y el país tiene que continuar funcionando. No hay una división neta entre salud y medios de vida.

La crisis económica y financiera mundial de 2008, dejó al descubierto el lado menos ético del sistema capitalista, reflejado en los escandalosos números de desigualdad, distribución de los ingresos, entre otros. ¿Considera que esta crisis es otro cimbronazo al sistema en que vivimos?

El Secretario General de ONU, en uno de sus discursos días atrás, dijo que no es una crisis financiera, ahora estamos hablando de algo mucho más profundo. Es una triple crisis: social, sanitaria y económica. Hoy por hoy, tenemos una crisis del sistema productivo. En una encuesta realizada por el Pacto Global en Argentina dirigida a 150 empresas, se determinó que 6 de cada 10, experimentan una suspensión -parcial o total- de sus actividades. Eso se está viendo a escala mundial. La encuesta mostró, además, que el 93% de los consultados están haciendo teletrabajo con sus empleados y empleadas; el 100% dijo que está tomando medidas por la pandemia, pero el 48% está alcanzada por el decreto del poder ejecutivo que les permite seguir operando. Claramente hay que afinar el lápiz con este 48%, que son las más pequeñas y tienen complicaciones para seguir operando ya que no tienen las reservas presupuestarias o el colchón financiero para poder sobrevivir a largo plazo.

¿Cuál es el rol que deben adoptar las empresas durante la pandemia y en el mundo post-virus?

Desde Naciones Unidas entendemos eso como la ecuación entre empresas y Derechos Humanos. Lo que ya están haciendo -y deben seguir haciendo- es fortalecer e impulsar un comportamiento responsable frente a los impactos de las medidas de contención de la pandemia, en consumidores, trabajadores y comunidad. Se que esto no es fácil, y es el Estado quien está desplegando una batería de medidas para apoyarlas en este contexto. Pero es clave, que éstas no especulen en relación a lo precios, particularmente de los insumos básicos, que no concreten más despidos, esto sería una doble pandemia. Se debe cooperar para la implementación de medidas de mitigación de los impactos en las empresas mismas.

¿Considera que cambiará de alguna manera el vínculo Estado – Mercado?

El Estado tiene un rol de protección de la población -y al mismo tiempo- de apoyo a las empresas, ya que tiene que crearles el contexto habilitante para que puedan progresar e incrementar sus recursos, para que sean capaces de sostener los empleos e impulsar un sistema económico productivo de calidad que permita que las arcas del Estado se puedan alimentar. Hay una interdependencia entre el Estado, la empresa, la sociedad, los trabajadores, los empleadores y esto lo vemos en la mecánica tripartita del OIT. Su director general, Guy Ryder, decía que estamos frente a una crisis económica y del mercado laboral. También dice que en tiempos como el que nos toca vivir, contamos con dos herramientas grandes para ayudar a mitigar los daños y restablecer la confianza del público. Uno es el diálogo social activo entre los trabajadores, empleadores y representantes y el otro, las normas internacionales del trabajo que proporcionan una base de probada eficiencia, para respuestas de políticas que se centran en la recuperación sostenible y equitativa. Entonces, estamos en un contexto donde la colaboración, la articulación de esfuerzos, la sinergia en vez del pleito, tienen que estar al orden del día. En Argentina es interesante ver como lo que se llama «Las grietas» se están derrumbando frente a la pandemia.

La Agenda 2030, fue lanzada por la ONU como una hoja de ruta para los gobiernos y organizaciones en torno a sus acciones para el desarrollo sostenible. A la luz de esta pandemia, ¿sigue vigente del modo en que está actualmente planteada?

Algunos analistas dicen que la emergencia por el COVID-19 está desplazando la Agenda de Desarrollo y a los Objetivo de Desarrollo Sostenible. En realidad, desde Naciones Unidas consideramos que esta situación reafirma la necesidad de impulsarla de manera decidida, coordinada y efectiva, porque es la que nos permite hacer frente a la pandemia, y no solo a ésta, sino a otras como la violencia en entornos familiares, los femicidios, etc. En el corazón de la Agenda se encuentran los mecanismos de fortalecimiento de los sistemas de salud, de protección social, del mundo del trabajo, del respeto de la biodiversidad.

El COVID-19 también nace de un sistema de aprovechamiento y utilización de la biodiversidad animal. Si hubiera otro tipo de comportamiento humano en la producción, en el consumo, en la utilización de los recursos naturales, de la tierra, -que también son parte de la agenda- no se hubiera llegado a esto. Por eso, los ODS se tienen que fortalecer. Eso ya es parte de la solución.

 ¿Cuál era el grado de cumplimiento de los ODS previo a la pandemia? ¿Se evalúa reconfigurar las metas previstas?

