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Desafíos y oportunidades futuras de la IA

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Se estima que en 2025 la IA alcanzará un valor de mercado superior a los u$s300.000 millones y sus beneficios en muchas áreas son indiscutibles. ¿Pero cómo impacta la tecnología en la sociedad y la cultura?

El 2023 es, sin dudas, el año en que la Inteligencia Artificial (IA) llegó al público masivo, de la mano de ChatGPT, cuando OpenAI hizo pública y gratuita su plataforma, y por otras aplicaciones que permiten generar fotos y videos, con un celular o una computadora.

Sin embargo, la tecnología no es nueva. Desde hace tiempo interactuamos con la IA a través de chatbots, sistemas de geolocalización, asistentes de voz y algoritmos que guían nuestras elecciones en redes sociales y plataformas de streaming, y los expertos vaticinan que atravesamos un fenómeno similar al de la primera revolución industrial.

Aunque de momento solo vemos la punta del iceberg, se espera que el año que viene haya una explosión total de la IA en términos de las más diversas herramientas y como fenómeno cultural.

Esto demanda un debate urgente, que de momento solo se ha dado en relación al mundo del trabajo que incluya también su impacto a nivel social y cultural.

El impacto de la IA en la cultura 

Un informe realizado por el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs indica que la inteligencia artificial “generativa” podría poner en riesgo el trabajo de 300 millones de personas en el mercado laboral. Este nuevo escenario, es objeto de estudio y análisis de especialistas, pero todavía no se ha llegado a profundizar en la misma medida en su impacto en la sociedad y especialmente en el ámbito cultural.  

Ivan Meza, investigador Asociado IIMAS-UNAM explica que, sobre todo con el surgimiento de la IA generativa (una nueva categoría que puede crear texto, imágenes, vídeo, audio o código nuevos) es cada vez más palpable el paso de la tecnología desde el ámbito de la teoría al de la práctica.

Este fenómeno es visible sobre todo en redes sociales a través de la tergiversación de imágenes para crear -por ejemplo- determinados mensajes sobre personas públicas, para construir un relato hegemónico sobre el cuerpo de las mujeres, o con la utilización de bots o trolls que manipulan la opinión pública. 

En ese sentido, Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google, advirtió que, durante las elecciones en Estados Unidos en 2024, se verá un incremento de la desinformación en la medida que las nuevas herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa sean más accesibles.

“Es una etapa diferente, donde es difícil confiar tanto en lo que leemos como en lo que vemos, porque la IA se está usando con fines comerciales o políticos para generar cosas nuevas y productos culturales muy interesantes, pero también pueden generar confusión. Aunque esta generación todavía no es autónoma, necesita de la asistencia humana para echarla a andar y, detrás de ese impacto que se busca generar en la sociedad, todavía están las personas u organizaciones”, explica Meza.

Para Joan Cwaik, autor y divulgador, especialista en tecnología y cultura, con el avance de la IA generativa la humanidad tuvo miedo de que la inteligencia dejara de ser patrimonio de los hommo sapiens, que siempre se distinguieron por su capacidad de razonamiento.

“Lo primero que tenemos que entender es que el mayor temor está asociado a una sensación generalizada en los seres humanos de que -de alguna forma- se están quedando con menos herramientas para poder diferenciarse de las máquinas. Después, por otro lado, aparecen nuevos límites a la hora de vincularnos con la tecnología, nuevas formas de trabajar, de relacionarnos. La gran pregunta es: ¿cuál es el límite con todas estas creaciones nuevas?”, explica Cwaik.

Por su parte, el filósofo y miembro de la Academia Nacional de Educación, Gabriel Zanotti, opina que la noción de IA se remonta al nacimiento de los sistemas de computación que aumentan la productividad del trabajo y liberan la inteligencia humana para tareas más creativas.

“El punto que a mí me preocupa es señalar que la IA no es inteligencia, y su impacto cultural tiene que ver con qué es lo que creemos que es un computador. Si consideramos que es inteligencia, entonces estamos reduciendo el término a una capacidad de cálculo, una idea muy enfatizada por el racionalismo y que generó que muchas áreas de nuestra cultura vinculadas con la interpretación, la creación, la reflexión de los mundos interiores y el sentido de la vida, sean invalidadas”, añade Zanotti.

El filósofo reconoce que existe un mito en torno a la IA que alimenta la idea de que las personas serán reemplazadas por máquinas, pero incluso antes de la aparición de ChatGPT había una tendencia cultural hacia la robotización de actividades esencialmente humanas.

“Está bien que algunas tareas que pueden ser realizadas por la máquina, las haga la máquina. El tema es que ciertas actividades humanas como la docencia, la justicia, la medicina y el derecho, se vieron invadidas por la creencia de que son funciones meramente algorítmicas. Puntualmente, en el ámbito de la educación, hay una idea de que equivale a emitir información, recibirla, copiarla, emitirla nuevamente y sacarse un 10”, explica Zanotti.

Y añade que hace décadas que la función docente se robotizó. “Ni hablar del docente que se pone frente al aula y habla como si no tuviera a nadie delante, es incapaz de dialogar o de ejercer el pensamiento crítico a partir de las preguntas de sus alumnos. Estos son ejemplos de lo que significarían la robotización de funciones esencialmente humanas, y es lo que produce pánico. La IA ha dejado al descubierto que la cultura se ha robotizado”.

