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ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico

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El futuro del trabajo tal como lo conocemos hoy está en juego. La tecnología puede inclinar la balanza hacia un nuevo paradigma laboral. 

 

No quedan dudas de que la pandemia de COVID-19 representa el mayor desafío para la sociedad de las últimas décadas, no sólo por los efectos en la salud de de millones de personas, también está generando una crisis económica y de desempleo en todo el mundo 

Según se explica en el informe titulado “El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe” realizado en 2020 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en solo unos meses ya se han observado efectos negativos en todos los indicadores tradicionales: aumento del desempleo, caída de la participación laboral y del empleo, y reducción tanto de horas trabajadas como de ingresos. “Se estima que se podrían perder hasta 17 millones de empleos formales y el nivel de informalidad podría llegar al 62% en la región, lo que equivaldría a perder todos los avances logrados entre 2000 y 2013” aclaran.

Los efectos ya están a la vista. El 45% de los participantes en una encuesta realizada por internet a más de 200.000 personas en 17 países de América Latina y el Caribe afirma que al menos uno de los miembros de su hogar perdió su empleo durante la pandemia.  El 57% de los hogares con pequeñas empresas ha tenido que cerrarlas. De manera similar, las encuestas de hogares de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay indican que entre febrero y junio de 2020 se perdieron más de 29 millones de trabajos, según recoge el Observatorio Laboral del BID. De todos ellos, los jóvenes y trabajadores informales son los que más han perdido sus empleos.

En este contexto, donde la irrupción de un virus puso en evidencia las deficiencias que los sistemas económicos ya presentaban anteriormente para incluir a todos y todas, se inserta la Agenda 2030 para el Desarrollo. Esta hoja de ruta diseñada por Naciones Unidas, presenta 18 Objetivos de Desarrollo Sostenible donde el octavo de ellos hace referencia a una de las temáticas clave para poder alcanzar con el éxito los 17 restantes: el Trabajo decente y el crecimiento económico. 

La intersección 

La búsqueda de una mayor igualdad es crucial para el desarrollo sostenible que plantea la Agenda de Naciones Unidas y -en ese sentido- el acceso al mercado laboral es la llave que abre la puerta. Sin embargo, ya no es novedad que la tecnología es un factor determinante y hay basta evidencia que así lo demuestra. 

La adopción de tecnologías digitales para el trabajo puede contribuir a tener trabajadores mejor preparados, más resilientes y productivos. Pero, a su vez, el acceso desigual a ésta plantea el riesgo de que el acceso a los derechos y a los resultados del desarrollo también resulten desiguales. 

Para ello, será necesario trabajar para que la tecnología sea incluyente y que -por ejemplo- no incremente las brechas entre trabajadores altamente calificados que pueden teletrabajar y capacitarse en línea, y aquellos de baja calificación que carecen de habilidades y herramientas digitales básicas (acceso a internet, computador, teléfono inteligente, etcétera). 

Es por ello que los especialistas ya se están planteando cómo convertir el impulso que está dando el COVID-19 al uso de tecnologías en una oportunidad para hacer más inclusivo y productivo el mercado laboral. De este modo, buscan que la crisis se convierta en un impulso para generar las condiciones que se plantea el ODS 8 entre sus metas. La pandemia está cambiando tanto la manera de producir como de consumir bienes y servicios, por lo que es muy probable que estos efectos puedan ser permanentes y que distintas ocupaciones cambien radicalmente o, incluso, desaparezcan. La intersección entre empleo y tecnología es el único camino que guiará a una reconstrucción más equitativa, justa e inclusiva a todo nivel.

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