No. Las metas hay que ponerlas en el marco de las tres dimensiones: social, económica y medioambiental. Es una lástima que una pandemia haya logrado una reducción monumental de los gases de efecto invernadero. Los seres humanos no hemos sido capaces de respetar nuestro planeta, el ecosistema global. No es una decisión la de reducir el consumo de energía, de gasolina, la contaminación ambiental, los vehículos en las calles, es simplemente una consecuencia. No deberíamos tener una pandemia para reducir un 75 – 80% la criminalidad y la seguridad ciudadana a nivel global.

Hay un impacto positivo involuntario sobre las metas medioambientales y hay un fuerte impacto negativo en las metas sociales y económicas.  Tenemos claramente problemas relacionados con los sistemas fiscales que se están fragilizando porque los países tienen que utilizar los recursos de sus arcas y hay un problema relacionado con los sistemas de salud que, claramente, sufrieron una desfinanciación progresiva. En el periodo de menos de un mes, estamos haciendo el trabajo que deberíamos haber realizado en los 10 años. El Secretario General ha pedido a los líderes mundiales, articularse alrededor de un plan global que encare el COVID-19 desde una perspectiva multidimensional y eso se tiene que basar en la solidaridad internacional. No podemos cerrar nuestras fronteras nacionales, tenemos que ir más allá, porque vamos a ser exitosos en la medida que podamos ayudar lo mas pobres y vulnerables a nivel mundial, porque esta pandemia se desparrama y no tiene fronteras.

Y a nivel local ¿qué consejos se le puede dar a los municipios para continuar esa labor?

Estoy muy bien impresionado de las medidas que se han tomado desde las provincias, muy alineadas al nivel nacional. Se han activado recursos importantes para amortiguar los impactos socioeconómicos y se ha trabajado a nivel social para articular una respuesta socialmente responsable de parte la comunidad y la población y se están manteniendo bajo los niveles de contagio.

Hay un tema que probablemente hay que verlo desde el punto de vista global, pero a nivel nacional. Se dice que deberían cerrarse completamente las fronteras y permitir a las personas moverse un mínimo. Nosotros tememos argentinos y argentinas que estuvieron varados en la frontera entre Bolivia y Argentina recientemente, están en «tierra de nadie». Por eso, hay que evitar un impacto negativo desde la perspectiva de las garantías de los Derechos Humanos.

Cerrar las fronteras a nivel provincial completamente tampoco es aconsejable, y de hecho, hubo medidas para que se pudieran mantener los contactos y las rutas viales abiertas para los transportes comerciales que llevan medicamentos y comida. No hay que entrar en pánico en ese sentido. La gente no lo hace con mala intención, pero a veces, las consecuencias pueden ser negativas al interés nacional y global. Es ahí que la articulación de un plan de contingencia con medidas y responsabilidades claras a lo largo y ancho del país, es fundamental. A nivel nacional el gobierno, a través de la jefatura de Estado que está llevando el liderazgo de la respuesta al COVID-19, provee este tipo de lineamientos. Simplemente el consejo es mantener la sinergia y asegurar que todo lo que se esté haciendo esté coordinado y que se respeten e impulsen los derechos y libertades fundamentales de la gente.

¿Qué sucede en cuanto a los riesgos a nivel cultural que están apareciendo?

Sabemos que en algunos casos en varios países -e incluso en Argentina- hubo reacciones fuertes de parte de sistemas de seguridad con ciertos grupos de personas. Hay que hacer un trabajo para no caer en la estigmatización de grupos poblacionales. Asimismo, se están poniendo en juego también derechos de poblaciones migrantes, refugiadas que hay que respetar. Se está haciendo todo lo posible, pero a veces hay deficiencias que hay que subsanar. El tema es monitorear eso y asegurar que el accionar se lleve en el camino correcto.

En líneas generales y hasta el momento, ¿cuál es la evaluación que se hace sobre la repuesta argentina al COVID-19?

A nivel general la Argentina ha dado verdaderamente el ejemplo a nivel regional y probablemente también a nivel global sobre como llevar adelante y enfrentar esta pandemia. El camino va a ser largo claramente.  

¿Cuáles son las enseñanzas que nos dejó esta pandemia hasta ahora?

Yo pienso que hay una enseñanza fundamental que este COVID-19 ha dado a todos y todas a nivel global: estamos todos en un mismo barco y que somos interdependientes. El respeto de las tres dimensiones, la de derechos sociales y económicos y hacia el medio ambiente son fundamentales para la sobrevivencia y el impulso de la humanidad. Otro tema que hemos aprendido y seguimos aprendiendo, es que se requiere un nuevo modelo de desarrollo, mucho más sostenible, que respete el ambiente, que asegure que los patrones de producción y consumo sean sostenibles y que se pueda salvaguardar a las futuras generaciones. Esta es la gran lección aprendida. Yo pienso hay un «Antes COVID» y un «Después COVID», y ese después -desde mi punto de vista- a pesar de todo el daño que habrá causado, nosotros, como seres humanos habremos aprendido. Esa capacidad de pensar, reflexionar y aprender de las experiencias, es fundamental.


Entrevista realizada por: Victoria Jasler para la Revista Fonres 

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