¿Es la IA una amenaza para las personas?

Dejando al margen el miedo que genera la tecnología y el relato de ciencia ficción, la IA traerá múltiples beneficios como acelerar y facilitar el procesamiento de información, agilizar diagnósticos y tratamientos en el ámbito de la medicina, ayudar en la detección y prevención de fraudes, mejorar la experiencia de los usuarios tanto en la atención al cliente como en su interacción con plataformas de entretenimiento, entre otras cosas.

Sin embargo, Meza identifica como una de las principales amenazas que la tecnología se siga utilizando para ampliar brechas, por ejemplo, de riqueza. Es decir, que quede concentrada en pocas manos que tengan un dominio económico de estas técnicas y métodos.

“La brecha económica se va a ampliar. Esto ya lo hemos vivido, con las redes sociales, donde cierto grupo de empresas tienen control en cierta región del mundo y nosotros quedamos como meros consumidores. Depende en manos de quién caiga la herramienta”, explica.

En ese sentido, Meza suma que el control de la IA está localizado en el norte global y asociado al poder de cómputo de estas naciones, aunque también se están viendo esfuerzos notables que promueven la apertura de los modelos y la compartición de los códigos.

Cwaik insiste en la necesidad de no demonizar la tecnología y escapar a los extremos de fascinación y desengaño, para centrar el debate en quién tiene el control sobre la IA, desde una perspectiva geopolítica, cómo se utilizan los datos y de la transparencia de los algoritmos.

“Hoy ya sabemos que las grandes empresas tecnológicas tienen el control primario de las inteligencias artificiales más avanzadas, y esto plantea interrogantes sobre monopolios, sobre privacidad, sobre poder. Quizá habría que preguntarse si se están dando esos debates. Yo creo que sí, pero tenemos que recordar que la tecnología avanza mucho más rápido que las regulaciones y los debates éticos”, agrega Cwaik.

El impacto de la IA en el mundo del trabajo es una de las discusiones más viejas y encendidas, porque indefectiblemente transformará muchos de los roles tal como hoy los conocemos.

Sobre este tema Ian Taperman, cofundador y director de producto de Seeds, la startup que conecta profesionales freelance con empresas que buscan colaboradores, opina que con el auge de ChatGPT y las herramientas de IA, resuena el catastrófico interrogante sobre si esta tecnología efectivamente va a reemplazarnos en nuestros trabajos.

En ese sentido, señala que, si bien es cierto que la IA puede automatizar ciertas tareas y reemplazar puestos de trabajo específicos, también crea nuevas oportunidades y roles.

El desarrollo de habilidades complementarias a la IA, como las habilidades interpersonales, la creatividad, la resolución de problemas complejos y la toma de decisiones éticas, puede ayudar a los profesionales a destacarse y adaptarse a este nuevo entorno laboral.

“A mediano y largo plazo, lo más importante va a ser especializarse. Muchas veces, la IA no sabe cómo comportarse, porque no tiene la capacidad analítica de discernir entre lo que va a funcionar y lo que no. Por eso, es fundamental que haya personas que sepan analizar los datos que las IA recolectan y que sean expertos en manejar estas herramientas”, añade Taperman.

IA: desafíos para el futuro

Según los expertos, los tres desafíos que la IA plantea de cara al futuro son: la eliminación de sesgos y discriminaciones en los algoritmos, la privacidad y la seguridad de los datos, y la adaptación y creatividad humana para desarrollar nuevas habilidades que acompañen la evolución constante de la tecnología.

En ese sentido, Cwaik opina que la IA no va a reemplazar a las personas, sino que, las personas que manejen mejor esas herramientas van a ocupar el lugar de las que no lo hagan. Por eso será clave que la gente se capacite y aprenda sobre la tecnología, para potenciar sus capacidades.

En cuanto a los sesgos, advierte: “La IA no es algo divino que surge de una fuerza superior, sino que está creada por humanos que estamos llenos de sesgos, por eso es fundamental generar habilidades que permitan entender esto y detectarlo”.

Sobre este tema, Meza añade que es importante tener claro que estos sistemas cometen errores que pueden ser masivos y volverse contra una población, ya sea en forma de discriminación, desinformación o manipulación. “Por eso tenemos que tomar la interacción con estos sistemas con responsabilidad”.

Para Zanotti el desafío será recuperar la humanidad perdida en aquellos roles que han “robotizado” sus tareas cotidianas. Para eso, cada profesión es llamada a reconsiderarse y reconvertirse de ser necesario. 

“Entiendo que no hay incentivos. Que estamos en una sociedad subdesarrollada, agotados, pero eso no nos exime de redescubrirnos en esta nueva realidad. Los médicos, por ejemplo, se quejan de que los pacientes llegan al consultorio con información de Internet. Los pacientes dicen que los médicos los atienden de manera automatizada. Eso no es solo producto del cansancio y las dificultades económicas. El acceso a la información ha implicado una reevaluación de nuestras actitudes con respecto al conocimiento que no es un sinónimo de información, porque la capacidad de interpretar los datos es precisamente el conocimiento humano”, agrega Zanotti. 

Por último, Taperman, resume: “La tecnología avanza lo mejor es ser flexibles y adaptarse a los nuevos cambios. Es necesario entender para qué sirven estas inteligencias artificiales y para qué no, cuáles son sus limitaciones y sus virtudes”.

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