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ODS 10: Reducir la desigualdad en y entre los países

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 Un mundo con menos desigualdad es posible. Una vía para lograrlo es un acceso a la tecnología más equitativo e inclusivo.

Reducir las desigualdades y garantizar que nadie se queda atrás forma parte integral de la consecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo, y así lo plantea el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 10.  

La desigualdad no es una problemática que se lleva la atención dentro de los países, sino que, a escala internacional las diferencias entre ellos es un continuo motivo de preocupación. A pesar de la existencia de algunos indicios positivos en ciertas dimensiones, la desigualdad aún continúa.

A más de un año de comenzada la pandemia de COVID-19 las inequidades existentes se intensificaron y afectaron más que a nadie a los países más pobres y vulnerables. Así salieron a la luz las desigualdades económicas y las frágiles redes de seguridad social que hacen que las comunidades vulnerables de los países más relegados tengan que sufrir las consecuencias de la crisis.

Ya no caben dudas que la pandemia está dejando drásticas consecuencias, para lo cual serán necesarias varias décadas para revertirlas.  En el plano económico, ha aumentado significativamente el desempleo mundial y ha recortado drásticamente los ingresos de los trabajadores. También se está poniendo en riesgo los escuetos avances que se han conseguido en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres durante las últimas décadas. Las desigualdades también están aumentando para las poblaciones vulnerables en países con sistemas sanitarios más deficientes y en países que se enfrentan a crisis humanitarias existentes. Los refugiados y los migrantes, así como los pueblos indígenas, los ancianos, las personas con discapacidad y los niños se encuentran especialmente en riesgo de ser excluidos.

Acortar las brechas con tecnología

Durante 2020, salieron a la luz grandes desigualdades en cada uno de los países como así también entre ellos, pero una de las más destacadas fue el acceso y uso de las tecnologías. 

Para reducir estas brechas digitales, es importante establecer políticas que sientan las bases para una economía y una sociedad digital inclusiva. Para aprovechar los dividendos digitales existentes se necesitarán políticas actualizadas y marcos reguladores en varias áreas, como la innovación, la financiación, la conectividad, los mercados de trabajo, la competencia y la gobernanza del desarrollo y uso de tecnologías. Esto requiere una acción inmediata no solo por parte de cada uno de los países, sino también de la comunidad internacional para apoyar a los países en desarrollo, especialmente a los menos adelantados, a adoptar avances tecnológicos de vanguardia. 

Se requiere una acción inmediata no solo por parte de cada uno de los países, sino también de la comunidad internacional para apoyar a los países en desarrollo, especialmente a los menos adelantados, a adoptar avances tecnológicos de vanguardia.

Desde Naciones Unidas, explican que “para crear sistemas de innovación eficaces se necesita desarrollar capacidades y conexiones entre los actores clave, reforzar los marcos regulatorios y de políticas, construir sistemas institucionales y de gobernanza, apoyar los ecosistemas empresariales y facilitar el acceso al capital humano y financiero”. En este marco, las políticas de financiación deberían cubrir varios aspectos de la innovación, como la investigación, el diseño y desarrollo de productos, así como la adopción de nuevas tecnologías, servicios de extensión tecnológica y capacitación. La política de conectividad digital para ampliar la infraestructura digital requiere la coordinación entre varias partes interesadas: gobiernos, organizaciones internacionales, gobiernos locales, proveedores de servicios de comunicación, creadores de hardware y software, proveedores de servicios de contenido digital, la sociedad civil y los diversos grupos que supervisan protocolos y estándares para las redes digitales. 

Alcanzar el ODS 10, requiere implementar políticas que logren mitigar no sólo las consecuencias que nos está dejando la pandemia de COVID-19, sino todas aquellas que se arrastran desde décadas atrás. El acceso más inclusivo y equitativo a la tecnología es una vía de entrada a un futuro posible, un mundo menos desigual. 

Las políticas para mitigar las consecuencias negativas de la digitalización deberían incluir normas de tecnologías de la comunicación e información rápidas y flexibles capaces de salvaguardar y proteger a los consumidores y la infraestructura, sin obstaculizar la innovación ni la inversión en nuevas tecnologías digitales. Las políticas de datos y digitalización para proteger y optimizar el valor de la economía digital pueden abarcar aspectos como estrategias nacionales de datos, protecciones de los derechos de las personas, directrices de datos abiertos, normas para la interoperabilidad de funciones de datos y promoción de habilidades pertinentes para la economía de datos.

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