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Faltan ellas

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La presencia igualitaria de mujeres en sectores sindicales, lejos de haberse cumplido con la ley de cupos, sufre de una subrepresentación en los cargos de dirigencia. ¿Por qué siguen faltando ellas?

Por Olivia Sokol, Coordinadora del Area de Indicadores & Género de la Fundación Observatorio de Responsabilidad Socialindicadoresygenero

En un país con cada vez mayor desigualdad y el número de personas en situación de pobreza en aumento, las mujeres son unas de las principales afectadas. El 33,6% de los argentinos son pobres, lo que implica 13,6 millones de personas, según informó el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. En este marco, las trabajadoras argentinas experimentan una brecha salarial de género del 25% en relación a sus pares varones (OIT). A su vez, la tasa de desocupación es del 9,5% en las mujeres activas y de 7,3% entre los hombres (INDEC).

Es así que su situación y lo que ellas puedan lograr en torno a su autonomía económica, es decir, la capacidad de decidir, poder generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, se ve fuertemente afectada. A esta problemática se suma la sectorización laboral y falta de posibilidades de las mujeres por la reconocida brecha laboral de género, que incluye aspectos como el «Techo de cristal» y el «Piso pegajoso». Ahora bien, ¿qué ocurre con aquellos sectores en donde se ha establecido un cupo hace ya varios años?

Los cupos fueron mecanismos que permitieron igualar la participación de hombres y mujeres. En 1991 se sancionó la Ley 24.012 de cupo electoral femenino. Hoy superada, por la Ley 27.412 de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política. Pero ¿qué ocurre en otros sectores? Por ejemplo, en el caso del sector sindical, que tiene la pretendida tarea de defender los derechos laborales y salariales de todos y todas.

El caso del cupo sindical fue paradigmático. En el año 2002 se sancionó la Ley 25.674 que contemplaba el cupo en entidades de ese sector en la Argentina. Se trató de una propuesta de avanzada y estaba en consonancia con la norma jurídica 24.012, que había mostrado ser exitosa logrando la representación política de mujeres en esa década. La ley de cupo sindical buscaba que la representación femenina en los cargos electivos y representativos de estas asociaciones fuera de un mínimo del 30%. De esta manera, se estimaba ese número de mujeres en los cargos, siempre y cuando el número alcanzara ese porcentual sobre el total de los trabajadores sindicales. Esto implicó que las listas que se presentaran, incluyeran mujeres en esos porcentajes mínimos y en lugares que posibiliten su elección.

Ahora bien, actualmente son pocos los sindicatos que cumplen con ese porcentaje del cupo. Y en aquellos casos que sí lo hacen, tienen muy poca representación en la conducción. Las imágenes de los últimos paros son un fiel reflejo de esta falencia, donde las postales del día siguiente nos muestran a dirigentes hombres que históricamente han ejercido esos cargos.

En este sentido, cabe preguntarse sobre el rol del sindicato ante situaciones que son bastante corrientes, como diversas formas de desigualdades profesionales en torno a la maternidad. Por ejemplo, menos oportunidades de contratación y/o crecimiento al interior de las organizaciones ante la maternidad o directamente la imposibilidad de ser contratadas para un puesto debido al potencial de ser madres en lo sucesivo. Esto también se combina con la problemática de la doble jornada, que lleva a muchas mujeres a tener que recurrir a trabajos informales, cuando ya teniendo hijos debe dedicar gran cantidad de horas a la crianza y otras tareas de cuidado.

Entonces, nos encontramos ante una herramienta legal de avanzada que no logró la naturalización de la presencia femenina en la conducción. Y allí, los sindicatos de profesiones tradicionalmente masculinas no lograron romper el techo de cristal. Por ejemplo en el caso de Camioneros, o Ferroviarios que son además actividades de alto impacto económico. Más aún, según el informe “Mujeres en el mundo del trabajo”, del Ministerio de Trabajo de la Nación, publicado en el 2018, de 1148 cargos directivos sindicales sólo 80 están ocupados por mujeres.

Como respuesta a esta situación, surgió un programa de fortalecimiento de derechos llamado Juana Azurduy, mejor conocido como “Las Juanas Sindicalistas”. En él participan mujeres de todo el país y buscan concientizar en cuestiones de género a nivel sindical, pero también en barrios y universidades. Pertenecen a sindicatos como la Asociación del Personal no Docente de la Universidad de Buenos Aires (APUBA) y la Asociación de Trabajadores de Estado (ATE).

No obstante los esfuerzos, el sindicalismo necesita incorporar la perspectiva de género, ya que la ausencia de mujeres no se trata de desinterés por participar en actividades políticas, sino que otros factores como la doble jornada, resultan ser el verdadero impedimento. Sólo con esta mirada, se podrá comenzar a dar respuesta a problemáticas pendientes para las trabajadoras.

Por último, la aplicación real de los cupos en todos los estamentos, aún continua siendo un pendiente, y un reclamo, que además, abre la puerta a pensar en otras realidades desiguales como las que atraviesan sectores diversos, como aquellos que piden el cupo trans. Las acciones que se lleven a cabo entonces, para lograr la igualdad de participación actual, pueden convertirse en la punta de lanza para impulsar más fuertemente políticas activas hacia las mejoras laborales para todas las trabajadoras.

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