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La difícil tarea de romper el círculo de la pobreza.

manuel lozano
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Entrevista a Manuel Lozano, creador de la Fundación SI.

Siete años después de su última entrevista para Revista Fonres, Manuel Lozano, creador y presidente de la Fundación Sí, realiza un balance de la situación actual, relata los grandes avances y logros que alcanzaron desde la ONG en este periodo de tiempo. Con su inagotable energía y carisma,  en esta entrevista Lozano no deja dudas, de que cuando hay compromiso y responsabilidad, “transformar la realidad es posible”. 

La semilla de este proyecto se plantó, sin proponérselo, en 2009 cuando Manuel Lozano y un grupo de amigos comenzaron a hacer recorridas nocturnas, para entregar comida a personas en situación de calle.

El proyecto fue creciendo y, el 3 de junio de 2012 se materializó en una ONG, que se llamó Fundación Sí, que acaba de cumplir 10 años y ya cuenta con 49 sedes en todo el país. 

Desde entonces, Manuel Lozano, su presidente, y un incansable equipo de voluntarios, “convencidos de que transformar la realidad es posible”, no solo continuaron con su proyecto inicial de llevar alimento a quienes duermen en la calle, sino que -a fuerza de esperanza y trabajo- lograron inaugurar 21 residencias estudiantiles para que jóvenes de zonas rurales y bajos recursos, de todo el país, puedan cursar una carrera universitaria.

La convicción y el compromiso son, sin dudas, grandes motores de este proyecto que, como explica el propio Lozano en su libro “Otro Mundo”: “nació de un sueño, chiquito, acaso imperceptible, que luego se convirtió en una herramienta de creación colectiva. Sí es partir de lo positivo para mirar la realidad desde otra perspectiva y comprometerse a modificar esa realidad”. 

 

Siempre que hablas de cómo nació Fundación Sí, decís que empezó como algo chiquito ¿en qué momento te diste cuenta de que lo que estabas haciendo estaba tomando esta magnitud? 

Esta bueno ver que crece, porque aumenta la capacidad de respuesta, pero para mí sigue siendo una familia. Sin dudas, el sueño sería que las ONGs no fuéramos necesarias para el cumplimiento de objetivos que estén ligados a situaciones de pobreza extrema. 

Más allá de eso, independientemente del crecimiento, creo que mantenemos algo esencial y es que no se pierda el abordaje artesanal, ya que detrás de cada proyecto y en cada vínculo hay un ser humano igual a nosotros. 

-Estudiaste Derecho y te recibiste de abogado ¿te imaginabas que ibas a dedicarte a esto? ¿Qué planes tenías para vos?

¡Mi imaginación vuela! En ese sentido mi niño interior está intacto.  Pero no suelo planificar demasiado. Sí tengo la profunda convicción de que no podría hacer otra cosa, porque una vez que uno ve en profundidad la realidad y toma conciencia de que todos tenemos la capacidad de mejorarla, es imposible volver mirar para otro lado.

-¿Cómo definirías el trabajo que hacen desde la Fundación? 

Creo que si tuviera que definirlo en pocas palabras, diría que es un gran equipo de voluntarios generando proyectos, para involucrar más voluntarios y de esa forma poder generar mayores y mejores oportunidades, buscando la manera de acompañar a quienes no la están pasando bien. 

-En 2016 diste una entrevista para este mismo medio. Si tuvieras que hacer un balance ¿qué dirías que cambió desde entonces?

En el medio pasó una pandemia con todo lo que eso implica y la situación en el país se puso más jodida. Sin embargo, en 2016 teníamos tres residencias y hoy tenemos 21, que posibilitan que 822 jóvenes tengan la posibilidad de estudiar. Ese fue uno de los grandes desafíos que nos pusimos por delante, porque las residencias permiten que los jóvenes de las zonas más postergadas tengan la posibilidad de transformar su realidad, a través del estudio de una carrera que les permita insertarse en el mercado laboral. 

-La tarea que realizas diariamente te pone en contacto con realidades que se reflejan muy poco en los medios ¿qué es lo que más te preocupa de todo lo que ves? ¿Cuáles son las cosas de las que nadie habla?

Sin dudas lo que más me preocupa es la crisis en el sistema educativo. La falta de herramientas con la que los chicos egresan del secundario es realmente grave y, si bien se habla del tema, habría que hacer muchísimo más. Creo no hemos tomado verdadera consciencia de la gravedad del asunto.

