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Resiliencia: Recuperarse, Resurgir

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Un concepto que hoy resulta clave para las organizaciones. Estar preparadas para los cambios, las crisis y al final, salir fortalecidas de ellos.

Seguramente resulte más familiar el término «Resiliencia» aplicado en el plano de la psicología. Al hablar de personas, hace referencia a la capacidad que éstas tienen para recuperarse frente a la adversidad y seguir proyectando el futuro.

Pero no sólo las personas cuentan con este potencial. Si bien la definicion originaria proviene del campo de la física y se refiere “a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones”, esta idea se trasladó hacia otras áreas y hoy es más común oir hablar -entre otras- de resiliencia ecológica y climática, urbana y también de las organizaciones.

Así, por ejemplo, construir resiliencia en un ecosistema significa trabajar por la salud y la función de los hábitats, organismos y la vida que allí se desarrolla. En tanto, para las ciudades, hace referencia a sus posibilidades de superar -de la mejor manera- eventos como desastres naturales, incendios, terremotos e inundaciones y enfrentar otros problemas que pueden presentarse, como acceso al agua potable, transporte, infraestructura.

¿Pero qué significa que una organización sea resiliente? Tiene que ver con su capacidad para anticiparse, prepararse, responder y adaptarse a los cambios que se le aparecen en el camino. Esto quiere decir que, ya sea una empresa, una ONG, o cualquier otro tipo de entidad, no sólo estará apta para superar los malos tiempos y sobrevivir en el largo plazo, sino que también podrá salir fortalecida de ese periodo. Vale aclarar entonces, que no se trata de un punto de llegada, sino que la resiliencia es un proceso que se trabaja continuamente. De este modo, surge como una herramienta o guía que -como resultado- dará origen a organizaciones sólidas y estables.

Adaptarse a los cambios

La realidad -tanto de Argentina como de la región y a un nivel globalizado- está en constante transformación. Esta marcada volatilidad, que se observa en lo ecónmico, en lo social, en las nuevas legislaciones y en las orientaciones políticas, exige a las organizaciones contar con los mecanismos para poder anticiparse a situaciones que podrán afectar su accionar y a la vez, estar preparadas con herramientas y conocimientos acordes. La Resiliencia Organizacional (RO), en tanto, se convirtió en los últimos años en un imperativo estratégico, donde los líderes de cada entidad adquieren un rol protagónico. Ellos son los encargados de diseñar, planificar y poner en práctica los sistemas que aseguren atravesar exitosamente aquellos asuntos que afectan la productividad de sus empleados y solidez de la entidad. La idea que envuelve este escenario, consiste en dejar atrás un enfoque reactivo y pasar hacia uno asociado a la proactividad planificada.

Llegar a ser resilientes entonces, requiere adoptar habitos excelentes y mejores prácticas, tanto puertas adentras como a lo largo de la cadena de suministro. Estas multiples características determinan cómo se piensa una organización, sus margenes de tiempo, cómo debe ser dirigida, como será percibida, de qué manera cumple con las necesidades del cliente y como será la experiencia de trabajar en y con ella. Al asegurar de que su empresa por ejemplo, es resiliente, el líder tambien garantiza que es fiable y de confianza para sus empleados, clientes, proveedores, e investionistas.

La norma BS 65000, fue creada por BSI, una organización británica fundada en 1901 y ofrece una orientación sobre la Resiliencia Organizacional. Este documento brinda los fundamentos del concepto, explica cómo implementarlo gradualmente y proporciona directrices para lograr una mayor capacidad de adaptación institucional junto con los beneficios que esto conlleva. Allí, enumeran los tres elementos escenciales que componen la RO: Excelencia del producto, Fiabilidad del proceso y Conducta de las personas.

Los mismos autores de la BS65000, presentaron el Índice de Resiliencia Organizacional de 2018, que surge a partir de una encuesta realizada a 800 altos ejecutivos sobre 16 elementos básicos en cuatro categorías clave: liderazgo, personas, proceso y producto.

En base a ello, se hace un relevamiento sobre cómo se sienten con respecto a cada aspecto de su desempeño. El índice del año pasado concluyó que los líderes empresariales consideraban la reputación como algo fundamental, pero en muchos casos se arriesgaban a comprometer la propia reputación al centrarse demasiado en los desafíos a corto plazo.

