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Crisis climática

Crisis Climática
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Por: Marcelo Cabrol, María Soledad Bos, Diego Vapore. (*)

¿Cómo abordar las consecuencias sociales del cambio climático? Un conjunto de acciones fundamentales para fortalecer la capacidad de recuperación y resiliencia de la región.

En América Latina y el Caribe, el cambio climático impacta diariamente en la vida de millones de personas, amenazando su salud, trabajo, educación, oportunidades de crecimiento e incluso la permanencia en sus lugares de origen. Sus consecuencias socioeconómicas desconocen cada vez más de fronteras y nos demuestran que este problema nos involucra a todos. Estamos conectados por el problema, pero también por la capacidad de desarrollar soluciones para enfrentar la crisis climática.

A fin de limitar el aumento de la temperatura terrestre por debajo de los 2°C en las próximas décadas, todos podemos ser actores de cambio. Para reducir nuestro  impacto ambiental y abordar los efectos que el cambio climático produce en nuestras vidas, es esencial desarrollar el capital humano. Asimismo, es clave impulsar una agenda integral de cambio climático que incorpore a las personas. Tal como se señala en nuestra Visión 2025 “Reinvertir en las Américas”, promover una recuperación económica sostenible y aumentar la resiliencia en la región requiere invertir en las personas.

Debemos avanzar hacia un desarrollo social + verde

La transición a un desarrollo más verde abre nuevas oportunidades para la región. Herramientas como la digitalización, las transferencias monetarias e incentivos para la conservación de la biodiversidad contribuyen a gestionar sosteniblemente nuestro impacto en los ecosistemas, mejorar la calidad de vida de las poblaciones y aumentar la sostenibilidad y resiliencia.

Sin embargo, estas oportunidades, también plantean desafíos. Avanzar en el desarrollo de industrias más verdes implica, por ejemplo, reconvertir y redireccionar a los trabajadores hacia esas oportunidades, tal como lo conversamos en nuestro debate en el evento ”Una Región, Un Compromiso”, rumbo a la COP26.

Con el objetivo de alcanzar un desarrollo social más sostenible, resiliente e inclusivo articulamos 4 áreas de acción donde invertir en las personas juega un papel clave. 

Las consecuencias socioeconómicas del cambio climático desconocen cada vez más las fronteras y nos demuestran que este problema nos involucra a todos.

La primera de ellas tiene que ver con la “Preparación en trabajos verdes, habilidades y educación climática”. La transición hacia economías de cero emisiones netas implica mayor ocupación en industrias verdes y una caída en las industrias contaminantes. Si bien se estima que los impactos serán positivo con unos 15 millones de nuevos empleos netos para el año 2030, según un estudio conjunto con la Organización Internacional del Trabajo, para lograr que la transición sea justa será necesario: Desarrollar nuevas habilidades, brindando las capacidades y conocimientos para reconvertir la fuerza laboral existente; Acompañar a los trabajadores en una transición inclusiva hacia industrias de menores emisiones de carbono; Promover la educación para el cambio climático como herramienta para comprender y enfrentar sus efectos, que a su vez fomente comportamientos más responsables con el medio ambiente desde temprana edad.

El segundo punto, apunta hacia una “Adaptación y fortalecimiento de la infraestructura y servicios sociales”. El desarrollo de infraestructura verde y la transformación digital de los servicios sociales contribuyen a su eficiencia, resiliencia y continuidad frente a desastres naturales. Para ello es fundamental entre otras acciones: Planificar, construir y adaptar escuelas, centros de capacitación y hospitales bajo normas internacionales de sostenibilidad y eficiencia energética; Promover una cadena verde de suministros, tanto para medicamentos, transporte, equipamiento y proveedores que gestionen adecuadamente su impacto ambiental; Digitalizar los servicios sociales a través de la telemedicina, educación hibrida y el teletrabajo se traduce en una reducción en el transporte de servicios y menores emisiones.

Promover una recuperación económica sostenible y aumentar la resiliencia en la región requiere invertir en las personas.

Por otro lado, se busca dar “Protección y apoyo a poblaciones vulnerables”. La asistencia a las poblaciones vulnerables seguirá siendo una acción necesaria para disminuir la desigualdad y apoyar a su desarrollo mediante: Transferencias monetarias para compensar la implementación de políticas de reducción de emisiones (que afectan más a los más pobres); Sistemas de salud cada vez más preparados para afrontar el aumento de la prevalencia de enfermedades tropicales, mayores temperaturas, enfermedades asociadas a la mala calidad del aire y del agua, e inclusive la malnutrición provocada por las sequías; La atención de poblaciones vulnerables como los migrantes y desplazados por el cambio climático y asegurar su integración dentro de las comunidades receptoras.

Por ultimo, y como cuarto punto, la “Inclusión de las poblaciones y comunidades rurales”. Las poblaciones rurales indígenas y afrodescendientes se encuentran la primera línea frente al cambio climático. Estas no solo constituyen un sector vulnerable debido a su dependencia a los recursos naturales, sino también representan un capital único para la conservación de la biodiversidad mediante sus conocimientos y prácticas ancestrales. En el Amazonas, por ejemplo, las mujeres cumplen un rol fundamental en la adaptación y mitigación al cambio climático ya que tienden a tomar las decisiones sobre el uso de los recursos y las inversiones en su comunidad. Fortalecer estas prácticas y empoderar a estas poblaciones es clave para avanzar en la agenda de cambio climático.

Estas acciones son fundamentales para fortalecer la capacidad de recuperación y resiliencia de la región, y construir juntos un desarrollo social sostenible e inclusivo para mejorar las vidas de millones de personas.

Estas y otras acciones representan la articulación del desarrollo social con la agenda de cambio climático y son fundamentales para fortalecer la capacidad de recuperación y resiliencia de la región, y construir juntos un desarrollo social sostenible e inclusivo para mejorar las vidas de millones de personas.

 

*Articulo publicado originalmente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su blog: blogs.iadb.org/sostenibilidad 

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