Por otro lado, creo que hoy más que nunca, hay que ganarle al pesimismo y a la resignación, dos grandes enemigos, que si bien siempre estuvieron, se reforzaron durante la pandemia. Si desistimos, estamos fritos. Por eso es necesario que como la comunidad que somos -aunque muchas veces solemos comportarnos como si no lo fuéramos- estemos convencidos de que realmente tenemos la posibilidad de cambiar las cosas. Si el pesimismo avanza, la frustración gana. Esto puede sonar naif, pero es algo que se ve reflejado en el padre de familia desempleado que tiene juntar ganas para levantarse y salir a buscar trabajo, en el empresario que duda si invertir o no en una nueva sucursal, y en el pibe que se plantea cual es el sentido de terminar el secundario. 

-La Fundación pasó por muchos gobiernos ¿cómo vivieron esas transiciones? ¿los afectan los cambios en las políticas públicas? ¿Reciben apoyo del Estado? ¿Trabajan juntos?

Vivimos y trabajamos en el país, por lo que claramente nos benefician o afectan los cambios en las políticas públicas, como a todos. Pero en la Fundación no recibimos fondos del Estado, por lo que en ese sentido no nos afecta. 

-¿Cómo definirías el rol de las organizaciones para combatir la pobreza y la desigualdad? ¿Te parece que llegan donde no llega el Estado? ¿Por qué?

Creo el rol de las organizaciones varía dependiendo del objeto de cada una. Pero, sin dudas desde nuestro trabajo podemos influir, acompañar o complementarnos, directa o indirectamente, con el trabajo llevado adelante por los organismos públicos.  Creo que esto es indispensable, porque todos somos necesarios. 

Por darte un ejemplo, los estudiantes de nuestras residencias viven con nosotros y allí tienen cubierto el hospedaje, los alimentos y el material de estudio, pero concurren a la universidad pública que es financiada por el Estado, o una persona que viviendo en la calle, y acompañamos desde la Fundación, cuando comienza a tratar su problema de salud acude al hospital público. 

A su vez, creo que las organizaciones tenemos la posibilidad, en lo micro, de hacer un acompañamiento más personalizado, que el Estado puede hacer desde lo macro, y ese acompañamiento es clave. 

-¿Cómo se quiebra el círculo de la pobreza?

Apostando fuertemente a la educación y al trabajo.  Son las dos grandes herramientas transformadoras. Y cuidando a las nuevas generaciones y siendo responsables con ellos. 

-Para para poder realizar esta actividad hace falta una cuota importante de esperanza y confianza ¿qué te da esperanza?

La gente con la que día a día comparto mi vida y mi actividad en la Fundación. La persona que conocemos en la calle y hace un esfuerzo enorme por sanar su historia y volver a ponerse de pie. El voluntario que después de trabajar todo el día le dedica su tiempo libre a la Fundación, inclusive cuando las cosas no son fáciles. El estudiante de la residencia que se esmera por aprobar y recibirse. Todas esas cosas me llenan de esperanza. La vida está llena de cosas para ser optimista. ¡Está en nosotros decidir que mirar!

-También soles hablar sobre la posibilidad/necesidad de cambiar la realidad ¿cómo se cambia la realidad?

¡Involucrándose! Esa es la forma que por lo menos yo conozco y experimento. Siendo conscientes de nuestra responsabilidad y actuando en consecuencia y, sobre todo, extendiendo el compromiso en el tiempo. La realidad se cambia con proyectos a largo plazo, que logren sostenerse y adecuarse a un mundo en constante cambio. 

Y, particularmente en nuestro país, agregaría la necesidad de escucharnos. Si no logramos escucharnos difícilmente podamos modificar algo, lo mismo si continuamos viéndonos como enemigos, difícilmente salgamos adelante. 

-¿Cuál es el próximo proyecto que se viene? ¿Qué es lo que te gustaría hacer si tuvieras todos los recursos a disposición?

Actualmente tenemos dos grandes desafíos en mente. Por un lado, la idea es poder seguir abriendo residencias para que cada vez más jóvenes puedan acceder a continuar sus estudios.  Y por otro, hemos abierto recorridas nocturnas en otros barrios y estamos buscando sumar más voluntarios para poder mejorar y extender el acompañamiento.

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