Los resultados de este año indican que, aunque las empresas se siguen centrando en la reputación, al mismo tiempo están trasladando el enfoque desde los riesgos internos, como la gestión de recursos, hacia cambios externos, como los nuevos regímenes jurídicos y las nuevas tecnologías innovadoras. Esta última esfera -explican en el informe- responde a la incertidumbre tecnológica, alimentada por el aumento de la automatización y la inteligencia artificial, la cual plantea el desafío sobre cómo adaptar y reformar la fuerza de trabajo para que se produzca una buena asociación entre personas y máquinas. Las empresas de todos los sectores, no solo las empresas de tecnología, cada vez se basan más en los datos, lo que aumenta la amenaza de los ataques cibernéticos que suponen riesgos financieros y de reputación para las organizaciones.

Otro dato para destacar, es que -a diferencia del año anterior- se observó un aumento sobre la conciencia e importancia de la Resiliencia Organizacional por parte de los entrevistados y la Gestión Financiera resultó el elemento más importante y de mejor rendimiento. En el otro extremo y como elemento de menor rendimiento. El elemento que más ha mejorado respecto del año 2017, es la Gestión de Proveedores ya que las organizaciones han puesto mayor énfasis en los últimos 12 meses para obtener un mayor control de su cadena de suministro. En cuanto a los desafíos identificados, ocuparon el primer lugar los aspectos vinculados a la tenogolgía, la Gobernanza y la escasez de habilidades.

Una vez comprendida la importancia de consolidarse como organización resiliente y luego de haber comprendido los beneficios que esto conlleva, la siguiente incógnita es: ¿cómo trasladar esto a la gestión? La BS 65000 propone generar una combinación de estrategias, entre ellas, generar habilidades en toda la organización, desde la alta dirección hasta los niveles de operación. Esto permitirá reaccionar de manera controlada y efectiva ante situaciones de estrés o desastres imprevistos.

Sin dudas, estar preparados es clave. Para eso, indican que es necesario mejorar la capacidad de planificación y contar de antemano, con planes de gestión de crisis, de emergencia, de continuidad del negocio y atención de desastres. Y no solo eso, sino que practicar ejercicios de respuesta y de recuperación, puede potenciar los buenos resultados ante una crisis. Contar con acuerdos y contratos que contemplen cláusulas espciales que aludan a eventos adversos, es otro de los elementos a tener en cuenta. Pero no todo termina al finalizar la tormenta. Ese es un momento crucial, donde surgirán las nuevas estrategias resilientes. ¿Cómo? a partir de una evaluación y análisis situacional de las nuevas condiciones, identificando las nuevas oportunidades que puedan surgir.

Las ciudades tambien

La resiliencia tiene múltiples aplicaciones. Además de las organizaciones, las personas, un ecosistema, las ciudades tambien pueden trabajar este concepto y así lo están haciendo desde diferentes gobiernos y organismos de todo el mundo. Una ciudad resiliente es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, esperados o inesperados. De esta forma, están mejor preparadas para proteger y mejorar la vida de sus habitantes.

Según advierten de diversos organismos internacionales, el avance en este sentido no puede hacerse esperar: por primera vez en la historia, viven más personas en las ciudades que en las zonas rurales. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, 8 de cada 10 personas viven en urbes. Entre 1950 y 2014, la región se urbanizó a una tasa sin precedentes, aumentando del 50 al 80 por ciento, una cifra que se espera que alcance el 86 por ciento en el 2050. Así, mientras más personas llegan a las ciudades, más se incrementan los riesgos y las problemáticas asociadas.

De allí que los centros urbanos del mundo ya lo han incorporado a sus agendas de desarrollo. Una iniciativa que se destaca en este sentido, es «La red 100 Ciudades Resilientes» (100RC), promovida por la Fundación Rockefeller que colabora con los gobiernos para enfrentar los desafíos que se les presentan y les permite trabajar en conjunto para compartir mejores prácticas y aprender de las experiencias de otros. Buenos Aires, se unió a esta iniciativa en el año 2016 como así también a la Campaña Mundial “Desarrollando ciudades resilientes -¡Mi ciudad se está preparando!”, coordinada por Naciones Unidas.

 

 

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