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ODS 7 y tecnología: La energía sostenible ¿Es posible?

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La revolución tecnológica vuelve posible, pero no garantiza acceso a los servicios de calidad y de manera igualitaria. 

La energía es fundamental para la mayoría de las actividades en el mundo de hoy. Eso es indiscutible.  Sin embargo, lo que sí entra en un terreno más controvertido es la contaminación que se puede generar o evitar a partir de esos consumos. 

Sobre este aspecto se enfoca el Objetivo de Desarrollo Nº7, de la Agenda para el Desarrollo 2030 diseñada por Naciones Unidas y que propone «Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos». De la mano de la tecnología, gobiernos, empresas y sociedad civil, se unen para alcanzarlo. 

Si bien existen datos alentadores, de que la energía se está volviendo más sostenible y ampliamente disponible, sigue siendo un elemento que marca las desigualdades existentes entre los países más desarrollados y quienes tienen menos recursos. 

A modo de ejemplo de los diferentes de grado de avance y progreso que se da entre regiones, según datos proporcionados por Sustainable Energy for All (SEforALL), 789 millones de personas (principalmente en el África subsahariana) viven sin acceso a la electricidad, y cientos de millones de personas más solo tienen acceso a una electricidad muy limitada o poco fiable. 

La energía es fundamental para la mayoría de las actividades en el mundo de hoy. Por eso, es crucial desarrollar un entorno donde sea posible aumentar la eficiencia energética sin dejar a nadie atrás.

Por otro, la Unión Europea ha propuesto como uno de sus ejes del plan de recuperación económica post pandemia la implementación del Pacto Verde que consiste en la inversión en áreas tales como edificación verde, energía renovable, conservación, transporte verde e investigación y desarrollo como uno de los principales motores de la economía y creación de empleos. El Pacto Verde Europeo tiene el fin de garantizar que todo sea utilizado en su máximo potencial y de esta manera las inversiones públicas deberán acatar el juramento de “no hacer daño”.

Más allá de las políticas, las mejoras en eficiencia energética como elemento fundamental de la transición energética, requieren de estrategias de innovación en toda la cadena del sector, y uno de los instrumentos clave en este contexto es el grado de acceso y la utilización de la tecnología. 

La digitalización, acelerada vertiginosamente en los últimos años es una aliada para obtener y analizar datos que permitan medir el impacto medioambiental y de este modo, brindar mayor información para la toma de decisiones. 

En ese marco, la generación y uso de datos (Big Data) está teniendo un rol protagónico. Si bien con la llegada de la pandemia, su uso se popularizó más aún porque permitió predecir las curvas epidémicas y salvar vidas, también evidenció su potencial para tomar decisiones en ámbitos como el ambiental.  

Recientemente el BBVA lanzó One View, agregador inteligente que calcula el tamaño de la huella de carbono de las organizaciones a partir de los movimientos que se producen en sus cuentas relacionados con los gastos de electricidad, gas o combustible. Luego, convierte los gastos en energía en toneladas dióxido de carbono emitidas a la atmósfera. Una vez calculada su huella de carbono, la herramienta muestra su evolución mensual junto con la de gastos energéticos asociados, con lo que las empresas pueden hacer fácilmente un seguimiento de ambos.

Iniciativas como la de BBVA, van marcando punta en la carrera para cumplir con las metas climáticas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, además de reducir costos y ampliar la capacidad de decisión para frenar el calentamiento global. Como valor agregado, acceder a esta información refleja beneficios a largo plazo como estar preparados ante posibles normativas o impuestos relacionados con la sostenibilidad que surjan en los próximos años. 

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